Con el título de Televisa, un atentado contra la cultura, esta entrevista se publicó en el número 12 de la revista Variopinto

El 28 de mayo Tijuana se convertiría en la primera ciudad, no sólo de México, sino de toda América Latina en donde se produciría el apagón analógico. Sin embargo, y aunque sólo el 7% de la población se vería afectado por la medida, ya que no contaba con un decodificador para poder ver la señal digital, el “experimento” duró sólo unas horas. A media noche del mismo día, Televisa volvió a “prender” su señal analógica.
La diputada perredista y ex Subsecretaria de Comunicaciones y Transportes, Purificación Carpinteyro advirtió que la empresa que encabeza Emilio Azcárraga Jean estaba planeando una estrategia para demorar lo más posible el apagón, no sólo ahora, en Tijuana, sino en todo el resto del país, que está programado para ocurrir el 31 de diciembre de 2015.
Aunque en el mismo espacio informativo (Noticias MVS, con Carmen Aristegui), el vicepresidente de información de Televisa, Javier Tejado Dondé, negó las aseveraciones de Carpinteyro, sólo unos días después, el pleno de la Comisión Federal de Comunicaciones decidió, por unanimidad, que había que atender la solicitud de la Comisión de Radio y TV del IFE para posponer el apagón analógico en Tijuana hasta el 18 de julio.

En el mundo analógico sí le puedes cambiar de canal

212_ex
Fabrizio Mejía Madrid. Foto: Manuel Cerón

Fabrizio Meja Madrid, escritor y periodista, acaba de publicar Nación TV. La novela de Televisa (Grijalbo, 2013). Con toda la investigación que realizó para este libro, si alguien conoce los entretelones, las intenciones tácitas y las reglas del juego de la empresa más poderosa de televisión del mundo de habla hispana, es él.
La entrevista con Variopinto ocurre en el restaurante La Posta, en Coyoacán. Es una tarde calurosa de junio, y sentarse junto a una ventana abierta, por donde entra algo de aire, es un remanso para quien acaba de experimentar los 29 grados centígrados con que el sol de este lunes tortura a los capitalinos.
De espaldas a la ventana, casi a contraluz, Mejía Madrid responde que Televisa “metió la mano en Tijuana porque en realidad están asustados y no saben qué hacer”. Según el autor de Disparos en la oscuridad (Suma de Letras, 2011), los que manejan esta empresa saben “que el sistema analógico está condenado por tecnología, por la historia, por todo, y que ellos dependen de éste, del rating, de la celebridad instantánea, de la creación de estrellas, cosas que no van a tener en el mundo digital porque es un mundo mucho más abierto y hay más opciones, y ahí sí le puedes cambiar de canal”.
El escritor no se sorprende porque la influencia de esta empresa en el IFE haya logrado posponer, una vez más, el apagón analógico. Dice que “Ya los mecanismos de Televisa son demasiado obvios”. Y explica que la empresa no ha cambiado en 50 años, que sostiene el “mismo discurso del clasismo, el racismo, y el sexismo de fondo”.
La diferencia, sostiene Fabrizio Mejía, es que hoy, cuando hacen las mismas cosas que hacía El Tigre, se saben de inmediato, gracias a las redes sociales: “ahora es un escándalo que Hacienda les perdone 3 mil millones de pesos, y los chavos en Twitter inmediatamente ponen el hashtag: #HaciendaHazmeElParo”.
La reacción de Televisa ante el apagón analógico, continúa el autor de Salida de emergencia (Mondadori, 2007), fue tan inmediata porque se trata de una batalla que sabe perdida: “no tienen manera de repensar la televisora porque tendrían que cambiar desde el logotipo, desde el nombre. Ya no sólo a los conductores, sino que se tendrían que deshacer de la mitad de la empresa, y hasta del dueño”.
Aunque casi no ha hecho pausas en la conversación, Mejía Madrid respira un poco antes de decir que: “nos estamos despidiendo de la televisión”. Y según él, el tránsito a lo digital es inminente. A pesar de que el monopolio televisivo no esté de acuerdo.

¿Ficción o realidad?

Además de escritor y periodista, Fabrizio Mejía Madrid es un activista incansable. Aunque tiene casi 14 mil seguidores en su cuenta de Twitter, no se queda cómodamente en el activismo cibernético, sino que asiste a las marchas, escribe cartas de protesta, las vuelve públicas, las entrega en la mano. No le teme al debate, en el tono que sea necesario. Pero quizá tampoco quería ponerse una soga al cuello y esperar, sentado, a que los poderosos abogados de Televisa lo demandaran por quién sabe cuántas cosas… O quizá, simplemente, le apostó a la novela porque en este género es posible reconstruir los espacios vacíos con la imaginación, lo que no sucede en el reportaje o en la crónica.
Aunque es la primera pregunta que le hace Variopinto, Mejía Madrid se las arregla para no responderla, al menos no de manera directa:
“Empecé a investigar si había una historia de Televisa, y no había. De hecho, no la hay porque yo tampoco pretendo que mi libro lo sea, pero debió de haber existido desde hace muchos años una historia de la propia Televisa sobre Televisa”.
Con el sol a sus espaldas, Fabrizio continúa su relato. Dice que un día llegó a sus manos un ejemplar de un libro de fotografías de Gabriela Saavedra llamado Televisa presenta, que en el centro tenía una página desplegable en la que había cuatro personajes: Ernesto Alonso, Jacobo Zabludowsky, Chespirito y Chabelo. Así que, según lo cuenta, el cronista pensó: “si esos son los pilares de Televisa, o lo que Azcárraga Jean piensa que son los pilares de Televisa, pues yo quiero hacer una versión mía sobre esto”.
Nación TV. La novela de Televisa comienza el 12 de diciembre de 1996, cuando un grupo de estrellas de telenovela, conductores de noticieros y programas de variedades llega a la Basílica de Guadalupe para cantarle Las mañanitas a la Virgen y por supuesto transmitirlo vía satélite. Mientras este grupo llega en trailers acondicionados con todo lo necesario para no pasar la mínima incomodidad, los peregrinos duermen en el suelo, envueltos en cobijas sucias y viejas, después de caminar días enteros.
¿Ficción o no ficción? Por lo pronto, los personajes tienen nombres y apellidos que concuerdan con los seres de “carne y hueso”: Lucero, Raúl Velasco, Jacobo Zabludowsky, Emilio “El Tigre” Azcárraga Milmo.
Dice Mejía Madrid: ” Y entonces me acabé convirtiendo en una especie de narrador de lo que ellos no habían hecho. Claro, ésta es mi versión”.
Y así, a lo largo de casi 200 páginas, el lector se entera de que la “Pájara Peggy” de La carabina de Ambrosio vendía droga en los foros de Televisa junto con Paco Stanley y Víctor Iturbe “El Pirulí”. Que Chespirito le rendía tal veneración al dictador Augusto Pinochet que él y su novia eterna, Florinda Meza, viajaron a Chile poco después del golpe contra Salvador Allende para presentarle sus respetos. Que Valentín Pimpstein aceptaba hacerle casting sólo a mujeres jóvenes, rubias, blancas y delgadas, porque “para prietas, rucas, gordas y feas no necesitas prender la tele: sal a la calle y vas a ver miles”. Que el mismo productor no quería que las tramas de las telenovelas fueran complicadas, “conque las entienda mi sirvienta están bien”. Que cuando El Tigre murió sólo le había dejado un 10% de las acciones de la empresa a su único hijo varón, con el que casi no convivió, pero que éste se hizo del control total mediante una mentira a la bolsa de valores y un préstamo de Carlos Slim, con la benévola intervención de Carlos Salinas de Gortari.
“A mí lo que me interesaba”, continúa Fabrizio Mejía Madrid, “no era decir si me gustaba o no El chavo del 8. Mi versión es ¿qué relaciones tenía la televisora con el poder, los poderes ahora llamados fácticos: la Iglesia, el ejército, el narcotráfico, las dictaduras en América Latina, los jueces en Estados Unidos, los jueces aquí, los presidentes de la República, los gobernadores?”

Atentados contra la cultura

No sólo esto le interesaba a Fabrizio Mejía Madrid. Cita, medio en broma, a Alejandro Jodorowsky en una entrevista reciente que le hicieron en Francia: “A los Azcárraga habría que juzgarlos por crímenes contra la cultura”, y comienza a explicar cuáles son estos, según él. Y el primero es una distorsión del sentido del humor, de lo que debe provocar la risa:
“Se trata de montar un discurso de la prepotencia, donde el que tiene un poco de poder lo ejerce en contra, burlándose, de los que tienen menos. El humor en México proviene de burlarse de la muerte; hay casos realmente paradigmáticos como Tin Tán, Ibargüengoitia, de humor realmente mexicano. Pero ellos lo que toman como humor es la prepotencia: abusar de los demás, burlarse de la debilidad de los demás, de la raza, del sexo, de la discapacidad. Eliminaron la posibilidad de un humor que no fuera la prepotencia de las cachetadas de Chespirito o de las injurias de Paco Stanley, y luego se pasaron al albur, que es una forma de abuso. Porque quien no entiende es abusado”.
El segundo atentado de Televisa contra la cultura, según Fabrizio Mejía, es el sexismo: “Hoy en Foro TV sale un señor que va a presentar el programa y sale una chica de minifalda. A eso Televisa le llama neurona y hormona. Ese sexismo lo podemos ver en Brozo, está lleno de eso. Esa es otra de las huellas que dejó Televisa en la cultura mexicana: la idea, por ejemplo, de que las chicas, para realizarse, se tienen que casar. Después de 50 años de telenovelas eso es lo que te dejan: no hay realización posible si no hay una boda al final. Y la boda es el final, además. No hay vida después”.
El último es la censura informativa que la empresa ha ejercido desde sus inicios:
“Todo el aparato de Televisa que estaba vinculado al PRI, a la Secretaría de Gobernación, a los presidentes, hizo un bloque que no permitía una transición de otra manera, no solamente antes que la de Europa del Este, que era lo que nos competía por el sistema que teníamos, de partido único, sino que además va retrasando todo: ante cada cosa que parece un cambio en el país Televisa interviene. Anula, contrapesa y sirve como obstáculo”.

¿El fin?

A punto de terminar esta entrevista Fabrizio hace el recuento de episodios recientes que demuestran la influencia del monopolio en las altas esferas del poder: el de los “empleados” que manejaban camionetas con logotipos de la empresa cargadas de droga y dinero y que fueron detenidos en Nicaragua, pero en México se le dio carpetazo al asunto; el de los 3 mil millones de pesos que Hacienda le condonó, y por supuesto el de la presión para retrasar el apagón analógico en Tijuana. Aún así, el escritor es optimista. Dice que la era de Televisa está llegando a su fin, por eso eligió el negro para la portada de su novela:
“Creo que no hemos encontrado exactamente el límite del medio digital de internet. Viendo las experiencias de Túnez, Siria y Egipto, ahí hubo un uso de las redes al que no hemos llegado. Y creo que se puede, porque Egipto lo demostró: tiraron a un presidente. Somos el único país en el mundo que ha tenido 70 años de un sólo partido con “elecciones” cada seis años. Una extravagancia en el mundo. Un experimento de la historia. Pero creo que si supiéramos orientar el uso del internet como se hizo en estos países que mencionaba, podríamos lograr que Televisa se desmantelara”.

Anuncios