Kick Lannigan, ¿una nueva Lisbeth Salander?


Cuando pienso en Stieg Larsson, muerto de un infarto en 2004 antes de que su primera novela Los hombres que no amaban las mujeres (2005), se convirtiera en un best seller mundial, sólo puedo imaginar a Lisbeth Salander, la extraordinaria heroína que salió de su mente, riéndose a escondidas por la ironía que el destino le tenía preparada a su creador, ese periodista sueco.

Lisbeth

Lisbeth, una mujer joven, de estatura baja y complexión muy delgada, y sin embargo podía poner fuera de combate a cualquiera que se le pusiera enfrente sólo con una patada en el lugar indicado.

Lisbeth, que de niña tuvo una infancia trágica (su padre golpeó tanto a su madre que ésta acabó perdiendo la razón, internada en una casa de retiro, por lo que Lisbeth, una niña de nueve años en ese entonces, le arrojó un bidón de gasolina y un cerillo encendido), y pasó el resto de su niñez y toda su adolescencia en un psiquiátrico.

Lisbeth, que se convierte en una intrépida hacker que resolverá los crímenes más complejos y se enfrentará a los asesinos más despiadados (incluido su padre, deformado por su propio cerillo años antes) de la mano del periodista Mikael Blomkvist.

Lisbeth Salander, la heroína que elogió el Nobel Mario Vargas Llosa.

Pero ya no estamos en 2005. Es 2014 cuando la también periodista (¿casualidad?) Chelsea Cain publica en su país, Estados Unidos, One Kick. Es 2016 y el éxito de la novela ya ha merecido su traducción al español y su publicación en México, bajo el nombre de Las habitaciones secretas, por editorial Océano.

La protagonista creada por Cain, que el año pasado debutó como guionista del cómic de Marvel Mockingbird, se llama Kick Lannigan (el juego de palabras en el título original en inglés es inmejorable: One Kick, Una patada, pero también Una Kick, apelando al carácter único de esta chica). Se trata de una joven que, al igual que Lisbeth Salander, a pesar de ser muy delgada y de estatura media a baja, sabe en dónde darte una patada para dejarte fuera de combate.

Pero las coincidencias no paran ahí; también Kick tuvo una infancia difícil: un pedófilo la secuestró a los cinco años de edad y a pesar de esclavizarla para forzarla a protagonizar películas pornográficas, cuando ella es rescatada por el FBI, seis años después, siente que le rompen el corazón al separarla de sus “padres”.

Al igual que la heroína sueca Salander, la norteamericana Lannigan hace del endurecimiento de su carácter un recurso de supervivencia. Si la primera dedica horas enteras a descifrar códigos para entrar a los servidores de los gobiernos y empresas más importantes del mundo, la segunda hace 50 sentadillas y 70 lagartijas cuando se levanta sólo para cerciorarse de que sus músculos estén calientes y listos para entrar en acción en cualquier momento.

Ambas se niegan a entregarse a una relación romántica o incluso puramente sexual, aunque las dos se sientan atraídas por sus parejas de acción y “caigan” en sus garras, por así decirlo, en un momento determinado: Lisbeth en los brazos de Mikael; Kick en los de Bishop, un investigador privado que le ayudará a encontrar a un niño secuestrado por la “Familia”.

Así como para Lisbeth su padre violento se convierte en una obsesión, para Kick lo será Mel, el secuestrador pedófilo, a quien tantos años llamó “padre”, y que paradójicamente puede ser el único que la pueda ayudar a destruir a la “Familia”, la red de pornógrafos infantiles a la que pertenece.

Como Larsson, Cain deja a los personajes en el momento y lugar precisos para que sus historias y las novelas continúen en parte dos, tres y hasta donde den.

Antes de morir, Larsson dejó tres títulos con Lisbeth Salander como protagonista; la saga se llamó Millenium y tuvo tal éxito que se llevó al cine tanto en Suecia como en Estados Unidos. Incluso el sello editorial Destino publicó una cuarta entrega, escrita por otro periodista, David Lagercrantz, en un intento por resucitar a la hacker más amada de la literatura negra nórdica.

Chelsea Cain ya está trabajando en la segunda novela sobre Kick Lanning; en inglés se llamará Kick Back.

Chelsea Cain
Chelsea Cain, foto del Facebook de la autora

Sin duda este entrañable personaje, una mujer adulta que a menudo reacciona como una niña muy probablemente porque la infancia le fue arrebatada de tajo (al igual que a Lisbeth Salander) todavía tiene mucho que contarle al público lector que ya, en esta primera novela la acogió con cariño. Quizá no con la devoción con la que millones de fans en todo el mundo recibieron a la hacker sueca, pero sí con el suficiente interés como para esperar sus siguientes aventuras e identificarse con ella, porque es inevitable pensarlo, y por lo tanto escribirlo: ¿será Kick Lannigan la Lisbeth Salander de la segunda década del siglo XXI?

 

 

 

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