Cuando un libro se va…


Por Magdalena Carreño

¿Cuántas veces has prestado un libro? ¿Cuántos han vuelto a ti? Desde que era niña había una regla que todos me repetían: “Nunca prestes libros.” Sin embargo, en muchas ocasiones desoí este consejo. Así fue como perdí Trópico de cáncer, de Henry Miller; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas; Océano mar, de Alessandro Baricco; El escarabajo de Wittgenstein y 25 experimentos mentales más, de Martín Cohen… por mencionar algunos.

Claro, también existen lectores responsables que nunca olvidan devolver los libros, aunque pasen décadas. Sigo esperando que de repente alguno de esos amigos recuerde esas promesas incumplidas.

En la lógica de préstamos también existe una ley de compensación. He ahí que tengo bajo resguardo Las ciudades invisibles, de Italo Calvino y gracias a mi ex novio agregué a mi librería personal El viento en los sauces, de Kenneth Grahame (me prometí devolvérselo algún día). Cuando te enamoras de otro lector, siempre tienes la esperanza de que los libros se reúnan en un mismo librero y cuando la relación llega a terminar (a veces aunque sea en muy buenos términos) alguien termina perdiendo alguna de sus lecturas favoritas. ¿Cuántas veces les ha pasado esto?

Generalmente lamentamos esas ausencias, cierta nostalgia nos asalta al pensar en qué condiciones estará el ejemplar perdido, incluso nos preguntamos si seguirá en las manos en las que lo dejamos.

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Ilustración de Valeria Gallo para la FILIJ 32

Me confieso culpable de haber encargado a un amigo un libro importante sobre arquitectura que pertenecía a otra amiga, ¿qué habrá sido de ese volumen? Por ese cargo de conciencia no le he solicitado a ella el libro que le presté sobre Teoría de la imagen. Cadenas interminables de préstamos y desapariciones.

Tal vez, un poco con el paso del tiempo me he vuelto menos aprensiva sobre este tema, le llamo desapegos útiles. Ahora he adquirido el hábito de terminar un libro y soltarlo, lo que quiere decir regalarlo a quienes estén cerca de mí. La única condición es que repitan esta acción con alguien más. Es mi forma de contribuir a que existan más lectores. Mentiría si dijera que puedo hacer lo mismo con todos mis libros, hay algunos que definitivamente no están en la lista para compartir, esos apegos materiales van unidos a anécdotas muy personales y seguramente, cuando sea el momento, releeré mientras me balanceo en una mecedora.

¿Cuáles libros extrañan ustedes? Compartan sus historias a @nuitaile y @LaLibretadeIrma

Elia
Magdalena Carreño
MAGDALENA CARREÑO. PERIODISTA, LECTORA COMPULSIVA, APASIONADA DE LA MÚSICA Y LAS ARTES PLÁSTICAS. CREO QUE LA LITERATURA ES EL MEJOR ESCAPE DE LA REALIDAD Y A LA VEZ, LA MEJOR FORMA DE ACERCARSE A ELLA. @NUITAILE
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