A estas alturas ya no es ningún secreto que Isak Dinesen era una mujer. Karen Christentze Dinesen nació en Dinamarca un 17 de abril, pero de 1885, y aunque comenzó a escribir desde que era una niña, fue hasta que tenía más de 40 años de edad que sus Nueve cuentos se publicaron en Estados Unidos bajo el título de Siete cuentos góticos, y ella alcanzó la notoriedad.

La vida de Dinesen fue todo menos aburrida: provenía de una familia de clase alta pero su padre, Wilhelm Dinesen, se suicidó cuando la pequeña Karen tenía 10 años de edad. Por si fuera poco, ella terminó casándose con Bror Blixen-Finecke, un hombre al que no amaba pero que era gemelo idéntico de su amor no correspondido. Se mudaron a Kenia, y gracias a este matrimonio, se convirtió en baronesa.

De joven en Africa
Isak Dinesen en África

Pero apenas un año después de casarse su esposo  la contagió de sífilis. Quizá ese sería el recuerdo más duradero de su matrimonio.

Para esa época Karen ya había publicado el cuento Los eremitas en una revista literaria, aunque lo hizo bajo el seudónimo de Osceola. También fue el periodo en el que escribió su poema Ex África.

Las constantes fallas de su esposo como administrador de la finca de la familia Dinesen en África, así como el romance entre Karen y el piloto inglés Denys Finch Hatton pronto provocaron la ruptura de ese matrimonio. Unos años después, Finch murió en un accidente de aviación.

Si ya había despertado el interés de la crítica y el público norteamericano con sus Siete cuentos góticos, es en 1937, con la publicación de Memorias de África en Estados Unidos y Dinamarca, que Isak Dinesen se convierte en una especie de celebridad.

Sin embargo, la guerra y su inestable salud (operaciones en la espina dorsal y en el estómago), le impiden viajar a Estados Unidos hasta 1959, ya convertida en un personaje al que el escritor español Javier Marías describe como “una anciana frágil y extravagante, llena de arrugas y con brazos como cerillas, vestida de negro, con turbantes en la cabeza, diamantes en las orejas y grandes cantidades de khôl alrededor de los ojos”.

Es durante este viaje que ocurre el encuentro entre Isak y Marilyn Monroe, propiciado por la escritora Carson McCullers. Según Javier Marías, Dinesen no fue nada amable con Arthur Miller, quien entonces estaba casado con Marilyn; cuando éste le preguntó qué opinaba su doctor de que sólo se alimentara con ostras y champán, “soy vieja y como lo que quiero”, fue la tajante respuesta de la autora de El festín de Babette al dramaturgo.

Con Marilyn, Carson y Miller
De derecha a izquierda: Arthur Miller, Marilyn Monroe, Carson McCullers e Isak Dinesen en 1959.

Así describe Javier Marías los días finales de esta mujer fuera de lo común, quien a los 64 años de edad mantuvo un romance con el poeta danés Thorkild Bjornvig a quien le llevaba más de 30 años:

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Con Thorkild Bjornvig

Al final pasaba varios meses al año en una clínica, y el resto, como siempre, en Rungstedlund, donde murió quedamente, tras haber escuchado a Brahms durante la tarde, el 7 de septiembre de 1962. Fumó sin parar hasta el fin de sus días, que dejó a la edad de setenta y siete años, y fue enterrada al pie de un haya que ella misma había escogido, junto a la costa de Rungsted. Según Lawrence Durrell, habría lanzado una mirada amable e irónica a quien se hubiera atrevido a llorar su muerte. “En realidad tengo tres mil años y he cenado con Sócrates.”

Javier Marías, Vidas escritas, Siruela, Madrid, 1992.

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