Un lugar para soñar: librería y editorial Herder


(Texto y fotos: Irma Gallo)

Si vas caminando por la calle de Tehuantepec, en la colonia Roma, al llegar al número 50 te sorprenderá una esquina amarilla: es la librería y editorial Herder. Un mundo de maravillas te está esperando si te atreves a cruzar el umbral.

fachada tehuantepec

Y eso de “un mundo de maravillas” no es un lugar común, porque si eres, como yo, amante de los libros, en esta esquina encontrarás títulos que difícilmente verás en otro lado; por ejemplo, la colección de clásicos en manga, que según Lizbeth Zavala, coordinadora de producción de la editorial, y encargada de seleccionar el material que se vende en la librería, son de los favoritos de los lectores que la visitan.

mangas

El impresor ambulante

“La editorial Herder es una fundación alemana que está documentada en 1801. A finales del siglo XIX empezó con una producción de libros en español”, dice Jan Cornelius Schulz, director editorial y dueño de la librería, que llegó a México en los ochenta a dar clases en el Instituto de Investigaciones Filológicas en la UNAM, y después de una estancia en Barcelona decidió regresar a este país a fundar la editorial aquí. Comenzó como socio de uno de los descendientes de la familia Herder, quien después de un par de años se retiró. Jan, en cambio, decidió apostarle al proyecto.

“El fundador de la editorial era, al principio de su carrera, un impresor del ejército en las guerras de Napoleón. Cuando terminaron las guerras él se quedó sin trabajo. Un impresor del ejército era una persona que andaba con una imprenta ambulante. Era un trabajo para imprimir volantes, reglamentos y carteles, etc., pero cuando terminó la guerra ya no necesitaban ningún impresor, y él buscaba un nuevo campo de actividades”, relata Schulz.

estante pared

Al fin de la guerra habrá que agradecer la semilla de donde se originó Herder. Friburgo, a la orilla de la selva negra del sur de Alemania, es el lugar que eligió Benjamin Herder para fundar la editorial.

La editorial se expandió durante el siglo XX. “Había una época, a principios del siglo XX, que tenían hasta una sucursal en Tokio, una en St. Louis (Missouri), y posteriormente hubo en Argentina, Chile, Colombia, muchos países latinoamericanos, pero nunca en México. Esto lo empezamos nosotros en 2002”, dice Jan Cornelius, y no puede evitar que el orgullo se le note por todos lados.

Un refugio para lectores exigentes

“Desde hace cinco años empezamos con la librería, buscando, al principio, una nueva oficina para la editorial, y encontramos este local”, agrega.

La idea de poner una librería funcionó: dado que muchos de los libros que publica Herder son de fondo editorial (con una larga vida pero de poca venta, muy distinto a lo que ocurre con las novedades de otras editoriales, que se venden más rápido pero tienen muy corta vida), los lectores no podían encontrarlos fácilmente.

jan y Liz
Jan Cornelius Schulz y Lizbeth Zavala

Desde el 2002, la librería Herder funciona bajo una premisa: “tener cosas que las grandes librerías prácticamente no quieren tener porque son libros de poca venta”,  explica Schulz, y remata: “Aquí nunca hay mucha gente en la librería pero la clientela que viene ya sabe lo que quiere”.

Actualmente, en la librería Herder no sólo se venden los títulos propios, sino también se distribuyen sellos especializados como Anagrama, Paidós, Gredos, Pre-Textos, entre otros.

de cerca pequeños

El lugar también se ha convertido en un espacio en el que los habitantes de la colonia Roma se sienten a gusto. “Vienen muchos vecinos y les hacemos un descuento especial. La librería está en un barrio muy intelectual, así que viene la gente y nos compra cosas especializadas”, dice Liz Zavala.

Entre los clientes asiduos hay uno muy especial, cuenta Jan, entre risas: “un hombre muy interesado en títulos de Teología y Filosofía, pero como siempre está bastante borracho, se sienta y se queda dormido”, y nosotros suponemos que esto ocurre en uno de los sillones de la pequeña sala de lectura de la librería.

libros de lado

A pesar de que no es fácil mantener un local como éste, Jan está contento: “Ha salido, hasta el momento, muy bien el experimento de ofrecerle a un público libros no comerciales en un barrio que tampoco es un barrio universitario”, dice este hombre afable, y agrega: “pero yo creo que la ubicación de la librería no es lo más importante. Lo más importante es el servicio: intentamos que no salga ningún cliente sin información. Mucho material sobre el que preguntan no lo tenemos, pero ya sabemos dónde lo pueden conseguir”.

libros antiguos

Hoy en México quedan pocos lugares como éste: una editorial con su propia librería. A excepción de Porrúa, que ya se convirtió en una cadena con sucursales en casi todo el país.

Pero Herder conserva ese espíritu de librería de barrio, de lugar de pertenencia en el que la lectura se convierte en una experiencia comunitaria. El lugar al que quieres regresar una y otra vez.

 

 

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