Abstracción Norte (Primera Parte)


Por Consuelo Sáenz. Ilustración: cortesía de la artista plástica juarense Cecilia Briones Zúñiga

Como en la guerra, como en el toreo,

también en la literatura hay cobardes.

Hay la novela de la cobardía: Novelas que parecen

“pleitos arreglados”.

Jesús Gardea

 

Estaba predestinado: conocería su nombre tan sólo días después de haber abandonado el envoltorio carnal de su existencia, y me interesaría por su vida y obra algunos años después. Jesús Gardea, el escritor, falleció en marzo del año 2000. Antes de esa fecha no había escuchado hablar de él. Mi vida transcurría en otros ámbitos, otros intereses. No, no se mal interprete, mi pertenencia a los mundos sutiles siempre fue auténtica. El alma se reconoce por sus síntomas. Fui solitaria, voraz lectora, con afecciones extrañas, tartamuda y sonámbula, quisquillosa e impresionable desde mucho antes de tener el poder consciente de saber seleccionar mis batallas. Supe intuir desde muy temprano que la vida ordinaria –sin peyorativos- no podría saciar a un espíritu como el mío. Pero me faltaba algo, me faltaba emprender la búsqueda para poder hallarme en el otro. Los espíritus afines no necesitan presentación y, faltarían muchos años para comprobarlo.

 

En vida, Jesús Gardea y yo tuvimos en común la misma ciudad ¿o debiera decir el mismo espacio? Espacio y ciudad no son lo mismo. Vivir en la misma ciudad no significa vivir en el mismo espacio. Bajo el mismo cielo compartimos espacios diversos y en cada espacio un habitus que obedece a sus propios esquemas de pensamiento y conductas. Tuve en común con Gardea, sin saberlo, algunos conocidos. Tras descubrir, ahora, el temperamento que definió a Gardea “El artista en su torre de marfil” (como se refirió de él Julián Herbert) dudo mucho que a mis conocidos él los hubiera considerado sus amigos, como suelen ellos presumir, otra vez: Los espíritus afines no necesitan presentación. Jesús Gardea nació en Delicias pero desarrolló toda su obra literaria en Ciudad Juárez. Yo pertenezco a la segunda generación nacida en Ciudad Juárez de una familia proveniente de distintas identidades del Estado de Chihuahua. Además de definirse el arribo de Gardea al ámbito de las letras como “tardío”, tal definición podría aplicarse a mi experiencia, también. A pesar de todo ello, nuestros caminos nunca se cruzaron.

 

Con la anterior exposición traté de hacer ver algunas cuestiones acerca de lo que significaría ser considerado norteño y cuáles serían las características que podríamos tener en común. Primeramente, nunca escuché hablar de Jesús Gardea y mucho menos lo leí, a pesar de estar involucrada en círculos literarios en mi ciudad, cuestión que me provoca preguntar: ¿quiénes son los lectores de la literatura del norte? Segundo: los espacios culturales como característica homogénea son discutibles: no es obligación de nadie leer a determinados autores. El tercer aspecto que deseo destacar es, el significado que cobra la figura del autor después de muerto. Suele ser común revestir de cualidades a un escritor que nunca fue de carácter ni trato facilón, que rechazó el falso “baño de pueblo” que pudiera darle imagen de “raza” como tratan de promoverlo sus supuestos amigos. ¿A quiénes beneficia el rescate? ¿Por qué esos “amigos” no lo promovieron en vida? Nunca vi a nadie con un libro de Gardea en las manos como si se tratase del manifiesto comunista.

 

Al leer de y sobre él, he encontrado adjetivos, conceptos y definiciones en las que no había reparado al momento de encontrarlas como características en otros autores o textos: ostracismo, huraño, distancia de los grupos literarios, vencer la resistencia del lenguaje, tropo; literatura del desierto, literatura del norte y su reacia posición que no admitió concesiones ante tales dictámenes. Gardea rechazó la definición de “literatura del desierto” o “literatura del norte”. Culpó a Carlos Montemayor como el pionero de echar a andar dicha cuestión y con cierta ironía remataba “Lo de escritor norteño yo creo que es una cosa más bien publicitaria o ganas de no estar solo”.

 

La literatura del norte es un fenómeno inasible, abstracto y de difícil comprensión debido a las sutilezas de espacio y el imaginario al que se suscriben. Existen “los nortes” de México. Cada ciudad fronteriza del norte tiene distintas aristas que la permean y revisten. Los acuerdos binacionales, por ejemplo, en el caso de Ciudad Juárez-El Paso donde es palpable la asimetría entre la literatura del norte del lado mexicano y la literatura del norte que se manifiesta en Estados Unidos a través de los chicanos, marca una diferencia entre proyectos y expresiones culturales. Detectar las posturas de cada escritor también es importante: el que nace y se forma en el norte y escribe desde allí, el que emigra al centro de la república y escribe sobre el norte, e igualmente, el que emigra a los Estados Unidos. Son muchas consideraciones para otorgar un adecuado acercamiento a la literatura del norte. Otro rasgo importantísimo y que me interesa sobremanera manifestar es: La referencia que tomamos y asumimos del paisaje y su relación directa con el lenguaje. Soy nacida y formada en la frontera, siempre he vivido en Ciudad Juárez y puedo asegurarles que, no utilizo el léxico homogéneo ni común que puede escucharse en las mayorías. Entonces, ¿mis personajes deberán obedecer al tono del paisaje norteño, metidos casi con calzador, para sentirme dentro de la jugada para las ventajas editoriales, de convocatorias y de la promoción que desea todo escritor asegurarse? Sería inmoral pero, ¿políticamente correcto?

Todo esto me provoca cuestionamientos. Debido a lo extenso y vasto del tema, delimité mi marco conceptual en la etiqueta de “Literatura del norte” analizada como Branding: el proceso de construir una marca mediante la administración estratégica del conjunto total de activos vinculados de forma directa o indirecta al nombre y/o símbolo que identifican a la marca influyendo el valor de la marca, tanto para el cliente como para la empresa propietaria de la marca.

Consuelo Sáenz (Ciudad Juárez, 1973) es licenciada en sociología. Obtuvo la maestría en Educación, Investigación y Docencia, por la Normal Superior de Ciudad Madero, Tamaulipas. Becaria del taller de creación literaria ICHICULT, 2010. Ha incursionado en distintos géneros: entrevista, crónica, cuento, ensayo, poesía y relato. Colaborado en prensa escrita, revistas electrónicas y radio. Participó en dos libros colectivos: Manufactura de Sueños (Rocinante Editores, 2012) y 43 Poetas por Ayotzinapa (Los Cuadernos del Canguro Bolsón Editorial, 2015). Colaboradora para la revista electrónica de arte y cultura Rancho las voces, en Chihuahua.

 

 

 

 

 

 

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