Por Irma Gallo 

(Foto de portada: Facebook del autor)

“En Los minutos negros fui a entrevistar un grupo de policías de la ciudad de Tampico para averiguar cómo hablaban, cómo se vestían, para verlos y tratar de crear un personaje real a partir de ellos. En esta ocasión no fue necesario, la realidad vino a mí porque cada vez que le preguntaba yo a alguno de mis familiares o conocidos en esa región del país “¿cómo estás?”, me contaban una historia de impunidad de violencia y de delincuencia”.

Después del éxito de Los minutos negros, su novela anterior ya traducida a seis idiomas, Martín Solares (Tampico, 1970) dejó pasar ocho años para publicar No manden flores (PRH, 2015), en la que queda claro de que a pesar de las enormes coincidencias con la realidad de violencia que vive nuestro país, el escritor y editor tamaulipeco no renuncia a la ficción.

“Yo no respeto mucho a las novelas que están concebidas como un espejo de la realidad; estoy convencido de que la novela tiene que ofrecerle al lector algo distinto al mundo que pueden ofrecerle los periódicos, que es el mundo en el que él vive todos los días. Contar lo que pasa, día a día, tal cual, no tiene sentido. Eso ya lo están haciendo, mejor que cualquier narrador, los periodistas”.

“Y una vez que descubrí que ya estaba escribiendo otra novela, me propuse escribir una novela en la cual la palabra justicia no se usara nunca. Esta novela tiene dos reglas secretas: jamás usé la palabra justicia y jamás usé la palabra narco.

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Inspirado en los orígenes y la evolución de la novela policiaca, Martín Solares decidió crear un detective que resultara verosímil en el contexto de violencia actual que vive nuestro país, y específicamente la frontera con Estados Unidos.

“Cada cierto tiempo, a raíz de lo que ocurre en el mundo, las novelas policiacas se empiezan a montar. A finales del siglo XIX y principios del XX, vimos que surgió con mucha fuerza este género que llamamos la novela policiaca, porque a finales del siglo XIX vimos que empezaban a surgir detectives intelectuales, hipercerebrales, y con mucha frecuencia artistocráticos. Resolvían un crimen sin necesidad de salir de sus mansiones”.

“En América Latina, unos cuantos narradores como Rubén Fonseca, como Rodrigo Rey Rosa, como Horacio Castellanos, como el mismo Élmer Mendoza, han estado buscando otras vías. Paco Ignacio Taibo, por supuesto, y Rafael Bernal, que es el papá de todo los narradores policiacos de México”.

Al hablar del protagonista de su novela, Carlos Treviño, un detective desengañado de la vida que se ve obligado a regresar a la investigación para encontrar a una mujer desaparecida, y de su antagonista, el corrupto Comandante Margarito, a Martín Solares no le queda duda de una cosa: “Sherlock Holmes no viviría cinco minutos en este país”.

 

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