Emiliano Monge: el coro del horror


Después de haber ganado el Premio Jaén de novela con El cielo árido, Emiliano Monge vuelve a este tono y atmósferas rulfianos en Las tierras arrasadas (Literatura Random House, 2015), su más reciente novela.

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Emiliano Monge. Foto: SinEmbargo
“La verdad es que El cielo árido y Las tierras arrasadas son evidentemente libros muy cercanos”. Afirma Monge, y detrás de los anteojos parece mirar hacia adentro, como buscando las palabras exactas. “Mis primeros dos libros tenían algo que los hacía ser como hermanitos, y creo que esta vez, estas dos novelas tienen eso mismo: un ciclo común, de hablar de un territorio común que es éste que me tiene tan interesado y tan obsesionado que es el territorio de la miseria en México y aquel donde la violencia es el gran escenario donde pasan las historias”.

Por su estilo literario y las atmósferas rurales, a Emiliano Monge se le ha comparado con Juan Rulfo. Pero el escritor, modesto, subraya que al autor de El llano en llamas lo que más le importaba eran los personajes, y por ello admiraba a José Guadalupe de Anda por encima de otros autores de la novela de la Revolución.

“Lo fundamental de todas esas literaturas, más allá de una característica estilística o lírica es que entendamos, o tratamos de entender, a los personajes. Y esto lo decía Rulfo de José Guadalupe de Anda (para Rulfo el gran novelista revolucionario ha sido de Anda, muy por encima de Azuela, de Martín Luis Guzmán, y de todos ellos, porque Guzmán decía esta frase famosa en Los de abajo: “la Revolución es un huracán y todos los revolucionarios son hojas que mueve el viento”). Y José Guadalupe de Anda es todo lo contrario: los personajes, los revolucionarios, el campesinado son potencias naturales desde dentro, decía.

En Las tierras arrasadas los personajes hablan en un lenguaje que recuerda al de los campesinos de Rulfo, pero que tiene mucho de invención y experimentación de Monge.

“Hay un trabajo con las voces individuales que no había hecho antes”, reconoce. “Y esto es por dos cosas, primero, y la principal es porque esto nació como obra de teatro. La novela está llena de coros, como griegos, precisamente porque creo que la única manera de tratar el holocausto del siglo XXI, o la única que yo tengo de tratarlo, es la tragedia”.

Como a las seis o a las siete nos sacaron otra vez afuera. Nos preguntaron si teníamos allá parientes, nos pidieron sus teléfonos para pedirles a ellos un dinero por nosotros. Uno no les quiso decir nada; lo rompieron con un palo pero no les dijo ni su nombre.

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Para crear estas voces, estas atmósferas, estos personajes, Emiliano Monge leyó miles de testimonios de migrantes secuestrados, pues los protagonistas de esta novela son una pareja de polleros que no tienen el mínimo escrúpulo cuando se trata de lucrar con los seres humanos que los han contratado para cruzar la frontera:

“Otro de los motivos por el que los testimonios son repetitivos y entran solamente como coros es que, después de leer miles de páginas de testimonios, la verdad es que lo que más impacta no es tanto el horror de lo que sucede una vez, sino que ese mismo horror sucede una, y otra, y otra vez”.

 

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