Cuando el pasado te alcanza: La casa inundada, de José Mariano Leyva


Por Irma Gallo

En medio de una crisis emocional por los excesos de alcohol y cocaína, un hombre se decide por fin a enfrentar a los fantasmas del pasado y empieza a recordar a ese niño que fue a mediados de los setenta y principios de los ochenta, cuando el país recibió a miles de exiliados por las dictaduras militares en América Latina y se vivía una efervescencia libertaria. Este es el argumento central de La casa inundada, la novela más reciente de José Mariano Leyva (Cuernavaca, 1975).

“No te puedo decir que son exactamente memorias porque no lo son”, aclara Leyva en entrevista, “hay muchas cosas de ficción. Hay partes exageradas, pero sí. Es decir: esta novela arrancó a partir de una serie de recuerdos que yo tuve, no los más agradables, en un momento que no la estaba pasando muy bien”.

Si bien José Mariano Leyva afirma que el personaje del principio de la novela no es él, sí reconoce que surgió a partir de una crisis que experimentó: “de repente hay un pasado sí, de niños abusados, sí de mucha violencia, sí de niños de los exilios, que yo viví mucho tiempo, al que le estaba tratando de rehuir. Y de repente lo que pasa es que -por eso se llama La casa inundada– tú le quieres huir a algo que te duele, un pasado, que finalmente te va ahogando y si no le haces caso, si no le pones atención, es todo lo contrario lo que sucede. Sigues prolongando el dolor, cuando el dolor, que sucedió en el pasado, se tendría que haber quedado ahí”.

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José Mariano Leyva. Foto: Irma Gallo

Mario, el personaje central de la novela, y su hermana Alejandra, viven en una época en la que para los padres a veces es más importante el activismo y la revolución para intentar cambiar al mundo que la propia familia. Sin embargo, a ellos les va “bien”, en comparación con otros niños de su generación y del ambiente en el que viven.

“Por ejemplo”, comienza el autor de Los imponderables, “los niños nicaragüenses que viven en la casa gris: tres niños que eran insoportables, que golpeaban, que peleaban, que nadie sabía controlarlos y luego me entero después, muchos años después, que a estos tres niños a sus padres los mataron enfrente de ellos. Los torturaron hasta la muerte”.

Los padres de esa generación, dice el también director del Fideicomiso del Centro Histórico, querían luchar contra ese tipo de violencia. Sin embargo, “al lanzarse contra este tipo de personas inhumanas, enfermas, ellos descuidaron a sus hijos, y lo que sucede por el otro lado es la violación de uno de ellos en una comuna revolucionaria. Entonces tienes víctimas infantiles de los dos lados”.

A José Mariano Leyva le pasó un poco lo que a su personaje Mario: cuando se volvió padre, se dio cuenta de que no es tan fácil. Sin embargo, al contrario de lo que pudieron hacer sus padres con Mario, Leyva se ha vuelto un papá “conservador”, en el sentido de que cuida mucho de su hija y le pone toda la atención.

“Lo que me di cuenta con este libro es que es un libro muy dolido, probablemente el más dolido que haya escrito. Lo que nos define a final de cuentas, por desgracia es el dolor, pero siempre, frente a todo dolor tiene que existir un consuelo. De alguna manera”.

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