Por Gabriela Pérez

Cierta parte del mundo es invisible, sin embargo, si tienes un trozo de metal con incisiones al azar y le acercas una llama, las cesuras forman un patrón alrededor de la luz. Así es tu cuerpo, rígido e impenetrable pero maleable, dúctil, con un centro que, si lo dejas, ilumina e invita a las fracturas a girar entorno a él.

Ningún otro cuerpo como el tuyo sin ser sembrado salió de la tierra. Con haberlo recorrido con pasiones y necesidades diversas por algunos años, puedo formarlo sin verlo ni oírlo. Puedo hacer un molde a tu medida, un estuche justo, una morada como la que te imaginas siempre, incluso con el piano de cola negro y la joven intérprete rubia vestida de blanco, pero que tiene espacio también para mí. Aunque esté el lecho suave y amplio con sábanas de algodón, las persianas de madera, la mesa puesta con la cena humeante y el futon color vino, aunque esté todo listo; al caminar por ti, uno encuentra sólo libros, eres para mí una biblioteca, aprisionada como están también tu capacidad y fantasía.

Entre mis habilidades brilla la de crear espacios. El que he hecho para ti huele a escollo soleado, a huerto, a mar, a tierra mojada de camino michoacano. Hueles también, sin estar aún, a la nostalgia de una noche en Praga, a la tarde abandonada de un hotel de Barcelona, a la madrugada desierta de la plaza trentina, a la sopa de salmón que comimos en el mercado de Finlandia, hueles a la pequeña casa de Tallinn donde conociste a la hermosa maestra de tinta y papel. Sabes al grano contenido en la mezcla de ira, sorpresa y rasgos tristes de los años en que fui incapaz de explicarte que una relación no se hace de etiquetas sino de hechos, de las actitudes que se toman y de lo que de ti dejas en ella. Sabes a sol y a neblina, al balcón de un barco en Kobenhavn, sabes al puro de Rostock y a los amaneceres de Osterjon. Dejo de probarte ahora y me lavo la boca con una infusión de toronjil y menta.

También aquí cada aroma halla respuesta en el sabor que lo sostiene. Ya te he dicho, nuestra historia nada en el regusto a sal, en el dulce sabor de los frutos maduros, en el agrio regulador de los ácidos, y en el amargor, por supuesto, que dejaste germinar en ti con la muerte de tu hermano, y que fertilizaste y cuidaste con la mía . Él no regresó, y estoy yo aquí, haciendo daño a tu planeación de descanso, opacado tus sonrisas de vida nueva porque con mi corta pero intensa vida contrasto las largas e inocuas que siempre que puedes, acostumbras. Sea pues el fin de nuestro crucero imaginario, mete en la maleta a aquella figura que tardé años en quitar del pedestal, mete a esta otra que no ha sido aún parte de tu equipaje pero que ocupa ya el mayor espacio. Entiendo bien que como tus pertenencias nuevas y antiguas son más importantes, no hay espacio en tu maleta para lo que quise regalarte. Es verdad, en los viajes se conocen muchas más cosas que lugares y se acumula más que experiencias nuevas. Nos encontraremos seguramente algún día, cada quien con su equipaje recargado, no puedo decirte que te escribiré mis novedades, se agotaron las páginas que tenía destinadas para ti. Pero ese día llegará, y entonces, cuando vaya caminando y detecte un olor a escollo soleado, giraré y prepararé mi mejor sonrisa.

Gaby
Gabriela Pérez
ELDA GABRIELA PÉREZ AGUIRRE NACIÓ EN LA CIUDAD DE MÉXICO, EL 6 DE MARZO DE 1976. ESTUDIÓ QUÍMICA EN LA UNAM; POR PASIÓN, ES PROFESORA DE CIENCIAS, EN EL INSTITUTO ESCUELA Y AUTORA DE DISTINTOS LIBROS DE TEXTO, DE QUÍMICA Y FÍSICA PARA SECUNDARIA Y BACHILLERADO. CONFORMÓ PARTE DEL EQUIPO DE CIENCIAS DEL INSTITUTO LATINOAMERICANO COMUNICACIÓN EDUCATIVA, COMO AUTORA DE LIBROS DE TEXTO Y DE GUIONES PARA TELESECUNDARIA, FUE EDITORA DE LA REVISTA CIENCIAS, DE LA UNAM. PARTICIPÓ EN LA ESCUELA DINÁMICA DE ESCRITORES DE MARIO BELLATIN Y HA CONDUCIDO EL PROGRAMA TRIPULACIÓN NOCTURNA DE RADIO EFÍMERA. LUEGO DE COLABORAR CON LA EDITORIAL TALLER DITORIA EN EL ÁREA DE DIFUSIÓN Y PROMOCIÓN, FUE FUNDADORA Y EDITORA DE AUIEO EDICIONES Y DE LOS LIBROS DEL SARGENTO.
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