Los fantasmas de Vila-Matas


A los 67 años de edad el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances que entrega la Feria del Libro de Guadalajara, la más importante en español, encuentra a Enrique Vila-Matas en un momento en el que ya ha ganado muchos otros, quizá igual de prestigiosos, como el Herralde de Novela y el Rómulo Gallegos. Pero al recibir éste, el autor de Bartleby y compañía siente que encaja en la premisa del galardón: un reconocimiento “a quien hace un aporte significativo a la literatura de nuestros días”.

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Foto: Lisbeth Salas. FIL de Guadalajara

Así lo explica en entrevista:

“escribo en la necesidad de encontrar escrituras que nos interroguen desde la estricta contemporaneidad, y no se limiten a reproducir modelos que ya estaban periclitados hace cien años”.

Vila-Matas, cuya obra es un cruce constante entre la ficción y la no ficción, llega a México con la traducción al español de su libro más reciente bajo el brazo: Marienbad eléctrico (publicado originalmente en francés como Marienbad electrique por Christian Bourgois).
Para la edición en castellano no escogió a un monstruo editorial, como lo hizo en el 2009 cuando dejó Anagrama, después de 25 años y 16 libros editados, para publicar Dublinesca en Seix Barral (de Grupo Planeta). Ahora recorre el camino inverso: Marienbad sale a la venta bajo los sellos de la argentina Caja Negra y de la oaxaqueña Almadía, ambas editoriales independientes.

A contrapelo de lo que hizo hace seis años, hoy el escritor catalán está convencido de la necesidad de apoyar este tipo de proyectos: “¿Qué hace que haya tantos editores independientes en Latinoamérica, tantos editores que se enrolan en proyectos que no son ningún negocio? Ahogadas por un entorno donde manda la política comercial y a veces directamente antiliteraria de las editoriales transnacionales, esas casas editoriales sólo sobreviven, pero lo hacen porque están dirigidas por lectores de los de antes, de las épocas en las que no existía el best-seller global y los libros que se podían leer eran todos buenos. Para mí, es un placer inmenso colaborar con este tipo de editoriales, a las que la pasión por la literatura les lleva a jugársela continuamente”.

Como suele suceder con la obra de Enrique Vila-Matas, periodistas y críticos literarios no se ponen de acuerdo en cómo “catalogar” Marienbad eléctrico. Ensayo, es la etiqueta que con más frecuencia se le colgó cuando se publicó originalmente en francés. El texto luego acompañó a la exposición retrospectiva que el Centro Georges Pompidou, en París, le dedicó a la artista francesa Dominique González-Foerster. Pero la historia del germen de este libro la explica el propio autor de Dietario voluble:

“Este libro nació de un encargo de Dominique Bourgois, mi editora francesa, es decir, la idea vino de fuera de mí. No sé por qué, pero eso me gustó, me hizo sentirme menos oprimido que nunca. El libro cuenta una experiencia real que describo de forma muy cómoda cuando hago que la narración colinde con el ensayo y la ficción. Pero en ningún momento, al escribirlo, hice nada de un modo deliberado, sino que me dejé llevar. Decidí hablar de nuestra relación, del arte de la conversación y de nuestro intercambio de ideas sin inhibiciones. Y, poco a poco, fui descubriendo en qué se iba a convertir ese encargo de Dominique Bourgois. La verdad es que con Dominique Gonzalez-Foerster ha sido siempre todo muy estimulante. Ella pertenece a la generación de artistas franceses (Philippe Parreno, Pierre Huyghe…) que se negaron a replegarse en sí mismos y situaron su trabajo en una intersección de disciplinas y de intercambio de ideas con las demás artes”.

En este ir y venir de charlas de café, tertulias y excentricidades, Enrique Vila-Matas y Dominique González-Foerster se reconocen como dos artistas que traspasan fronteras de géneros, estilos y disciplinas. Y entre los fantasmas que surgen de estas conversaciones, Vila-Matas reconoce a dos figuras trascendentes para su propio proceso creativo: Rimbaud y García Lorca.

“Una vez Dominique Gonzalez-Foerster (DGF) me habló del hotel One, de Kabul, que fue fundado en 1971 y, como su propio nombre indica sólo tiene una habitación. Después, ella montó en el Palacio de Cristal de Madrid el Hotel Splendide, con una sola habitación y yo imaginé que allí iba a exponer a Rimbaud en persona, en vivo. En la Retrospectiva que DGF acaba de inaugurar en el Pompidou de París hay una habitación cerrada, la 19, invisible para todo el mundo, menos para mí, que tengo la única llave. Eso me recuerda que en 1978 anduve por Granada, y fui con Laura García Lorca, sobrina del poeta, y otros amigos a la casa de campo de la familia. Entonces, aún no era el museo García Lorca de ahora, sino simplemente una casa veraniega ya no habitada, y entramos con una simple llave que tenía Laura. Estaba todo como en los días en que Lorca vivió allí, el lugar del que salió detenido el poeta, camino de la muerte. Y no sé, juraría que el recuerdo de aquella llave de la familia me ha perseguido desde entonces”.

Una versión de esta entrevista se publicó en Gatopardo en diciembre de 2015. Si quieres leerla, acá está el link:

Los fantasmas de Vila-Matas

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