La palabra de Gabriela: Avatares congruentes


Por Gabriela Pérez

 

Sola me pierdo en esta cama, hecha pedazos, fragmentada como antaño. Rota, destruida. Con sabor a hiel en la lengua y color de muerte en la boca. Abro los ojos de a poco, para evitar que sea tan rápido que no le dé tiempo de huir a su sombra.

El mundo visible se desvanece, y el alma desatada del tiempo y sus engaños, regresa a la noche del principio, que es también la del fin. El fuego del amor deja de ser una metáfora y se vuelve una llama real que devora el cuerpo de un muerto.

Trata de explicarme porque era tan diferente la imagen que yo tenía de él. Todo, o por lo menos lo que a una mujer le importa saber de un hombre, lo tiene claro. No quiere un compromiso porque no cree en la fidelidad. —Aquí el primer conflicto. Me gustaría ese compromiso de fidelidad y al mismo tiempo, he disfrutado muchísimo de los encuentros con los amantes ocasionales que he tenido. Ignoro si ha tenido amantes él, y salvo en las ocasiones en las que me siento desplazada ni siquiera me molesta la idea. ¿Por qué quiero entonces darle a la relación un nombre con carga y compromiso de fidelidad?

No quiere vivir con nadie. Además de que esto va implícito con lo anterior, están las prácticas de la vida por separado. —Segundo problema. Despertar un sábado o domingo en mi casa y pasar ahí la mañana, tranquila, leyendo, escribiendo, o en actividades domésticas es de las mejores experiencias de mi vida inmediata. Me gusta, sí, amanecer abrazada a alguien y entiendo que el conjunto de los avatares y contingencias de la vida en común es un precio alto e injusto como para pagarlo, pero muchas veces me he obligado a mover y dejar cosas para conseguirlo. Estoy segura además, de que de darse, lamentaría muchísimo perder mi independencia.

Hago entonces una autobiografía ficticia; con un personaje que es, que toma el cuerpo, el nombre, la forma, casi la vida de una persona real: que se convierte en ella y vierte sobre ese personaje miedos o placeres inconfesables.

—Ella va a vivir aquí unos días.— Seguramente no encontró una forma más torpe de darme la noticia. Entre ese debate permanente entre lo que debería querer según lo que soy yo y lo que hago según lo que quiero; terminé respondiendo de una forma igual de torpe. Fingía indiferencia, me la imaginaba diferente es cierto, y esta es una de esas veces en la que la ficción va mucho más allá de la realidad. Tampoco imaginé ese cabello corto, ni esa expresión tan poco profesional, tan metálica y anónima. Me la topé después un par de veces. Se le notaba perturbada, molesta y decepcionada.

Armo la historia y pienso como si fuera ella: sé –porque seguro lo sabe- que él estuvo enamorado. Hay quien usa el enamoramiento a la ligera, como un interés malsano por entrar al desconocido y misterioso mundo de una persona que puede mutar de objeto de estudio a materia prima.

Así como la tristeza era una excelente pantalla para ocultar el enojo, el enojo resultó un escondite para el miedo. Sé que no suena nada original y que para nada descubro el hilo negro; pero bueno, que se le va a hacer si así son las cosas. Tampoco es que la máscara sea tan buena, porque apenas el miércoles me pidió que no me atemorizara. —A veces pienso que te tomas demasiado en serio lo que digo. Sabes que digo muchas tonterías y hago muchas más, y eres demasiado linda como para atemorizarte— Yo le dije que no estaba amedrentada, y él repitió de nuevo su sugerencia. En algunas relaciones, me dijo, alguno de los dos para ganar puntos, es atento, entregado y dedicado. Un día se descuida y comete un error. Entonces todo el trabajo y los días y las noches pensando en cómo ser más amado y más necesitado, se van a la mierda. Esa falla se vuelve omnipresente. En esta en cambio, yo soy un pelmazo, sí, pero uno congruente, persistentemente cínico y real.

Tiene razón. Así que basta un toque de civilización para que toda esta hostilidad cobre sentido y me acurruque entre sus brazos para ser, voluntariamente, aprisionada por ese cuerpo.

Gaby
Gabriela Pérez
ELDA GABRIELA PÉREZ AGUIRRE NACIÓ EN LA CIUDAD DE MÉXICO, EL 6 DE MARZO DE 1976. ESTUDIÓ QUÍMICA EN LA UNAM; POR PASIÓN, ES PROFESORA DE CIENCIAS, EN EL INSTITUTO ESCUELA Y AUTORA DE DISTINTOS LIBROS DE TEXTO, DE QUÍMICA Y FÍSICA PARA SECUNDARIA Y BACHILLERADO. CONFORMÓ PARTE DEL EQUIPO DE CIENCIAS DEL INSTITUTO LATINOAMERICANO COMUNICACIÓN EDUCATIVA, COMO AUTORA DE LIBROS DE TEXTO Y DE GUIONES PARA TELESECUNDARIA, FUE EDITORA DE LA REVISTA CIENCIAS, DE LA UNAM. PARTICIPÓ EN LA ESCUELA DINÁMICA DE ESCRITORES DE MARIO BELLATIN Y HA CONDUCIDO EL PROGRAMA TRIPULACIÓN NOCTURNA DE RADIO EFÍMERA. LUEGO DE COLABORAR CON LA EDITORIAL TALLER DITORIA EN EL ÁREA DE DIFUSIÓN Y PROMOCIÓN, FUE FUNDADORA Y EDITORA DE AUIEO EDICIONES Y DE LOS LIBROS DEL SARGENTO.
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