Una vida en Movimiento. Oliver Sacks


Por Laura Olmos

Oliver Sacks murió el 30 de agosto de 2015 a los 82 años, víctima de cáncer. El célebre neurólogo no nos dejó en la orfandad. Heredó su literatura y con ésta la descripción de miles de casos clínicos que observó, estudió y vivió a lo largo de su paso por la vida.

“En movimiento. Una vida” es una obra autobiográfica reveladora. Están plasmadas sus vivencias desde que era un joven intrépido que viajaba en moto por diversas ciudades de Estados Unidos, Canadá e Inglaterra, en un intento por reconocerse a sí mismo. Desde que su madre descubrió su homosexualidad y le dijo: ¡Ojalá no hubieras nacido! Aquella mente brillante sólo reflexionó: “todos somos hijos de nuestra educación, cultura y época… Mi madre nació en la década de 1890 y tuvo una educación ortodoxa. En la Inglaterra de 1950 el comportamiento homosexual no sólo era perversión sino delito”. También entendió que la esquizofrenia de su hermano Michel le provocaba a su madre una suerte de angustia, “quizá temía perder a otro hijo por causa de la homosexualidad”.

Con esa lucidez mental rodó por la vida sin rencor y puede que sí, con un poco de culpa. Esa todos la traemos. “Pronto comenzaré a moverme otra vez, y a lo mejor no pararé nunca”, se dijo entonces y cargó su maleta de tres cosas fundamentales: conocimiento médico, pasión por la poesía y la pluma que le recordaría en su vejez todas sus vivencias. También el amor por los suyos. Un recuerdo especial guardó siempre su tía Lennie, maestra de escuela que fundó y trabajó 40 años en la Escuela Judía al Aire Libre para niños delicados (asma, autismo, nerviosismo) en la década de 1920. La complicidad entre ambos cuando él tenía 27 y ella 77 se hizo más entrañable mientras él le enviaba cartas y manuscritos y Lennie lo retroalimentaba. “Que Len creyera en mí había sido importante desde mi infancia, pues yo pensaba que mis padres no tenían confianza en mí y mi autoestima era bastante frágil… ella había pensado que yo podía y debía ser escritor…” Aún cuando el doctor Friedman, quien suponía poseer la propiedad exclusiva del tema migraña, y de todos los que trabajaban en la clínica, lo despidió y le prohibió publicar el libro, Len sólo acertó a decir “no pierdas la fe en ti mismo”.

Cuatro son la obras que menciona con más ahínco a lo largo de todo el libro: Migraña, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Despertares y Con una sola pierna. Esta última, después del accidente que sufrió al toparse con un toro en una excursión solitaria en una montaña de Noruega. La obra tardó años en ser concluida. En sus escritos documentó las experiencias de pacientes con el uso de la droga L-Dopa; los casos del síndrome de Tourette; la enfermedad de Parkinson; la agnosia visual; el autismo, la sordera. El neurólogo, aficionado a la química y divulgador de la ciencia –y quien recibió el título de comendador de la Orden del Imperio Británico–, no estuvo exento de la enfermedad.

Como es frecuente en este siglo, un cáncer lo debilitó. Primero le quitó la vista: un melanoma en el ojo derecho fue disminuyendo su visión. Aún así, el buen Sacks confesó haberse sentido fascinado por los fenómenos visuales que ocurrían mientras su retina se consumía. Sincero, aceptó: “me da miedo quedarme ciego, pero me da más miedo morirme. De manera que llegué a una especie de trato con el melanoma: llévate el ojo si quieres, pero deja el resto en paz”. (Pablo Espinosa, La Jornada 2015).

Las radiaciones funcionaron, aunque lo dejaron ciego de un ojo. Nueve años después se enteró de una metástasis en el hígado y cerebro. Entonces escribió un artículo de despedida en The New York Times, expresando que había llegado el momento de enfrentarse a la muerte y que viviría sus últimos meses “en la forma más rica, productiva y profunda posible”. Así de fuerte e inspirador fue Sacks.

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Laura Olmos estudió Comunicación Social en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco. Es editora de la revista Ser Mayor y colaboradora de Crónicas de Asfalto. Ha publicado entrevistas, reportajes y crónicas. Ha sido coeditora gráfica en Reforma y México Hoy, y directora de arte en Gula y Catadores. En ocasiones despierta de mal humor y se le quita cuando su perra emite mugidos, con un calcetín en el hocico, mueve la cola y festeja verla vida un día más. Parafraseando a Oliver Sacks: “Es mejor una vida en movimiento que la inercia o el letargo, aún cuando lo primero le quite la serenidad a los que te rodean, sin saber que a ti te la da”.

 

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