¿Te acuerdas de la sirvienta del Dr. Jekyll?


Excepto la siguiente referencia (en la que el autor ni siquiera le puso un nombre propio), Mary Reilly no existe en la novela de Robert Louis Stevenson de 1886, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde:

Hacia las once, una camarera que vivía sola en una casa no muy lejos del río, había subido a su habitación para ir a la cama. A esa hora, aunque más tarde una cerrada niebla envolviese la ciudad, el cielo estaba aún despejado, y la calle a la que daba la ventana de la muchacha estaba muy iluminada por el plenilunio.

Hay que suponer que la muchacha tuviese inclinaciones románticas, ya que se sentó en el baúl, que tenía arrimado al alféizar, y se quedó allí soñando y mirando a la calle.

Nunca (como luego repitió entre lágrimas, al contar esa experiencia), nunca se había sentido tan en paz con todos ni mejor dispuesta con el mundo. Y he aquí que, mientras estaba sentada, vio a un anciano y distinguido señor de pelo blanco que subía por la calle, mientras otro señor más bien pequeño, y al que prestó poca atención al principio, venía por la parte opuesta. Cuando los dos llegaron al punto de cruzarse (y esto precisamente debajo de la ventana), el anciano se desvió hacia el otro y se acercó, inclinándose con gran cortesía. No tenía nada importante que decirle, por lo que parecía; probablemente, a juzgar por los gestos, quería sólo preguntar por la calle; pero la luna le iluminaba la cara mientras hablaba, y la camarera se encantó al verlo, por la benignidad y gentileza a la antigua que parecía despedir, no sin algo de estirado, como por una especie de bien fundada complacencia de sí.

Dirigiendo luego la atención al otro paseante, la muchacha se sorprendió al reconocer a un tal señor Hyde, que había visto una vez en casa de su amo y no le había gustado nada. Este tenía en la mano un bastón pesado, con el que jugaba, pero no respondía ni una palabra y parecía escuchar con impaciencia apenas contenida.

 

Y luego, de repente, estalló en un acceso de cólera, dando patadas en el suelo, blandiendo su bastón y comportándose (según la descripción de la camarera) absolutamente como un loco.

El anciano caballero dio un paso atrás, con aire de quien está muy extrañado y también bastante ofendido; a esto el señor Hyde se desató del todo y lo tiró al suelo de un bastonazo. Inmediatamente después con la furia de un mono, saltó sobre él pisoteándolo y descargando encima una lluvia de golpes, bajo los cuales se oía cómo se rompían los huesos y el cuerpo resollaba en la calle. La camarera se desvaneció por el horror de lo visto y de lo oído.

Sin embargo, el director Stephen Frears (Relaciones peligrosas, 1988; Philomena, 2013) se basó tanto en la clásica novela de Stevenson como en la de Valerie Martin: Mary Reilly, servidora del Dr. Jekyll (1990), para crear una película en la que el personaje principal quedara ad hoc al temperamento y a la imagen de la estrella de Hollywood Julia Roberts.

El resultado fue un filme oscuro (en todos los sentidos): El secreto de Mary Reilly (1995), en el que John Malkovich interpretó con maestría tanto al reprimido Dr. Henry Jekyll como al sensual y deshinibido Edward Hyde, mientras que Julia Roberts logró una actuación contenida de la mujer que se debate entre la fidelidad hacia su amo y el terror y al mismo tiempo la atracción que le provoca su extraño “asistente”.

¿La viste? Acá te dejamos el trailer para que la recuerdes.

 

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