Bitácora de una lectora compulsiva: ¿Digital o impreso?


Por Magdalena Carreño

Según algunos sitios de Internet estoy rayando en la generación X, según otros soy Millennial… en general las etiquetas me dan igual, sólo ha sido mera curiosidad (ociosidad) sociológica, el caso es que nací en 1980 y, al menos, los primeros 15 años de mi vida no existía otra opción más que leer impresos.

Crecí con los dedos manchados de tinta al abrir un periódico, el aroma a nuevo de mis libros de texto, la adrenalina de ir puntualmente al puesto de revistas para ver si había llegado ya el último ejemplar de Archie (aprendí a leer con las tiras de Mafalda)…

Aventurarse a ir a una librería, perder horas en ella abriendo y cerrando títulos, sintiendo texturas, gramajes del papel, admirando las pastas duras esa fue mi niñez y mi adolescencia. De repente, la tecnología llegó a nuestras vidas y la forma de comunicarnos, de leernos cambio.

Es cierto, en esta época leemos mucho y tal vez escribimos más, ya no es frecuente una llamada en tu cumpleaños, podemos explayarnos en Facebook felicitando incluso a quienes no conocemos bien. No estoy en contra de esto, para nada, me encanta la idea de tener duda sobre un dato y teclear para encontrarlo rápidamente.

Sin embargo, existen muchas razones por las cuales sigo prefiriendo leer un libro o una revista a usar mi Tablet, la primera tiene que ver la impresión que me da no avanzar en la lectura cuando uso un dispositivo digital, paso y paso las páginas y no noto hacia donde voy.

La segunda razón, tal vez la más importante, necesito que mis otros sentidos despierten. Ya lo dije, sentir el papel, oler la tinta.

En estos momentos, retomé Diccionario jázaro, del escritor serbio Milorad Pavić, es realmente una aventura embarcarse por sus páginas pero sobre todo me recuerda que los libros en la forma tradicional que fueron concebidos guardan la marca de sus propias aventuras, algo que los dispositivos digitales no mantendrán.

Imaginemos que somos dueños de la primera edición de la Biblia, que pasó de mano en mano hasta llegar a nosotros, ¿en qué estado llegaría a nuestro tiempo? Imaginemos que tiene anotaciones de Johannes Gutenberg, ¿qué nos dirían de él? O bien, tal vez algunas páginas estén chamuscadas por algún incendio, ¿en dónde fue? ¿Quién rescató este ejemplar?

Una historia fuera de la historia de ese volumen. Sea como sea, es como pensar en el espíritu de muchas generaciones depositado en un solo libro.

Por otra parte, la tecnología cambia constantemente, al año resulta que el dispositivo digital que tienes ya es viejo y que a los dos años seguro ya será totalmente obsoleto. Claro puedes hacer anotaciones pero no se diferenciarán de otras que hagan tus amigos usando la misma tipografía. ¿Una ventaja? Es práctico guardar 10 mil libros en una única Tablet, increíble, el verdadero Aleph. Sin embargo, seamos honestos ¿vamos a leer esos 10 mil títulos de un jalón? No resulta demasiada tentación empezar uno, aburrirse y pasar a otro y así hasta la eternidad porque, seamos honestos, pasa lo mismo con la música. ¿Hace cuánto no escuchan un disco completo de principio a fin y dejaron de usar el random?

Antes de armar esta entrada hice una pequeña encuesta en Twitter (https://twitter.com/nuitaile/status/711381378911186944), la mayoría aún prefería el papel y la tinta. Creo que es un poco ingenuo de mi parte pensar esto como un alivio, al final no es la plataforma sino lo que nosotros hacemos con ella lo que marca su sentido.

Tampoco mentiré al decir que no prefiero leer las noticias en línea y enterarme rápidamente de lo que pasa en todo momento, además agradezco ya no llenarme de pilas diarias de papel y luego no saber qué hacer con estas. Las enciclopedias, los diccionarios de todo el mundo están a un clic de distancia. Hay impresos que prefiero consultar en línea, eso es cierto.

Voy a cerrar esto diciendo que, la única etiqueta que me gusta es la de lectora, que al final del día estamos en una época maravillosa en la que podemos decidir, sin importar nada más que nuestra decisión, el formato que queremos usar para leer, que aún, gracias universo, existen las librerías y que no está de más darnos una vuelta por ellas de vez en cuando, dejando de lado el celular o la Tablet, permitiendo que la propia aura del libro nos llame.

Al final, la gran lección de la lectura es que no hay verdad absoluta.

Elia

Magdalena Carreño es periodista, lectora compulsiva, apasionada de la música y las artes plásticas. Creo que la literatura es el mejor escape de la realidad y a la vez, la mejor forma de acercarse a ella.
@nuitaile
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