Por Gabriela Pérez

Una de las amigas de las que quiero platicarles hoy tenía un enamoramiento profundo por las palabras. Escuchadas, escritas dichas o inventadas formaban su mundo.

Todo tiene una explicación, incluso la enferma pasión de mi amiga, pero a veces está bien enamorarse o experimentar algo místico como la adicción a las letras, fonemas y grafemas, sin preguntarse demasiado.

Cabe aclarar que no pretendo solazarme en denunciar creencias irracionales o, en el peor de los casos, ridículas o peligrosas. Me interesa en cambio, saber cómo se comporta el cerebro de alguien a quien estimo ante la fe y experiencias místicas como el amor. Sé muy bien que para muchos, la creencia en lo sobrenatural es una experiencia cotidiana y, en tal caso, me parece fascinante tratar de entender biológicamente la base de este fenómeno.

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Por ejemplo, un portador de epilepsia que vive los síntomas de la enfermedad como si fuera un mensaje divino porque no convulsiona sino que tiene crisis distónicas y escucha además voces y tiene alucinaciones, crea que su caso es idéntico –por supuesto con tratamiento distinto- al del hermano de Johannes Kepler, pues no negarán que es biológicamente interesante. También hablemos de que se puede comparar la explicación de la “luz al final del túnel” con la hipoxia que se genera en un paro cardíaco y que evoca la sensación del cuerpo-fuera-del-cuerpo, así como las alucinaciones de aquella amiga, o inclusive, las de espiritualidad para calmar la ansiedad. No es cuestión de buscar permanentemente la explicación científica de todo, todo la tiene, sino también de disfrutar una experiencia por sí misma, sin que sea necesario andar haciéndose preguntas en todo momento; todo tiene una explicación natural, ya les dije, a veces basta con tener miedo, o enamorarse.

Nuestra especie experimentó un crecimiento cerebral y cognitivo que la hizo reflexionar sobre sí misma. En algunos de esos recovecos del cerebro fue ganando espacio y preponderancia la necesidad de creer en algo. Así, esa creencia o conjunto de creencias, fue generando reglas, códigos, tribus urbanas y, sin darnos cuenta, fue configurándose el fenómeno religioso. La ciencia aporta pruebas de que la religión nos hace sentir bien, es decir, nos promete un relativo control sobre el cosmos y lo que vendrá, ordena a la comunidad de acuerdo con las reglas morales y sobre todo provee de un elemento de cohesión social indestructible, o casi.

Periquito-quimera

El lenguaje escrito es una actividad organizada y voluntaria, con análisis consciente de los sonidos que lo forman. Al principio se despliega y luego se transforma en hábito automatizado complejo. Escribir supone el conocimiento de los códigos del lenguaje, habilidad para convertir los fonemas en grafemas, conocimiento del sistema grafémico, adecuada motricidad fina y habilidad espacial para distribuir, juntar y separar letras. Entre las habilidades requeridas en el proceso de la escritura se encuentra el reconocimiento auditivo de letras y palabras, la búsqueda y el rastreo visual una vez escrita la palabra, la percepción auditiva de figura-fondo, la percepción auditiva en secuencia, la discriminación auditiva fonética, la memoria auditiva, el entendimiento verbal auditivo, las habilidades de secuencias auditivas, el lenguaje repetitivo, la fluencia de la escritura, la orientación derecha- izquierda, la sensibilidad táctil, el reconocimiento de la forma a través del tacto o estereoagnosia, la localización dactilar, los tiempos de reacción y las preferencias laterales. El proceso conlleva distintos eslabones; en toda escritura el primer eslabón es la conservación del oído fonemático, que es indispensable para analizar la composición acústica de la palabra.

La religiosa conservación del orden de los sonidos conforma el siguiente eslabón, en éste, la tarea consiste en analizar el complejo acústico consecutivo que constituye cada palabra. Como tercer eslabón se encuentra la inhibición de los componentes fuertes; este proceso se altera cuando hay algún debilitamiento de la inhibición activa. Luego se realiza la recodificación de los fonemas en elementos ópticos, con su ejecución motriz. Cada grafema tiene su propia estructura visoespacial y para la realización se requieren análisis especial.

Mi amiga enamorada del lenguaje no puede escribir letras aisladas al dictado, tiene fallas en la elección del sonido escuchado y dificultades para escribir sílabas con estructura acústica compleja. Las articulaciones que realiza son inútiles como ayuda; en la escritura de palabras consolidadas tienen éxito, pero hay omisión de sonidos próximos. Podemos resumir su dolor amoroso a una afasia temporal.

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La neuroteología: “Es una nueva rama de la neurociencia que intenta explicar la experiencia religiosa en términos de la actividad de las neuronas y, con ese propósito, echa mano de todas las herramientas tecnológicas disponibles para entender el cerebro”. La exploración clínica del lenguaje escrito debe formar parte del examen general del estado mental de pacientes con afasia, con trastorno intelectual, de la memoria, etc. Curiosamente son los afásicos quienes más pueden ayudar a conocer la organización cerebral de los procesos de la lectura y la escritura, dado que manifiestan pérdida o alteración de la habilidad para producir lenguaje escrito, consecuencia de algún tipo de daño cerebral.

Conviene ahora decir que mi amiga afásica y la epiléptica son dos personas encantadoras, sensibles e inteligentes y aunque el color de sus ojos sea distinto, comparten muchas cosas. En una se observan errores de ortografía y reiteraciones de letras. La otra se distingue por reiteraciones de rasgos y letras y por el aumento del margen izquierdo. Como imaginarán ambas tienen dificultades en la lecto escritura. Y ambas aman su cuerpo, que es el mismo, porque para aderezar el cuadro, tienen quimerismo humano.

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Los mecanismos cognoscitivos que subyacen a la escritura no son aún del todo conocidos y quizá por ello no se ha logrado implantar procedimientos de reeducación suficientemente adecuados y efectivos. Mis amigas no tienen que preocuparse; cuentan conmigo que soy, además de voraz lectora, aficionada de la ciencia, y defensora de muchas causas sociales, literalmente una parte de ellas. Sí, también yo estoy ahí, y nuestra pasión por el lenguaje se equipara. Como hay que ser diferentes, nuestro cuerpo tiene más de dos materiales genéticos distintos. En un día tranquilo podemos escribir un texto entre las tres, sólo nosotras tres, porque a las otras, que sólo comen ensalada, no les hablamos.

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Gabriela Pérez
ELDA GABRIELA PÉREZ AGUIRRE NACIÓ EN LA CIUDAD DE MÉXICO, EL 6 DE MARZO DE 1976. ESTUDIÓ QUÍMICA EN LA UNAM; POR PASIÓN, ES PROFESORA DE CIENCIAS, EN EL INSTITUTO ESCUELA Y AUTORA DE DISTINTOS LIBROS DE TEXTO, DE QUÍMICA Y FÍSICA PARA SECUNDARIA Y BACHILLERADO. CONFORMÓ PARTE DEL EQUIPO DE CIENCIAS DEL INSTITUTO LATINOAMERICANO COMUNICACIÓN EDUCATIVA, COMO AUTORA DE LIBROS DE TEXTO Y DE GUIONES PARA TELESECUNDARIA, FUE EDITORA DE LA REVISTA CIENCIAS, DE LA UNAM. PARTICIPÓ EN LA ESCUELA DINÁMICA DE ESCRITORES DE MARIO BELLATIN Y HA CONDUCIDO EL PROGRAMA TRIPULACIÓN NOCTURNA DE RADIO EFÍMERA. LUEGO DE COLABORAR CON LA EDITORIAL TALLER DITORIA EN EL ÁREA DE DIFUSIÓN Y PROMOCIÓN, FUE FUNDADORA Y EDITORA DE AUIEO EDICIONES Y DE LOS LIBROS DEL SARGENTO.
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