Por Gabriela Pérez

Para hablar de Teorema de Pasolini, se necesitan varios corolarios. En donde el primero de ellos, es el propio autor.

Pasolini, nacido en el seno de una familia católica, siempre mantuvo con la religión una relación entre la tirantez y la admiración. Razón por la cual, en los cambiantes años 60, se produjo un intenso acercamiento con la Iglesia, mediante Lucio Caruso, un laico católico que había quedado impresionado por la raíz cristiana del filme Accatone.

Caruso fue enviado a contactar con Pasolini por el Padre Giovanni Rossi, fundador de la Pro Civitate Cristiana, entidad creada para el acercamiento con figuras ateas de la cultura. Para sorpresa de Pasolini, Caruso le propuso hacer una película sobre la figura de Jesús. Así nació el proyecto de El evangelio según San Mateo.

Pasolini, cuando participó en el filme por episodios Rogopac (1963), había ridiculizado en el suyo (La Ricotta) las pomposas representaciones que Hollywood hacia de Jesús. Por lo que, basándose en las representaciones parroquiales de la pascua cristiana, hizo una obra natural, austera y minimalista, con actores no profesionales entre los que incluyó a su madre, Susanna, una devota católica, en el rol de María adulta. Dedicada por el propio realizador a la memoria del Papa Juan XXIII, por el que sentía una gran admiración, El evangelio según San Mateo ganó el premio OCIC en el Festival de Venecia de 1964, y fue aclamada por la crítica, sobre todo por la presentación distinta que hacía de la vida de Jesús.

Cuatro años después Pasolini vuelve a la figura de Jesús, pero esta vez en forma polémica, con Teorema.

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Teorema se publicó originalmente en 1968, es la historia en forma de parábola formada por rompecabezas de vidas disímiles bajo la lupa de una descripción meticulosa.

El registro narrativo de Teorema es ampliamente descriptivo, pero cuando la acción irrumpe, lo hace de modo definitivo. La sucesión temporal está desencajada, y eso lo remarca el autor a cada paso. Se demuestra la permanencia de los grandes mitos en el contexto de la vida moderna, mostrando ejemplos de la injerencia de lo sagrado en nuestra vida cotidiana.

Teorema es el pasaje de un desconocido muy bello, muy bueno, muy diferente de la familia de burgueses milaneses que lo recibe como huésped. Todos lo aman, todos serán problematizados por él, poseídos por él en el sentido absoluto del término. Después él parte. Y este pasaje de dios los deja devastados. La alegoría de Cristo que es este visitante desconocido no es el Jesús en el contexto actual, no es el Eros de los griegos, es un mensajero que saca a los mortales de su equivocada seguridad, destruye la buena conciencia adquirida inescrupulosamente, al abrigo de la cual viven, los burgueses, en una falsa idea de ellos mismos.

En la segunda parte de la película, Pasolini se dedica a explorar la evolución de cada uno de los personajes tras la partida del Visitante, incidiendo en la sensación de pérdida y angustia experimentada por todos, excepto por Emilia, representante de una clase inferior y por lo tanto no aferrada a la riqueza material, al igual que sucede también con el cartero que, no por casualidad, aparece siempre batiendo los brazos, como si volara.

En Teorema, la sexualidad con su ambigüedad sacro-mundana es el lenguaje para expresar una verdad. En donde la sirvienta representa al pueblo (es ella quien recibe a Angelino, el cartero), y está por lo tanto más cerca de la realidad. “Bienaventurados los simples de espíritu”.

El director insistirá en varios detalles para diferenciar su experiencia de la del resto, y por eso Emilia será la única de la que el Visitante no se despedirá, gesto que, aunque pueda parecer trivial, ya prefigura la idea -corroborada después, cuando veamos que dios obra a través de su cuerpo para hacer milagros- de que ella será la única que no vivirá la ausencia del Visitante como una pérdida. No olvidemos que es ella quien recibe las dos anunciaciones de Angelino, que señalarán la llegada y la partida del Visitante, antes de la cual los personajes, en forma de monólogos en confesionario, expresan sus emociones.

Si bien es cierto que la llegada de éste también ha resultado reveladora y, hasta cierto punto, liberadora para el resto de la familia, su partida se traducirá en comportamientos desesperados de fatídicos efectos y en acusadas crisis de angustia, tomen de éstas como símbolo el puño cerrado de Odetta, la frenética actividad artística donde Pietro vuelca su locura o el grito desesperado en el caso de Paolo y Lucía.

El vacío al que estos personajes se verán abocados y sus vanos intentos por llenarlo serán sugeridos por el realizador mediante distintas estrategias. Quizás la más evidente es la utilización de encuadres sobre cuerpos y objetos que nos remiten directamente a la primera parte de la obra (la ropa tirada del chico con el que se acuesta Lucía, el cuerpo del joven al que Paolo mira en la estación). Para describir todos estos procesos, Pasolini idea una estructura casi matemática, rasgada por enormes elipsis, donde su teorema queda despojado de todo ornamento innecesario para tomar la forma de sólido andamiaje que sustenta a una historia donde la mezcla entre religión y erotismo impregna a toda la película, sin pudor y con absoluta naturalidad, y se perfila como el único poder catalizador capaz de desestabilizar a una clase social dominante que siempre estuvo en el punto de mira del realizador por cuanto representaba “un modelo de vida que niega a todos los demás y responsable de propiciar el desvanecimiento de la cultura sentimental y moral de las clases trabajadoras”.

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El enunciado de este teorema exige ese exhibicionismo. El escándalo es la tesis que se sostiene, y no es el contenido lo que escandaliza sino la forma, porque ésta es simple y –en apariencia– convencional, pero de hecho, rigurosa hasta la provocación.

El excelente tratamiento de la luz, tenue y amarillenta, es, junto a la música de Ennio Morricone, una de las pocas concesiones otorgadas a la calidez en una película donde la fotografía de Giuseppe Ruzzolini potencia la frialdad de los colores apoyándose sobretodo en los verdes, los blancos y los azules. Es interesante, sin embargo, observar como el Visitante aparecerá frecuentemente bañado por esa luz y como tras su partida ésta servirá para expresar la melancolía mediante el halo divino que planea por el paisaje. En este sentido, la secuencia del entierro de Emilia o aquélla en la que Lucía sale de la casa de su joven amante, resultan especialmente significativas.

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Mediante el tratamiento claramente antinaturalista de la banda de sonido y optando por un montaje donde destaca un uso del plano-contraplano y un efectivo aprovechamiento de los saltos entre plano y plano, Pasolini renuncia a la continuidad en favor de la asociación intuitiva de imágenes, convirtiendo a Teorema en una obra misteriosa, recorrida por un halo de extrañeza y surcada por fotogramas perturbadores de gran potencia sensorial, como las imágenes de la casa, por ejemplo, que aparecen durante la primera parte, como símbolo de la seguridad en la que vive refugiada la familia antes de su completa desintegración, y que contrastan con las inclusión recurrente de esas tomas del desierto azotado por el viento. Pese a la dureza y la intransigencia de su desenlace, Teorema se nos revela, plano a plano, como la obra de un autor con una mirada tan crítica como compasiva. Y tanto la cita del Éxodo, que abre la película y adquiere completo sentido cuando conocemos el destino de Paolo, como la decisión de Emilia, que se enterrará en una construcción hermanándose así con las civilizaciones sepultadas por el progreso, son elementos que servirán a Pasolini de eslabón para tender un lazo histórico que hace de Teorema una obra universal, atemporal y mítica.

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Gabriela Pérez
ELDA GABRIELA PÉREZ AGUIRRE NACIÓ EN LA CIUDAD DE MÉXICO, EL 6 DE MARZO DE 1976. ESTUDIÓ QUÍMICA EN LA UNAM; POR PASIÓN, ES PROFESORA DE CIENCIAS, EN EL INSTITUTO ESCUELA Y AUTORA DE DISTINTOS LIBROS DE TEXTO, DE QUÍMICA Y FÍSICA PARA SECUNDARIA Y BACHILLERADO. CONFORMÓ PARTE DEL EQUIPO DE CIENCIAS DEL INSTITUTO LATINOAMERICANO COMUNICACIÓN EDUCATIVA, COMO AUTORA DE LIBROS DE TEXTO Y DE GUIONES PARA TELESECUNDARIA, FUE EDITORA DE LA REVISTA CIENCIAS, DE LA UNAM. PARTICIPÓ EN LA ESCUELA DINÁMICA DE ESCRITORES DE MARIO BELLATIN Y HA CONDUCIDO EL PROGRAMA TRIPULACIÓN NOCTURNA DE RADIO EFÍMERA. LUEGO DE COLABORAR CON LA EDITORIAL TALLER DITORIA EN EL ÁREA DE DIFUSIÓN Y PROMOCIÓN, FUE FUNDADORA Y EDITORA DE AUIEO EDICIONES Y DE LOS LIBROS DEL SARGENTO.
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