Jim Morrison: 45 años sin el Rey Lagarto (¿y sin Mr. Mojo Rising?)


Mr. Mojo Rising

En Nadie sale vivo de aquí, la biografía de Jim Morrison escrita por Jerry Hopkins y Danny Sugerman hay un pasaje que después Oliver Stone recreó en su película The Doors:
El pequeño Jim, sus padres y sus hermanos van en la carretera; de pronto, su coche pasa a un lado de un terrible accidente: un camión que transportaba a un grupo de indios se ha volcado, y por toda la cinta asfáltica hay hombres, mujeres y niños agonizando. En ese momento, decía Morrison, el alma de uno de ellos se apoderó de su cuerpo.
Así nació la leyenda de uno de los personajes con que los que el legendario cantante de The Doors sería conocido unos años después: Mr. Mojo Rising.
Pero quizá el personaje con el que más lo han identificado los amantes del rock es el Rey Lagarto, ya que a menudo terminaba sus conciertos con el grito de “I’m the Lizard King. I can do anything”.

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James Douglas Morrison Clarke nació el 8 de diciembre de 1943 en la ciudad de Melbourne, Florida, una de las tantas a las que la familia formada por el almirante George Stephen Morrison y el ama de casa Clara Clarke se mudó, dada la naturaleza del trabajo del militar.
De espíritu inquieto, amante de los libros y de los dibujos, rebelde desde temprana edad, Jim salió de casa de sus padres a los 19 años.
Sus pasos lo llevaron a la ciudad de Los Ángeles, en California, a la escuela de cine de UCLA, en donde conocería brevemente a Francis Ford Coppola, que después, a manera de homenaje a su inquieto compañero, usó la canción de The end en su película Apocalipsys Now.

Si bien Morrison no se volvió cineasta, durante el tiempo que pasó en UCLA descubrió la obra de William Blake, y la de los poetas beats Allen Ginsberg y Jack Kerouac, que luego tendrían gran influencia en las letras de sus canciones.
Pero el encuentro vital de esas tardes de principios de los sesenta en que Morrison merodeaba por Venice Beach fue con Ray Manzarek, tecladista, compositor y también poeta, con quien creó el grupo The Doors, “para cantar unas canciones y volvernos millonarios”, decía Jim.
Del Whisky a Go Go, un pequeño bar en Los Ángeles, a los centros de espectáculos más importantes de Estados Unidos, The Doors, encabezado por Morrison en la voz y las letras y Manzarek en los teclados, y completado con John Densmore y Robby Krieger en la batería y en la guitarra, respectivamente, alcanzó la fama y el ocaso en relativamente poco tiempo. De 1967 a 1971, hasta que el propio fuego de Morrison lo devoró.
Sus grandes éxitos, como Light my fire, Love two times, Roadhouse blues, Moonlight drive, LA Woman, The Crystal Ship, Peace frog y The end, se sucedían uno detrás del otro, mientras Morrison, en medio de un torbellino de drogas y alcohol, arrestado por cargos de obscenidad en público, con problemas con Pam Courson, su eterna novia, por la adicción de ella a la heroína, anhelaba cada vez más el silencio para escribir poesía.
Resultado de esta etapa es el disco An American Prayer, en donde Jim Morrison leyó sus poemas con fondos de ambientación, más que musicales. Fue el renacimiento de Mr. Mojo Rising, un poco antes de su muerte.
El 3 de julio de 1971, Pam encontró a Jim muerto en la tina de su departamento en París. Aunque hay una tumba con su nombre en el cementerio de Père Lachaise, la leyenda dice que sólo murió el Rey Lagarto, pero que Mr. Mojo Rising camina todavía por las calles de Los Ángeles, toma whisky en los bares de París, y sobre todo, escribe poesía.

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