Regina Orozco: me siento feliz


Con Regina

Esta entrevista de perfil se trasmitió en Noticias 22, algún día de septiembre de 2014. (Da click en el enlace para ver el reportaje).

Regina Orozco: si no hago cabaret me deprimo

La entrevista se lleva a cabo en su camerino, mientras Regina se prepara para su espectáculo Canciones para lavar los trastes. Montserrat Ruiz es la realizadora, y como siempre, su trabajo viste esta entrevista.
Con un vaso de whisky, Regina comienza en tono alegre:

“Nos encontramos en El vicio. Recuerden que estoy en El Vicio. Salud!”

Ella, la de los ojazos cafés y la risa escandalosa, la de las caderas grandes, como esas mujeres que pintaba Diego Rivera, hoy es feliz. Regina Orozco, cantante, actriz, productora, ejecutiva, mamá, un día dejó de querer siempre más y más, y empezó a vivir en paz… Bueno, dentro de lo que cabe, porque afortunadamente para sus seguidores, esta mujer no se sabe estar quieta.

“Esto del cabaret, la verdad es como… Donde me siento más a gusto, yo creo. Me siento feliz, yo creo que por tanto brillo.
Adoro estar aquí, adoro hacer reír y cantar, estremecer. Me sale. Entonces lo tengo que hacer y lo tengo que hacer bien, si no, me deprimo”.

Mientras su maquillista se ocupa de ponerle “brillitos” en los pómulos, Regina, la de la voz de reina, recuerda:

“Fíjate que nos cambiamos a Ciudad Satélite, yo tenía 6 años y nos fuimos a una iglesia donde había coros y donde hacían comedias musicales y todos los hermanos nos dedicamos a hacer comedias musicales de un cursilerío increíble, y que todavía disfruto también mucho, y este sacerdote, la iglesia la convirtió en teatro, y arriba hizo una capilla para dar las misas… Por eso a mí ese tipo de religión” (suelta una carcajada venturosa, y continúa)… “En ese tipo de dios sí creo”.

Luego, un poco más seria, repasa en la mente sus primeros años en este camino de ser artista:

“Estudié canto en el Conservatorio y luego también con una maestra polaca, y luego me fui a la escuela Julliard, a Nueva York, pero mi maestra era muy mala, entonces acabé con Armando Mora, un veracruzano, de Xalapa. Un barítono, tenor (que a veces le hace de tenor y a veces de barítono), y él me ayudó muchísimo para cantar ópera”.

No le gustó estar separada tanto tiempo de su hija, así que renunció al mundo de las giras y regresó a México para poner su propia compañía: “Y bueno, también hice ópera aquí, y a la vez también ya hice cabaret, entonces ya hago mis espectáculos y he estado también con mi hija mucho. Aunque viajo, pero me la llevo”.

Y aunque de vuelta en su país siguió haciendo ópera, pronto se vio en una disyuntiva:

“Como empecé a estudiar ópera y hacer cabaret a la vez, parte de mi conflicto de dedicarme nada más a la ópera era que este mundo también es una joya y poder cantar todos los estilos musicales que requiera el cabaret, “asegún” que historia quiero contar”.

Regina, la actriz, surgió del corazón de una generación estridente:

“Estudié en el CUT, Actuación. Estudié también en el Foro EON. A los 14 años me metí al INBA; a los 15 años estuve tres años y medio en el Foro EON, que era una escuelita chiquitita en la Condesa. Y estaba Hugo Argüelles, Sergio de Bustamante. Llegó un chico con el método de Strasberg que era como lo novedoso aquí en México, y de ahí salimos una generación un poco especial: Darío T. Pie, Astrid Haddad y yo”.

Pero pronto ocurriría un encuentro fundamental en su vida y en su carrera:

“Y luego estuve en el CUT, y encontré a Jesusa Rodríguez que estaba haciendo una obra musical que se llamaba Donna Giovanni. Entonces viajamos y viajamos cuatro años por Europa. Yo así de ¡guau! ¡Qué suertudota!, hice algo bien en otra vida. Y Jesusa también fue gran maestra de actuación. Me obligaba a hacer unas cosas tan extremistas en la actuación que fue una gran, gran maestra. Ella es como la gran maestra de todo lo que yo hago”.

Acostumbrados a la Regina Orozco que canta canciones populares y actúa en tono fársico en sus espectáculos de cabaret, fue todo un descubrimiento verla transformarse en Coral Fabre, la enfermera que es capaz de abandonar a sus hijos en un orfanato para seguir, en una viaje colmado de fraudes y asesinatos, al único hombre que la ha amado, así como es, gorda y todo, en Profundo carmesí, de Arturo Ripstein. De ahí, a colaborar con Omara Portuondo, la diva del Buenavista Social Club, y buscar cada día la felicidad, Regina ha ido paso a paso.

“La dirección de Arturo Ripstein fue…” (De pronto se le acaban las palabras; no sabe cómo expresar lo que pasa por sus recuerdos). “No ensayamos mucho pero tenía justo la frase precisa para hacerme llegar a unos estados emocionales impresionantes antes de cada toma”.

La diva del cabaret mexicano también ha cantado con la diva del Buenavista Social Club, Omara Portuondo. La combinación de voces y presencias es un privilegio para quien las ha podido ver:

“Hemos estado trabajando dos años, casi tres. Hemos dado algunos conciertos aquí en México, y ya por fin en enero se va a grabar el disco que se llama Pedazos del corazón. Y ha sido un trabajo de estos que dices, bueno, yo me espero. Yo tengo paciencia. La señora tiene muchísimo trabajo, muchísimo, y entonces para agendar, realmente uno se pone: “señora, cuando usted diga”. Entonces la paciencia la he tenido que aprender mucho con ella, pero bueno: no tener paciencia con ese monstruo del arte y de la música, ¡oye!”.

Con esa sonrisa traviesa y sus carcajadas que retumban en el pequeño y casi asfixiante camerino, Regina Orozco dice que no se considera rebelde.

“Fui muy rebelde de adolescente. Fui muy rebelde con mis padres; incluso a pesar mío. Yo quería rebelarme sea como fuera, nada más por ir en contra de ellos pero también había muchas cosas en contra de lo que yo quería. Porque así también los jóvenes hacemos… Hacen, y hacemos ¡todavía mi espíritu es joven! Pero hay veces que no tienes conciencia y va en contra de lo que quieres. Y ahora ya no me considero una persona rebelde. Más bien me aferro a mis principios, a lo que yo creo. Y no dejo que me influencien, para cambiar cosas sobre la injusticia o sobre el dolor humano, que yo abogo en contra de eso”.

La Megabizcocho, como le dicen los que la quieren, no sólo dedica sus días a cantar y a actuar. Ama el tiempo libre, pasear con sus perros y las redes sociales. Y por si fuera poco, ha sido activista en pro de diversas causas:

“En un principio estuve apoyando el derecho a la diversidad sexual, después también contra la violencia contra las mujeres, los derechos de la mujer, y ahora estoy también muy metida en todo lo de los animales”.

Y hoy, la mujer de los ojazos de luna, se reconoce feliz. Simple y llanamente.

“Realmente sí, me la paso muy bien. Creo que el no esperar mucho, él solucionar elegantemente las cosas en vez de sufrir y arreglar las cosas con dolor. Creo que él hacer las cosas con un poco más de amor me hace más feliz”.

Es momento de terminar la entrevista porque el show está a punto de comenzar. Unos minutos después, Regina despliega en el escenario su voz enorme y su presencia insólita. Deja muy claro por qué es la diva del cabaret en México.

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