El gabinete de Bibiana: El relicario


Por Bibiana Camacho

¡Qué fastidio!, dile que no estoy. Cerró la puerta de su despacho y se puso a hacer cuentas, era lo único que lo tranquilizaba. Qué más quería este desgraciado, ya le compré varias cosas. Ese relicario ni siquiera tenía gran valor, pero le adelanté cien pesos, ahora seguro quiere más dinero. No soy beneficencia. Así pensaba don Abundio, el dueño de la tienda de antigüedades. Su amigo José había caído en desgracia desde hacía años y poco a poco le vendió su nada despreciable colección de porcelanas, cajas y ex votos.

En otros tiempos José fue su mejor cliente. Visitaba la tienda cada ocho días en busca de novedades. Don Abundio hasta le ofrecía unos traguitos de tequila. Platicaban o más bien José platicaba. Era un cirujano reconocido y un médico querido en el barrio. Nunca se casó y prácticamente vivía para coleccionar, comer bien y hacer tertulias con los amigos. Don Abundio le tenía gran estimación porque era uno de sus mejores clientes, casi no escuchaba lo que decía, aunque fingía atención mientras hacía cuentas del dinero que se embolsaba gracias a los magníficos negocios que hacía comprando barato y vendiendo carísimo.

Un día, José dejó de visitar la tienda. Meses después regresó, pero no para comprar sino para vender. Lucía avejentado, con los zapatos sucios y el traje deslucido. Las malas lenguas decían que habría cometido una negligencia médica y que se había quedado sin trabajo y sin licencia, de pura suerte no fue a parar a la cárcel.

–¿Cómo quinientos pesos don Abundio? No sea así, yo le pagué tres mil.

–Mira José tú eres mi amigo y lo sabes, pero el negocio es el negocio, figúrate tú que me tiento el corazón, ¡me voy a quedar en la ruina!

Cada vez era lo mismo. José se deshizo poco a poco de todos sus objetos más preciados y por más que rogaba, don Abundio permanecía impasible: negocios son negocios, decía.

Mientras José se mostraba más necesitado, don Abundio le pagaba cada vez menos. Este desarrapado, pensaba, al rato va a venir a pedir dinero así nomás.

José dejó de ir a la tienda. Y don Abundio se sintió satisfecho, no daba buena imagen que un vagabundo como José anduviera merodeando por ahí, fingiendo ser su amigo.

Sacó el relicario, lo último que le había comprado a José, y se dispuso a limpiarlo. No recordaba haberle vendido ese objeto. Era de plata fina y antigua, seguro podría obtener una fortuna por él. Lo abrió y de su interior se desprendió una vieja fotografía en sepia. La levantó emocionado, con esa foto el valor subiría todavía más. La depositó en el escritorio y limpió el relicario con cuidado hasta dejarlo reluciente, era en verdad una hermosa pieza. Luego tomó la foto para introducirla y de pronto sintió un fuerte mareo. No puede ser, esto no es cierto, pensó, al tiempo que miraba la fotografía a través de una lupa.

El bello rostro de una mujer con peinado alto y sonrisa amable era idéntico al de su madre. Abrió el segundo cajón a la derecha de su escritorio y sacó un álbum. Sí, era ella, incluso llevaba la misma ropa y los mismos aretes. Su madre, esa mujer que los abandonó cuando él era muy pequeño, porque no aguantó la tacañería y malos tratos de su padre. Creció criado por una sirvienta y desde muy joven se hizo cargo de la tienda bajo la mirada severa del padre. Pronto dejó de preguntar por el paradero de su progenitora, la respuesta del padre siempre era la misma: para mí y también para ti está muerta.

¿De dónde sacó José el relicario, la foto? ¿acaso conoció a su madre? De pronto cayó en la cuenta de que ambos tenían un cierto parecido físico, sólo que José es más joven, más alegre, más confiado, ¿o era?

Pero por qué no viene este desdichado, se preguntaba Abundio, dónde se habrá metido. Si le debo todavía doscientos pesos. Qué, no piensa cobrar.

Don Abundio preguntó por él, lo buscó por las calles que recordaba que José le había mencionado, lo esperó en la tienda; siempre con el relicario en el bolsillo. Pero José jamás regresó.

Bibiana
Bibiana Camacho

Bibiana Camacho. Editora de Producciones El Salario del Miedo. Co guionista de La otra aventura dirigido por el escritor Rafael Pérez Gay y transmitido por canal 40. Algunos de sus cuentos están incluidos antologías como Anuncios clasificados (Cal y arena, 2013) y Ciudad Fantasma I (Almadía, 2013), entre otros. Sus libros son: Tu ropa en mi armario (Jus, 2010), Tras las huellas de mi olvido (Almadía, 2010) y La sonámbula (Almadía, 2014). Prefiere tomarse fotos con locos y marginados porque la gente decente suele ser una mierda.

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