Texto y Foto de la autora: Irma Gallo

Nota:

La mayoría de los libros que se publican en estos tiempos llegan a la mesa de novedades y en menos de un mes son relegados a los estantes donde se les almacena por orden alfabético, o con un poco más de suerte, por género literario o por nacionalidad del autor. Esta brevísima vida del libro me ha motivado a recuperar algunas entrevistas que he hecho durante los últimos años sobre autores cuyas obras me apasionaron en su momento y hoy, con tristeza, observo que ya no es fácil encontrar en librerías. Este es el caso de Las chicas de la tienda de mascotas, de Anja Snellman, que entrevisté para Sinembargo.mx en el lejano diciembre de 2015, durante una edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Además, en este caso el tema del libro, que es la trata, está tan dolorosamente vigente que parece que esta entrevista la hubiera hecho ayer.

A pesar de ser una de las escritoras finlandesas más populares, autora de más de 20 obras literarias, entre novelas, cuentos, poesía y guiones cinematográficos, Anja Snellman no había sido traducida al español.

Los lectores en este idioma nos estábamos perdiendo de mucho: historias de personajes que viven en la marginalidad, cargadas de un ácido sentido del humor, y en las que se disfruta por igual de una canción de Norah Jones que de una tonada punk, como su primera novela La sacerdotisa del punk.

Invitada a participar en el Festival de las Letras Europeas de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Snellman trajo bajo el brazo su novela Las chicas de la tienda de mascotas, primera que es traducida al castellano.

La historia de dos adolescentes de 13 y 14 años de edad, Jasmin y Linda, que son literalmente devoradas por el monstruo del comercio sexual, es el eje de este libro de Anja Snellman, quien también es periodista y psicoterapeuta.

Después de un vuelo de varias horas, con los ojos enrojecidos por la falta de sueño, pero de evidente buen humor, Anja Snellman acude puntual a la cita para la entrevista.

Es una tarde típica de fin de semana en la FIL de Guadalajara: los pasillos están abarrotados, no se puede ni caminar. En los stands, los vigilantes quisieran tener ojos hasta en la espalda para evitar que uno que otro abusado se lleve algún libro sin pagar. Por supuesto que no siempre lo logran, y las editoriales tienen claro que no todo será ganancia en esta reunión literaria y comercial.

Pero Anja y esta reportera se reúnen en la parte alta del stand de Océano, editorial que distribuye su novela en México. Aquí al menos es posible sentarse a conversar sin interrupciones, y al mismo tiempo ser testigo de la vida que fluye abajo, entre los libros.

Después de leer Las chicas de la tienda de mascotas me puse a pensar cuántas mujeres y niñas son usadas en el comercio sexual en estos días, en todo el mundo. ¿Esta fue su primera preocupación, su primer pensamiento cuando escribió la novela?

Demasiadas mujeres, para ser exactos…
Quizá no. Estaba pensando en nuestra niñez, porque yo misma tengo dos hijas. Y estaba pensando en que, debido a esta revolución tecnológica internacional del internet la niñez ha cambiado; quiero decir, está desapareciendo. Los niños son vulnerables, son más vulnerables a diferentes tipos de actos criminales y comercio sexual y tráfico, y cosas así. Todo el negocio del sexo ha entrado a internet, y el mal, o las cosas malas ya no están afuera. Como madre o padre ya no puedes pedirle a tus hijos que no hablen con extraños en la calle, o que no suban a un carro si no conocen al conductor. El enemigo o el mal están en la sala, están en la habitación de los niños. En algún lugar por ahí. Ahora es más difícil cuidar de tus hijos.

Y es más peligroso…

Es más peligroso, sí. Y los chicos, niñas y niños de cierta edad son arriesgados. Es, hasta cierto punto, normal para ellos adentrarse en ciertas aventuras en la vida, probar cosas nuevas. Por supuesto también están interesados en todo lo que tenga que ver con el sexo, y por ello es importante que conozcan sus límites.

Y piensan que nada malo les va a pasar...

Sí, son un poco inocentes. Al mismo tiempo que son aventureros, arriesgados.

Esto es lo que le sucede al personaje principal de tu novela, a Jasmin, quien además experimenta una transformación radical…

Su transformación es difícil, es psicológica, y muchos lectores me han preguntado por qué sucede esto, y al final, y para no contar demasiado acerca de lo que sucede en el libro, hay un hombre que se la lleva, quiero decir que la secuestra, y luego ella termina cuidándolo. Es lo que llamamos el síndrome de Estocolmo, o algo así. Ella se vuelve generosa con este tipo.

Y a la gente que me pregunta porqué sucede esto, porque se vuelve tan distinta, le digo que yo no quería escribir una novela criminal o un thriller en donde hay hombres buenos o malos y puedes distinguir perfectamente entre blanco y negro, porque en la vida nunca es tan simple. Y quería ver algo bueno en este personaje, este hombre, este Bautista, o no se cómo lo tradujeron en español.

Porque hay algo bueno en todos nosotros. Quiero decir que si escribes sobre este tipo de cosas y mundos borrosos y negros, tienes que ser capaz de ver la luz, y esto tiene que ver con el cambio que se produce en Jasmin.

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También hay un cambio, una transformación en la madre de Jasmin debido a la culpa que siente cuando ésta desaparece…

Sí, y creo que toda madre y todo padre lo siente. Es tan importante, y al mismo tiempo tan difícil estar al pendiente de nuestros hijos en estos días, porque la gente está ocupada con sus empleos, los padres están ocupados con las cosas que quieren hacer; viajan, tienen múltiples ocupaciones. Es fácil pensar que conozco a mis hijos, que se en donde están, hasta que te das cuenta de que no sabes en donde está él o ella. No sabes que está haciendo.

Y en ese momento viene el terror…

Sí. Y por supuesto nadie es perfecto. No puede ser. No podemos checar en todo momento el paradero de nuestros hijos, y por eso quizá lo más importante es tener este tipo de comunicación para escuchar; como estar en el mismo nivel que nuestros hijos. No tenemos que saber en donde están a cada minuto. Es imposible. Hay que hacer otro tipo de compromiso con ellos. Confiar en ellos.

Pero como usted dijo al principio, ahora que el enemigo está en la misma habitación que nuestros hijos, es más difícil tener el control sobre lo que hacen.

Cierto. Es muy difícil, y además el enemigo, o sea, el comercio sexual es el negocio más grande en el mundo, del que puedes obtener más dinero. Y por ello el enemigo está en todos lados: en donde hay prostitución, en donde hay desempleo, en donde hay droga… Está conectado con todo. Es difícil saber en donde empieza y en donde acaba, porque está en casi todos lados.

Hay una línea en la novela, no recuerdo si la dice la madre de Linda o la madre de Jasmin: “Cuando una chica desaparece, es casi seguro que nunca la encuentren”. ¿Hay más esperanzas de encontrar a un niño, a un muchacho?

Sí, las chicas son más vulnerables. Su cuerpo es de lo que más obtienen ganancias los traficantes sexuales; del cuerpo de las mujeres jóvenes, de las niñas.

Al final del libro incluye un epílogo sobre la historia de la prostitución. ¿Por qué pensó que era necesario hacerlo?

Fue una especie de comienzo de un libro más grande que estoy escribiendo todavía, porque cuando empecé esta novela intenté averiguar si alguien en este mundo había escrito una historia de la prostitución o del negocio del sexo, y no lo encontré porque nadie lo hizo. Y eso fue sorprendente. La gente ha escrito libros sobre la prostitución en diferentes periodos de la historia, pero me asombró que distintas universidades en todo el mundo que han hecho este tipo de investigación nunca han escrito un libro completo sobre este tema. Y entonces me pregunté, cuando salió la novela, si podría investigar y escribir acerca de esto. Y me fui de Finlandia y viajé a San Francisco, a la Universidad de San Francisco, en donde tienen un lugar en el que estudian este tipo de temas, así que empecé a investigar, porque quería escribir la historia de la prostitución en el mundo, desde la antigüedad.

Soy una psicoterapeuta, y por supuesto eso tiene que ver con todo lo que concierne a la mente humana, el lado oscuro también, y los niños. Y porque tengo dos hijas, y he visto cómo ha cambiado el mundo desde que mi infancia, desde que yo tenía 17 años, o 14, o 20. Por eso me interesó el tema del comercio sexual. Y por supuesto también desde el aspecto de los derechos humanos. Los niños no deberían ser materia prima para el comercio como lo son todavía en muchos países.

¿Cree usted que en países como México, o como les llaman “en vías de desarrollo”, la trata de personas con fines sexuales es un problema mayor?

Sí, por supuesto, porque uno tiene que venderse a sí mismo, o a sus hijos, porque no tiene dinero. También es un gran problema en algunos países de Europa y Asia y tiene que ver con cosas que suceden ahí; por ejemplo, si piensas en el turismo sexual, éste está creciendo en todos lados, aún en los países del Mediterráneo es algo que se está expandiendo: el turismo que tiene que ver con aprovecharse de niños pequeños, chicos y chicas. Se está volviendo cada vez más grande, y por supuesto, en países europeos como Grecia o España, en donde hay fuertes crisis económicas, es lo que está sucediendo. También hay problemas de narcotráfico y todo se combina con la prostitución y otros tipos de negocios ilegales.

Y estamos hablando de negocios globales…

Sí, son negocios globales, están en todo el mundo.

Por ejemplo, una chica desaparece en México y puede aparecer en las calles de Camboya, como esclava sexual…

Así es. Puede aparecer en cualquier lugar del mundo.

¿Por qué cree usted que a lo largo de la historia de la humanidad se ha usado de esta manera el cuerpo de la mujer?

Es una larga historia que tiene que ver con todo tipo de sociedades y mentalidades patriarcales en las que las mujeres siempre han sido las últimas. Lo mismo ha sucedido en la historia de las religiones, sobre todo de las muy rígidas, pensemos en el Islam en la actualidad y en otras culturas en las que las mujeres siempre son las segundas. Pero por supuesto muchas, muchas cosas han cambiado en nuestros días, y me alegra que en muchos países los derechos de las mujeres son derechos humanos; que quien nace tiene los mismos derechos, así sea un niño o una niña. En Escandinavia y estos países del norte es diferente porque las sociedades son menos patriarcales; hombres y mujeres tienen la oportunidad de votar y de ir a la escuela. Es diferente en muchos, muchos sentidos.

¿Pero en Finlandia no hay muchos crímenes sexuales en la actualidad?

Sí. En Finlandia, en Escandinavia, en Suecia, en todos lados.

Con la saga Millenium, Stieg Larsson nos abrió los ojos en esta parte del mundo con respecto a la violencia contra las mujeres que se vive en los países escandinavos, porque siempre pensábamos que ustedes todavía vivían con relativa paz…

Quizá en la superficie… Tiene que ver con estar tan cerca de Rusia y los otros países pequeños como Lituania. Nuestros criminales llegan del Este, y todo tiene que ver con las drogas y cierto tipo de crímenes. Y cuando tienes el problema de los adictos a las drogas duras, como nuestra gente en Finlandia y en Suecia, también llegan muchas prostitutas de Rusia y otros países, que han sido raptadas y llevadas a los países escandinavos. Les hacen creer que van a trabajar de bailarinas o de otras cosas en lugares bonitos, y terminan en table dance o en prostíbulos, o encadenadas en el departamento de un tratante.

Lisbeth
Lisbeth Salander

Es esclavitud moderna…

Sí. Totalmente. No hay otra definición.

¿Por qué cree que ha tenido tanto éxito este boom de novela negra de los países escandinavos que comenzó con Henning Mankell y ahora tiene representantes como Stieg Larsson, Camilla Låckberg, Åsa Larsson, usted misma?

No lo se. Yo no me considero escritora de thrillers. Quizá esta novela tiene algo que ver con un thriller, y algún otro libro mío, pero creo que soy una escritora de muchos tipos de novelas.

Pero, por supuesto, si escribes cosas como ésta es muy fácil que digan que escribes novela negra. Pero uno tiene que escribir sobre la gente que vive en el margen, y eso es lo que vuelve humana a la novela.

La novela que salió en Finlandia después de ésta, hace dos años, se llama Ratas de balcón, y los personajes principales son también chicas adolescentes de 13 y 14 años. Una de ellas es una chica africana que ha llegado con su familia a nuestro país y también se involucra con criminales de una manera distinta porque proviene de una familia islámica. Y me di cuenta de que debía escribir una novela más que será el final de la trilogía de estas historias de chicas jóvenes, porque me preguntaba por qué nadie escribe sobre chicas jóvenes, adolescentes, si ellas son más vulnerables. Quiero decir, hay gente que vende el cuerpo de una mujer o de una chica adolescente. Por eso estoy interesada en esta etapa de la vida: están a la venta, por decirlo así.

¿En su trabajo como periodista también está interesada en estos temas?

De cierto modo, porque en Finlandia no puedes vivir sólo de escribir novelas. Tienes que hacer otras cosas, así que he hecho periodismo toda mi vida, y también tengo la profesión de psicoterapeuta. Y escribo sobre la psicoterapia, por eso estoy tan interesada en la mente. Y en el periodismo siempre quiero salvar al mundo.

Después de esta frase, Anja Snellman ríe y bromea al respecto de cómo los periodistas siempre intentamos salvar al mundo y… casi nunca lo conseguimos.

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