Por Magdalena Carreño
Dicen que todos los monstruos nacen en la noche y con tormentas. Éste sin embargo, apareció una mañana soleada en la que el ojo daba la bienvenida al cielo azul. Su nacimiento fue casi al mismo tiempo que el canto de un gorrión.

Sus padres le trataron con cariño, aún cuando algo extraño en él era visible desde antes de caminar. Creció sin decir palabra alguna hasta su doceavo cumpleaños. Ese día quedó huérfano.

A su padre lo encontraron colgado en el baño y su madre, tenía abierto el pecho con un cuchillo de cocina.

Me enteré de esto a través de él, la primera vez y única vez que lo vi.

Estaba sentado en la banca de un parque, viendo al vacío. Algo más tenebroso que su aspecto repelía a los seres vivos.

Piel pálida, llena de protuberancias como las de un sapo, piernas largas pero deformes, ojos que asemejaban los colores de un plátano muy maduro. Dedos delgados como las patas de una cucaracha, nariz que asemejaba a la de una rata. Ver sus cabellos hacía pensar en pequeñas arañas caminando sobre su cabeza.

Algo me jaló hacía esas facciones duras como el granito. Me senté al otro extremo de la banca, me ignoró. Esa indiferencia fue el primer indicio de que debía huir. Me resistí, poco a poco me acerqué. Le pregunté su nombre y respondió: Uzziel.

Lo más desagradable de él eran sus labios delgados, resecos, amoratados. Su voz asemejaba un graznido pero la articulación de sus palabras era muy clara.

Su aliento era como menta podrida, así como las palabras que pronunció aquella tarde y profundas como daga enterrándose.

Palabras podridas, palabras que abrían en tu mente un abismo sin fondo. Nació un día soleado pero lo que te decía ponía la noche más oscura en ti. Te demolía la forma mecánica en que te hablaba, sin sentimientos.

Palabras desnudas, crudas que enloquecían. Lo oí por menos de quince minutos y luego, corrí y corrí…

Escuché su historia, derrumbé la mía. Las certezas que había guardado por tanto tiempo se hicieron añicos, mis metas me parecían tan vacías, el tiempo tan corto y opresivo.

Uzziel el señor de todos los miedos y las inseguridades que puede cargar un hombre. Era el comandante del pánico que bajaba tus defensas hasta enfermar, que te hacía deprimir hasta perder todo lo que te rodea.

El verdadero monstruo no era él, sino lo que sembraba dentro de ti. Eso que en la noche piensas, eso que en el trayecto a la escuela o al trabajo te hace temblar, eso que… te va comiendo por dentro.

Elia
Magdalena Carreño
MAGDALENA CARREÑO. PERIODISTA, LECTORA COMPULSIVA, APASIONADA DE LA MÚSICA Y LAS ARTES PLÁSTICAS. CREO QUE LA LITERATURA ES EL MEJOR ESCAPE DE LA REALIDAD Y A LA VEZ, LA MEJOR FORMA DE ACERCARSE A ELLA. @NUITAILE

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