La palabra de Gabriela: Inshallah


Por Gabriela Pérez

Mi tango es hoy una milonga triste y oscura. Como cobarde ave de paso, dejé mi vuelo para anidar en tus brazos, cerré los ojos y comencé a soñar contigo; comenzábamos a bailar, me dejaba caer en tu pecho, olfateaba y degustaba la plata del rocío. Me tomabas la mano y me enseñabas a subir por las ramas a la punta de los árboles de estrellas. Sé desde hace mucho -porque el que sea lenta no me hace tonta- que el amor a la verdad es bello sin reservas. El camino a él es sin embargo muy difícil de alcanzar. En ese trayecto no estás tú, el río es sólo un río, los árboles son simples y es cada vez más extraña la voz en mi mente. Mostrar la verdad desnuda es menos bello, turba y desnuda a uno como lo hace una pasión.

Despierta otra vez estoy sola, sin saber a dónde ir o a quien contarle. Aferrándome a experiencias ajenas, a la hermosa propuesta, por ejemplo, de Coco a mi amiga Valesa: “enséñame a respirar Vale y yo te enseño a tocar el bandoneón”. Ella toca maravillosamente, pero no le sirve de mucho… Coco murió poco después por insuficiencia respiratoria, y para su hijo el tango fue entonces doloroso, se separó de Valesa y se llevó el bandoneón.

Yo tengo que volver a aprender a bailar tango, recordar respirar y encontrar cómo contar, ni siquiera es una historia, son decenas, anécdotas y personajes que en mi vida se enlazan sin dejar cabos sueltos… quisiera que en mi recuento pudiera verse más allá de mí, que se pudiera ver la realidad: el dolor, la guerra entre mis partes, la desesperanza… la esperanza también por supuesto, la felicidad y el amor. Me veo entonces perdida y contigo al lado, aprendiendo cada día, entendiendo que las vidas de todos son diferentes. Busco uno de los textos que me gustan para levantarme el ánimo, lo abro, leo, me lo apropio y lo transformo:

“…era una niña con la cabeza empotrada hacia abajo y tres cuartas partes del cuerpo dentro del retrete…Estaba hundido en él como el tapón de una botella en el cuello de la botella, y no lograbas entender a consecuencia de qué casualidad o coincidencia dinámica se había metido en él porque la tubería de desagüe era muy estrecha y el cuerpo de la niña no era muy pequeño… Tardaron mucho en sacarla. Pero lo consiguieron. Ferruccio la metió en un saco de plástico, se quitó la máscara, y vomitó con un grito. Vomitó y gritó unos minutos, como si junto con el disgusto quisiera escupir su desilusión: el dolor de descubrir que Beirut no le había servido ni siquiera para salvar una vida. Después recogió la pala, volvió a excavar y dijo: —Estoy muy, muy enfadado, desde hoy ya no creo en nada. Cristo no existe, la Virgen no existe, Dios nuestro Señor no existe, los santos no existen. Los hombres existen, pero sería mejor que no existieran. El año pasado escribí una redacción en la que decía que los hombres son superiores a los animales porque saben construir carreteras y puentes y casas y cúpulas y barcos y aeroplanos. Y además saben pintar la Capilla Sixtina, y escribir el Hamlet, y componer el Nabucco y trasplantar corazones, e ir a la Luna. Cosas todas que los animales no saben hacer. Pero dije tonterías. Porque, ¿¡¿para qué sirve ser tan listos si después se lanza a las niñas dentro de los retretes?!? No, yo no creo en los hombres. Y como soy uno dé ellos, desde hoy ya no creo ni siquiera en mí.”

Cambiará… estoy segura. Volveré a creer en nosotros, en mí, bailaré tango y respiraré profundo.

¿Vendrán tiempos mejores? Inshallah, Insha’Alla, In šāʾ Allāh, إن شاء الله.

Gaby
Gabriela Pérez
Elda Gabriela Pérez Aguirre nació en la Ciudad de México, el 6 de marzo de 1976. Estudió Química en la UNAM; por pasión, es profesora de ciencias, en el Instituto Escuela y autora de distintos libros de texto, de química y física para secundaria y bachillerado. Conformó parte del equipo de ciencias del Instituto Latinoamericano Comunicación Educativa, como autora de libros de texto y de guiones para Telesecundaria, fue editora de la revista Ciencias, de la UNAM. Participó en la Escuela Dinámica de Escritores de Mario Bellatin y ha conducido el programa Tripulación nocturna de Radio Efímera. Luego de colaborar con la editorial Taller Ditoria en el área de difusión y promoción, fue fundadora y editora de Auieo ediciones y de Los Libros del Sargento.
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