El gabinete de Bibiana: Como pelones de hospicio


El gabinete de Bibiana: Como pelones de hospicio

 

Por Bibiana Camacho

–¡A ver, ya! ¡Tragan como pelones de hospicio!

De inmediato se hizo el silencio. Había avena, chocolate y migajas de pan derramadas por toda la mesa.

–Chingao, no puede uno descuidarse…

Nos mirábamos con odio, nosotros, pero de a mentiras. Pasábamos todo el día juntos. Hacíamos maldades, llegábamos tarde, chamagosos y con las rodillas sangrando, pero muy divertidos, juntos, cómplices.

–Tú lavas, tú secas los trastes, tú limpias la mesa y tú recoges – sentenció mi padre y todos nos pusimos manos a la obra.

Todavía tuvimos el descaro de aventarnos migajas y untarnos mocos en las mangas de las piyamas.

–¡A dormir, carajo, y cuidadito y oiga el más mínimo ruido!

Eso ya era serio. Mi papá estaba enojado. Todos los días llegaba agotado de trabajar y como mi mamá se encargaba de que los abuelos tomaran sus medicinas y cenaran, no le quedaba más remedio que hacerse cargo de mi hermano, mis primos y yo.

–Y tú, por ser la más grade deberías ayudar, pero pones el desorden.

Me fui a la cama con culpa. Tampoco era tan grande, pero de mí se esperaba cierta responsabilidad, juicio, sosiego, algo. Y yo no podía, no sabía cómo o lo que se esperaba de mí exactamente.

Mi hermano, mis primos y yo dormíamos en el mismo cuarto. Pusimos la tele con volumen muy bajo y empezamos a ver una película de terror de media noche del canal 11. De inmediato todos cayeron dormidos. Me levanté a apagar la tele, no teníamos controles. Entonces escuché ruidos, voces, susurros.

–Cállate, vas a despertar a todo el mundo. –La voz de mi padre sonaba más irritada.

–Buuuuuu, buuuuu –alguien moqueaba incontrolable.

–Que te calles carajo, o te largas. – Mi padre nunca tuvo concesiones de ningún tipo con nadie. Cuando escuchábamos un particular tono de voz de su parte, todos nos cuadrábamos, no había posibilidad de discusión.

Mi hermano y mis primos roncaban y yo estuve largo rato escuchando cuchicheos, luego una ambulancia, después voces enérgicas. Al final el silencio otra vez, pero el olor a café y cigarro se filtraba a nuestra habitación.

Poco antes de que amaneciera, a esa hora donde todos están entre un mundo y el otro, me levanté. Abrí la puerta de la habitación y me encaminé por el pasillo. En el comedor, justo en el centro había un féretro, con un cirio en cada esquina. La sala estaba pelona, sin sillones, sin tapete, sin lámparas, sin los adornos de porcelana de la abuela. Con mucho miedo caminé lentamente hacia el féretro abierto. ¿Quién estaba ahí? ¿Por qué no nos habían despertado como cuando se murió mi tío?

Me puse de puntitas y me asomé. Pero no alcancé a ver nada, la voz de mi padre me sorprendió:

–¿Qué haces levantada, quién te llamó? La escuela empieza en unas horas y más vale que estés lista y que alistes a los otros.

Regresé corriendo a la habitación. Todos roncaban.

Minutos después, me tocó pararlos, meterlos a bañar. El ataúd seguía en la sala cuando fuimos al comedor para desayunar.

Nos servimos de todo, un festín, gracias al velorio: café, tamales, atole, tortas, leche, galletas, pastel. Mi mamá lucía cansada, pero nos preparó lunchs abundantes.

–Bueno ya, ¡carajo! Parecen pelones de hospicio. –Dijo mi papá mientras bebía una taza de café.

Fuimos a la escuela, pero cuando regresamos, el féretro había desaparecido. Los abuelos dormían en la habitación contigua y teníamos una hambre, como pelones de hospicio.

Bibiana
Bibiana Camacho
Bibiana Camacho. Editora de Producciones El Salario del Miedo. Co guionista de La otra aventura dirigido por el escritor Rafael Pérez Gay y transmitido por canal 40. Algunos de sus cuentos están incluidos antologías como Anuncios clasificados (Cal y arena, 2013) y Ciudad Fantasma I (Almadía, 2013), entre otros. Sus libros son: Tu ropa en mi armario (Jus, 2010), Tras las huellas de mi olvido (Almadía, 2010) y La sonámbula (Almadía, 2014). Prefiere tomarse fotos con locos y marginados porque la gente decente suele ser una mierda.
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