Alguna vez Julio Villanueva Chang fue mi maestro en un taller intensivo de una semana que Canal 22 organizó para sus reporteros. Era quizá 2007 o 2008.

Unos años después, Mondadori publicó su libro de entrevistas Elogios criminales, y pedí que me mandaran a entrevistarlo.

Los perfiles son la especialidad del fundador de una de las revistas de periodismo narrativo más importantes de Hispanoamérica: Etiqueta Negra. Es profesor de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.

No es fácil aproximarse a Julio. Aunque él sí lo hace con aquellos sobre los que va a escribir. Pero la experiencia de entrevistar al maestro de periodismo, más universal que peruano, es algo que vale la pena contar.

Aquí la entrevista que le hice ese 2009 o 2010, quizá.

Julio Villanueva Chang

Foto: Facebook de Julio Villanueva Chang

Julio Villanueva Chang se aproxima y disecciona sin misericordia a personajes como Gabriel García Márquez, Werner Herzog y el cheff Ferrán Adriá. Pero es contundente con respecto a sus intenciones:

“No voy a desmitificar. Sí me gusta desengañarme de lo que he leído sobre esa gente antes de ir a conocerlos. Esa es mi postura. Me gusta encontrar las contradicciones. Me gusta ver a una persona como un poliedro y el poliedro tiene varias caras, y ellos permiten que uno solamente vea una, dos, tres o cuatro caras”.

“Entonces quiero agacharme, tirarme al suelo y ver la cara de abajo o tratar de entrar por la ventana prohibida y mirarlos, pero no finalmente para desmitificarlos sino para saber con quién estoy hablando y luego elegir qué cosa cuento y qué no cuento, porque esa es una elección de cada cronista”.

Pero no todo es tan sencillo. Por las elecciones que Villanueva Chang hizo de contar y no contar en una de las historias que forman parte de este libro, el dentista de Gabo dejó de serlo.

“Se convirtió esto en uno de esos Elogios criminales que dan el nombre al libro y pues a García Márquez no le gustó el texto porque él quiere controlar el mito; él sabe que está más allá del bien y del mal, y que sin embargo le siguen molestando esas cosas, y creo que Jaime Gazabón ya no es su dentista más”.

“Y sin embargo yo siempre tuve claro que la indiscreción sirvió para enaltecerlo a él más como hombre que tiene curiosidad por gente anónima”.

Seguro de su trabajo, el periodista no le pide perdón a nadie.

“Yo no me siento culpable de nada, y curiosamente el dentista tampoco”.

Y en este andar por el mundo en busca de personajes, Julio Villanueva Chang se enfrentó a esa especie de gurú de la profesión: Ryszard Kapuscinski, y por si fuera poco, en una situación nada fácil: después de haber tomado un taller con él, y a punto de irse a tomar un avión para regresar a Varsovia.

“Cada pregunta era un deseo de atraparlo o de retenerlo, y no creo que a la gente le guste que le hablen de un sólo tema, que fue casi el discurso en su taller:

¿Por qué estamos tan preocupados por escribir bien si no sabemos leer?”

“Yo decía: alguien que escribe como él, con todo su pasado, su reputación, su aventura, ¿qué cosa leyó?, y eso es lo que quería averiguar”.

Julio Villanueva Chang seguirá buscando a quién retratar con pasión pero sin elogio ciego. Por ejemplo, al arquitecto brasileño Óscar Niemayer, que ya una vez prácticamente se le escondió en la ciudad de Río.

 

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