Por Gabriela Pérez

Mi nuevo amigo, el doctor Gasca, me sigue pareciendo un poco molesto. Dice entender que después de un accidente automovilístico, de un segundo al otro, mi vida sea radicalmente distinta; lo entiende cualquiera, dice, si cae en cuenta de que el cerebro, a diferencia de otros órganos de nuestro cuerpo, apenas tiene la capacidad de rehabilitarse. Después de un grave accidente del sistema nervioso central, los pacientes quedan casi siempre, severamente discapacitados. Esa es la razón por la que empezó a ser necesario aumentar el número de neurocirujanos funcionales –quienes intentan mejorar las funciones neurológicas por diferentes técnicas quirúrgicas-, la estimulación cerebral profunda, por ejemplo, se hace con algo que te gusta Gabriela, se implanta un electrodo en lo profundo del cerebro para modular el circuito de las neuronas y así mejorar una función neurológica. Éste ha sido un gran avance en la forma de mejorar la vida de muchos pacientes, sin embargo, la neuro modelización, no es equivalente a reparar las neuronas, y el sueño de la neurología es reparar el cerebro.

Tu caso, es un ejemplo de lo mucho que se puede acercar uno a los sueños. Con un poco de ayuda, el cerebro puede auto repararse. La historia del estudio que te quiero contar, comenzó, como todo en tu vida, mucho antes de que tú llegaras… Cuando un paciente llega con un trauma grave se puede imaginar que el cerebro está inflamado, y aumenta la presión intracraneal, y para salvar su vida, es indispensable disminuir la presión intracraneal; algunas veces es necesario remover un trozo del cerebro inflamado. Hace 15 años un loca neurocirujana funcional, estudió con su colega, un biólogo, el trozo de cerebro removido de un paciente con trauma. Querían reproducir células de ese tejido, tarea por supuesto, nada sencilla; para ello debieron buscar los nutrientes y condiciones adecuadas, y, después de muchos intentos, lo consiguieron. Lo que observaron al microscopio fue particularmente asombroso: parecía el cultivo de una célula madre, y si recuerdas tus clases de biología, sabrás que las células madres son células inmaduras capaces de transformarse en cualquier parte de célula del cuerpo. El cerebro de un adulto tiene células madre, pero son muy raras y se encuentran, además en pequeñísimos nichos en las profundidades del cerebro. ¡Por eso fue sorprendente conseguir este tipo de células de una parte superficial de un cerebro inflamado en la mesa de operaciones!

 

Las células madre son muy activas, se dividen de forma continua y muy rápidamente y nunca mueren, son inmortales. Pero, las células madres del cerebro que observaron eran diferentes; se dividían muy despacio e incluso, después de unas semanas de cultivo, morían. La neurocirujana y el biólogo, estaban entonces frente a una nueva población de células madre, que se comportaban muy diferente… ¿de dónde venían? Pues fácil, de células corticales de doble cociente, ya sé que no tienes idea de lo que te hablo, imagina que son rojas y azules, son importantes porque cuando somos fetos ayudan a formar nuestro cerebro, ¿qué por qué siguen en nuestra cabeza? ¡ah! Pues eso quién sabe, lo que sí es cierto es que seguramente contribuyen a la reparación de nuestro cerebro en un trauma, porque las encontramos en altas concentraciones luego de una lesión, y de ahí provienen las células madre. ¿Qué pasaría si se reimplantan esas células en un cerebro sano y en un cerebro dañado? Lo probaron, no en humanos por fortuna, tuvieron la científica colaboración de simios. Al implantar las células en un cerebro sano, éstas desaparecían en pocas semanas, como si las extrajeran del cerebro y las células volvieran a casa, pero cómo el espacio está ya ocupado y no hay problemas, no hay necesidad de que estén todas ahí, así que desaparecen. En el segundo escenario, produjeron una lesión cerebral en donde implantaron exactamente el mismo tipo de células, pero en este caso, las células permanecieron y se transformaron en neuronas maduras. ¿Harían esas células que el mono se recuperara de una lesión? Adiestraron al mono para realizar pruebas de destreza con las manos y descubrieron que era, en muy poco tiempo, tan hábil como antes de la lesión, sí, las células madre habían reparado el cerebro lesionado.

Tu caso es diferente, Gabriela, no fueron médicos quienes te provocaron la lesión cerebral sino una camioneta atropellándote, no te implantaron células madre sino 8 coils de titanio y aunque tardaste un poco más de dos semanas en recuperar tus habilidades motrices y tu capacidad de trabajar; hay gran diferencia de ese tiempo en que los terapeutas te enseñaron de nuevo a gatear, caminar, comer y a hablar al día de hoy. A tres años y medio de distancia, de nuevo no paras, ni de moverte, ni de comer, ni de hablar. Por suerte tampoco se detiene el impulso que desde siempre te ayuda a superar los problemas.

El doctor Gasca dice que todos mis médicos tienen razón en estar impresionados con mi rápida recuperación; yo ya no estoy impresionada, estoy de nuevo enojada conmigo, después de todo lo que he pasado me di el lujo de olvidar por un tiempo que merezco, puedo y voy a ser feliz.

Con su permiso entonces; me voy a aspirar, trapear, lavar ropa, cambiar las sábanas de mi cama, estudiaré química, prepararé los documentos para participar en una convocatoria de la nueva Secretaría de Cultura, abrazaré y bailaré con mi gato y, por la noche tengo planeada una deliciosa cena para seguir celebrando mi cumpleaños.

Gaby
Gabriela Pérez
Elda Gabriela Pérez Aguirre nació en la Ciudad de México, el 6 de marzo de 1976. Estudió Química en la UNAM; por pasión, es profesora de ciencias, en el Instituto Escuela y autora de distintos libros de texto, de química y física para secundaria y bachillerado. Conformó parte del equipo de ciencias del Instituto Latinoamericano Comunicación Educativa, como autora de libros de texto y de guiones para Telesecundaria, fue editora de la revista Ciencias, de la UNAM. Participó en la Escuela Dinámica de Escritores de Mario Bellatin y ha conducido el programa Tripulación nocturna de Radio Efímera. Luego de colaborar con la editorial Taller Ditoria en el área de difusión y promoción, fue fundadora y editora de Auieo ediciones y de Los Libros del Sargento.
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