Paracaídas y vueltas: Andrés Calamaro


Por Laura Olmos

“Mi vida fuimos a volar

con un solo paracaídas

uno sólo va a quedar

volando a la deriva”

Así empieza Paloma, canción de culto del álbum Honestidad brutal a la que Andrés Calamaro acude para nombrar a su primer libro Paracaídas y Vueltas. A sus 54, el bonaerense, con más de tres décadas de trayectoria, sacó a la luz un libro semi autobiográfico cargado de relatos de ficción, ensayos, reseñas, columnas de opinión, crónicas, liricas inéditas y pensamientos que a los ojos de cualquiera podrían parecer inconexos, a veces dispersos, pero que para los seguidores de culto forman parte del cosmos particular del artista. Aún para quienes no lo son, el libro es un banquete y se rescatan especialmente las anécdotas e historias compartidas con los artistas que todos conocemos.

La obra no es sólo acerca de la música de Andrés; ni siquiera es únicamente sobre la música. Con un estilo agudo y filoso, crítico y directo, cargado de pasión y muchas veces ironía, se pasea por episodios de la historia argentina, de sus vivencias en su país y en España, y se permite opinar sobre ex presidentes, sobre el papa Francisco y sobre la tauromaquia, disciplina a la que defiende. Sin embargo, cuando la música es la razón y materia de su escritura, las líneas fluyen con un sentimiento aún más natural. Haciendo paradas en el tango o en el blues, Calamaro se estaciona en el rock. Ya sea sobre el rock argentino o el rock mundial, sea sobre los Redondos de Ricota o sobre Led Zeppelin, nos comparte su más profundo sentir, sin filtros ni oropeles, soltando en unas cuantas palabras las emociones y sensaciones que los otros músicos le proveen. No por nada, un gran artista lo es cuando ha absorbido mucho de los otros.

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Andrés Calamaro en conferencia de prensa. Foto: Laura Olmos

Calamaro, músico ecléctico con influencia del rock clásico como los Beatles y los Rolling Stones y de autores como Bob Dylan y Charly García, es uno de los grandes pilares en la consolidación del sonido particular del rock argentino, principalmente en cuanto a líricas y líneas vocales se refiere; contemporáneo de Gustavo Cerati –con quien tocó en bandas como The Morgan; Stress; Proyecto Erekto– y a quien Miguel Abuelo invitó –gracias a Alejandro Lerner y a Pipo Lernoud– a formar parte de la legendaria banda Los Abuelos de la Nada, dedica un capítulo a “los que no están (siempre están)” y cita fragmentos de sus columnas de opinión publicadas en el diario Página 12: “Gracias Miguel por compartir con tanta gente tu arte y sentimiento, tu poesía natural, probablemente no intelectual, tu juventud eterna y tus ganas de cantar”…. “Pappo fue lo que fue y fue mucho. Vivió todo lo que quiso y como quiso. Siempre fue él”.

La compilación de sus vueltas por la vida se describe con honestidad. “Muchas de mis crónicas de conciertos fueron escritas inmediatamente después de terminar de tocar, con la televisión encendida sin volumen y sin haberme quitado ni siquiera la ropa que utilicé en el recital”, confiesa el autor, quien ilustra su libro con imágenes inéditas del álbum personal, grabaciones, sesiones de fotos y actuaciones. Los músicos Diego El Cigala, Jerry González e Indio Solari son algunos de los que le acompañan.

Con voz pausada, arrastrando un poco las palabras estimuladas por el mate y su inconfundible acento argentino, Calamaro hace una valoración personal: “yo sé que los músicos no siempre son lectores frecuentes de literatura; sin embargo, los invito, los conmino y los desafío para que lean este libro. Vale la pena… Se puede leer en el transporte público; mientras saltamos en paracaídas; sentados en el trono, cagando, se puede llevar a los bares. Espero que queden atrapados y que el paracaídas los envuelva; caernos juntos. Los invito a abrirse para que el aterrizaje no sea forzoso”.

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Laura Olmos
Laura Olmos estudió Comunicación Social en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco. Es editora de la revista Ser Mayor y colaboradora de Crónicas de Asfalto. Ha publicado entrevistas, reportajes y crónicas. Ha sido coeditora gráfica en Reforma y México Hoy, y directora de arte en Gula y Catadores. En ocasiones despierta de mal humor y se le quita cuando su perra emite mugidos, con un calcetín en el hocico, mueve la cola y festeja verla vida un día más. Parafraseando a Calamaro: “Viajé por tu ficción, existencialismo, poesía y música sin cinturón de seguridad; con todos esos recuerdos y vivencias bien valía caer al vacío”.
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