Clausura del 34 Festival de Teatro de la Ciudad 2016


 

El teatro es tan infinitamente fascinante,

porque es muy accidental, tanto como la vida.

Arthur Miller

 

 Por Consuelo Sáenz. Fotografías de Alfonso Camerino Domínguez (excepto donde se indica)

Del 15 al 22 de julio, como ha sido costumbre durante los últimos 34 años, Ciudad Juárez se preparó para dar bienvenida a los artistas y amantes del teatro que ansiosos por escapar de su rutina asistieron al Auditorio Cívico Municipal Lic. Benito Juárez. Siete obras teatrales compitieron por el primer lugar, con sus respectivos actores, actrices y directores.

El día de la clausura, además de los familiares y amigos imprescindibles, acudieron también los seguidores del actor Joaquín Cosio (Tepic, Nayarit, 1962). De lujo estuvo el plantón que el actor nayarita dio como muestra de agradecimiento para el público juarense que lo ha acompañado durante su trayectoria de más de treinta años; primero cuando sus inicios en los escenarios teatrales universitarios y, posteriormente, al dar el gran salto a la pantalla grande con la desventurada película de Quantum of Salance (2008), y sin embargo, gracias a la cual el nombre del actor trascendió la escena nacional. Tras bambalinas me enteré que al actor se le había preparado un homenaje. Ingenuamente pregunté a razón de qué. Es decir, es comprensible y hasta necesario dar reconocimiento al hijo pródigo que regresa al terruño convertido en un gran hombre, como Perseo regresa con la cabeza de Medusa. Gracias a la Era tecnológica estamos al corriente de los sucesos, vidas y milagros de nuestras brillosas criaturas del celuloide desde sus diversos ámbitos culturales y artísticos. Joaquín Cosio arribó a Ciudad Juárez con unos días de anticipación, fue recibido con harta alegría por camaradas y público afortunado que se cruzaba a su paso. Asistió a programas de radio, prensa y televisión, pero a la clausura del 34 Festival nunca llegó.

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Joaquín Cosío con el narrador juarense César Silva Márquez. Foto: Facebook de César Silva Márquez

Con la obra Esa melancolía que le da a uno a veces, de Alejandro Ricaño, bajo la dirección de Rubén Jordan, a cargo de la compañía La bodega, originaria de la capital del Estado, se dispuso a la premiación y clausura de la muestra. El maestro Ernesto Ochoa Guillemard fue el encargado de dar lectura a manera de aclaratoria los elementos que el jurado, compuesto por Ernesto Ochoa Guillemard, Luis Carlos Ortega y Gabriel Figueroa, tuvieron para elegir a los ganadores, que a continuación se declara:

Tomando en cuenta los criterios de:

1- coherencia entre los propios elementos que componen la obra concursante

2- El valor estético de la puesta en escena

3- La pertinencia social de la historia y el tratamiento de los temas expuestos

4- La honestidad creativa de los realizadores e intérpretes

Los miembros del jurado hemos decidido de manera unánime otorgar los siguientes premios y distinciones:

Mejor actriz: Jessica Hernández, Lo que queda de nosotros

Mejor actor: Carlos Chávez, Estudio dramático en dos actos

Mejor director: Jissel Arrollo, Lights

Obras ganadoras:

3ro Lo que queda de nosotros, Compañía Hybris teatro

2do Estudio dramático en dos actos, Compañía La tribu

1ro   Lights, Compañía La última butaca

Hubo sorpresas en cuanto a los dos actores ganadores, específicamente. Una joven actriz emergente que se impuso ante las actrices de trayectoria por su sentido de honestidad, de fe y creencia escénica, de frescura, de aplicación y conocimientos de la técnica y la intuición actoral, respondió quien fungió como jurado del 34 Festival de Teatro de la Ciudad, Luis Carlos Ortega. A lo que respecta al actor ganador fue su capacidad de creerse el personaje. Dio muestra de una actuación distinta a lo que nos había tenido acostumbrados.

Gabriel Figueroa
Gabriel Figueroa 

 

 

¿Cuáles son los retos que encuentran por el que atraviesa el teatro local o de provincia a diferencia del teatro que se hace en el centro de la república?

Gabriel Figueroa: El mayor reto, a mi juicio, es el de la profesionalización. ¿Cómo poder ser rigurosos en nuestro quehacer teatral, si no podemos dedicarnos de tiempo completo y enfocar toda nuestra energía a ello? Por lo que pude observar en Ciudad Juaréz, se cuentan con los dedos de una mano aquellos que pueden vivir de su trabajo teatral. En la capital del país es casi lo mismo, pero hay más fuentes de trabajo y los apoyos de la Federación son menos escuálidos que los que otorgan los gobiernos estatales y locales.

Luis Carlos Ortega: El teatro que se hace en Ciudad Juárez no se diferencia mucho de lo que se hace en otras partes del país, incluso con el que se puede ver en las grandes ciudades, donde sin embargo el talento puede llegar a encontrar el eco necesario a costa de múltiples modos de acceder a los sectores de oportunidad. El teatro local parece siempre una labor en ciernes, en una adolescencia permanente, con escasos ejemplos de producciones de corte más profesional que constituyen una rara excepción. Pareciera que el teatro juarense avanza dos pasos en el lapso de unos años para retroceder otros dos en los años siguientes, en una situación prácticamente estacionaria en la que sólo cambian los nombres y los rostros. Hacer teatro en Juárez significa robar tiempo a las actividades productivas, poner dinero del propio bolsillo, confrontar frecuentemente a improvisados directivos que confunden el apoyo a la cultura con la promoción de eventos con música de banda o la celebración de cualquier acto de corte cívico que sirva de pretexto. Hacer teatro en Juárez significa en muchos casos enfrentar los prejuicios conservadores que lo asocian con la perdición, el vicio y las preferencias sexuales exóticas. Es una lucha a contracorriente cargada de optimismo y terquedad, de convicciones y dudas, de abandonos y regresos … En el lapso de mis 34 años de haber iniciado mi aventura fronteriza en el trasiego del histrionismo he visto de todo: actores, directores, productores, mediocres muchos, prometedores o de meteóricos ascenso y caída otros, algunos de primerísimo nivel que luego de unos años de importante actividad terminan por buscar mejores horizontes, fallecer o desaparecer tras las bambalinas de la rutina familiar o laboral, hartos de lo mismo, de verse enfrentados a la falta de proyección o de oportunidades. Hacer teatro en Juárez, a diferencia de lo que se hace en el centro del país, es resignarte a dedicar por entero tus esfuerzos a una actividad que llena por entero tu curiosidad o necesidad creativa sí, pero de la que –salvo raras excepciones- difícilmente puedes vivir.

¿Qué aportación hace el teatro a la vida cultural de un país?

Gabriel Figueroa: La cultura, entendida como esa segunda naturaleza del ser humano, tiene que ser atendida de manera constante: nutrirla, cuestionarla, confrontarla, modificarla… Y qué mejor que el teatro para ello, que de manera sensible permite hacer visible lo invisible, no aquel traje de rey -que camina desnudo frente a sus súbditos- sino la estupidez y cobardía de quienes aseguran que lo lleva puesto.

Luis Carlos Ortega: Sin pensar -con la parcialidad que genera la propia pasión- que se trata de una aportación vital, es menester destacar la importancia que implica en el sentido de cómo refleja la propia realidad, pero con elementos estéticos y de propuesta que mueven a la reflexión y al análisis para quien lo disfruta. El teatro obliga a pensar, a replantear las cosas, a enfrentar nuestros propios miedos e inconformidades en el lapso de los minutos de duración que tiene una propuesta escénica con la que nos llegamos a identificar. Culturalmente representa identidad, sentido de la estética, provocación, confrontación,  reflexión, replanteamientos o afirmaciones personales, pero sobre todo, oxígeno mental tan necesario en una comunidad tan cargada de los altamente mediocres bombardeos comerciales que padecemos hoy en día.

Luis Carlos Ortega
Luis Carlos Ortega

Los actores premiados causaron sorpresa. ¿Cuáles fueron las deficiencias que, como jurado, notaron en las actuaciones, qué hace falta mejorar a nivel actoral?

Gabriel Figueroa: Las deficiencias varían, en unos tiene que ver con la poca experiencia -propia de su juventud- que se evidencia mucho más, cuando en un mismo concurso, se les tiene que comparar con otros actores que cuentan con una trayectoria vasta. En otros casos se debe al apego que tienen a ciertas formas y estilos, los cuales no dominan y, por lo mismo, se entorpece la expresión y manejo de sus emociones. Era muy notorio, en la mayoría, la falta de técnica, de entrenamiento, de conciencia y dominio de su propia herramienta de trabajo, es decir de su propio cuerpo… ¿Qué es lo que haría falta para mejorar el nivel actoral? Lo de siempre,  aplicar recursos. Recursos que se inviertan en una mejor enseñanza para aquellos que están estudiando, en talleres de entrenamiento y actualización para aquellos que ya ejercen y en mejores sueldos para aquellos que sí saben lo que hacen y lo hacen bien,  pagos dignos, acordes a su talento, experiencia y capacidades para que en todo momento se les pueda exigir que cada función que lleven a cabo la ofrezcan como si fuera la primera y la única vez que lo harán y en ello se les vaya la vida, y de vida nos llenen a nosotros, como espectadores.

Luis Carlos Ortega: Vimos un poco de todo. Difícil decidir en una muestra donde se mezclan talentos en ciernes con grandes y experimentadas trayectorias. Hubo necesidad de aplicar un criterio más amplio de evaluación, en una muestra que tuvo deficiencias actorales en prácticamente todos los montajes.  En lo referente a las actuaciones fue necesario cribar, por encima de las voces y acciones más experimentadas, el sentido de honestidad, de fe y creencia escénica, de frescura, de aplicación y conocimientos de la técnica y la intuición actoral… hubo voces altamente experimentadas de personajes principales que sin embargo no ganaron por ciertos desbalances interpretativos como es el caso del sonsonete o la exagerada afectación propia de antiguas técnicas de declamación, así como momentos de notoria falta de volumen, un desempeño de mediano acento y sobrada confianza, errores de memoria, de trazo o de ubicación en zonas de luz y penumbra, etc. En contraparte, tuvimos dos propuestas más modestas pero redondas en cuanto a conformación de personaje, honestidad e intensidad dramática y sentido de verdad suficientes para convencer al auditorio. Eso vimos.

Los temas de las obras que participaron son reflejo de nuestra vida y problemática en el México actual, es decir, ¿el teatro está llevando a escena lo que el público desea ver reflejado de sí mismo en el escenario?

Gabriel Figueroa: Sin duda. Todos los temas que plantearon las obras concursantes tienen que ver con la problemática actual de nuestro país, por la simple razón de que todas ellas hablan de la condición humana. El problema es que el tratamiento que se les dio quizá no haya sido el más acertado en muchos casos. Pero eso tiene que ver más con la concepción y propuestas escénicas… Y aquí tendríamos que señalar también las deficiencias de los directores concursantes.

Luis Carlos Ortega: Hay actualmente no sólo en el teatro fronterizo, sino en general en todo el país una cierta parcialidad hacia el teatro de “provocación” y de agresiva concientización, y menos hacia un teatro de entretenimiento y corte familiar. Creo que es reflejo de lo que ocurren en México desde hace tiempo, en el aspecto de los niveles de violencia social y de impunidad que priva en los distintos niveles de gobierno. No olvidemos lo que escribió Antonin Artaud acerca de que el teatro es la verdadera vida, y la vida cotidiano sólo su reflejo, su doble. Vivimos épocas de un teatro “reactivo”, que ante la falta de opciones para la expresión de las ideas se erige como instrumento idóneo para ello. Malo, sin embargo, que casi toda propuesta escénica vaya por esa senda, pues se requiere también de aportar mucho de magia y de estética teatral pura a la cotidianidad. Equilibrio pues.

¿Hay realidad ahí o es la realidad de unos cuantos?

Gabriel Figueroa:  Tan sólo de unos cuantos, pero esos “cuantos” también cuentan. Me explico: lo que se muestra en escena es percibido de diversas maneras por los espectadores (ese monstruo de cien cabezas, en la que en cada una hay un mundo), y unos se sentirán más identificados que otros, dependiendo de sus circunstancias y referentes. Ya se ha demostrado que la realidad de México no es sólo una. Hay muchos Méxicos en este país. Y, afortunadamente,  también hay muchos tipos de teatro. 

Particularmente, encuentro en el teatro actual un derroche innecesario en los temas de índole sexual, y lenguaje vulgar en algunos casos. Se ha descuidado el teatro familiar, ¿es esta una apreciación justa o errónea?

Yo, más que errónea, me atrevería a decir que su apreciación es separatista. El sexo es lo que mueve al mundo, ya sea con fines recreativos, reproductivos o de conocimiento. Más de cien millones de actos sexuales suceden cada día de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud… ¿Por qué no hablar de sexo en el teatro familiar? Pero sí, por otra parte, concuerdo en que hay una saturación al respecto y muchas veces la manera en que se hace no es la más adecuada para los menores de edad… Pero esto tal vez se deba a que los hacedores de teatro trabajamos a partir de nuestros intereses y obsesiones, y de lo poco o mucho que sabemos de la vida. La mayor parte del teatro que se hace en México está hecha por gente que no rebasa los 35 años. Son los que más producen, los que a pesar de todo insisten en seguir haciendo teatro para labrarse un futuro en la Escena Nacional, enfrentando día a día los embates de su propio país. Valiosos jóvenes que aún tienen el hígado completo, que todavía aguantan desveladas continuas y por alimento un par de sopas Maruchan… Pasa eso, que el Teatro somos los que lo hacemos. Y muchas veces quienes todavía pueden hacerlo, no tienen algo importante que decir y, cuando sí, a veces no saben cómo hacerlo.

Luis Carlos Ortega: No estoy peleado con el manejo de la violencia y el abordar temas de tipo sexual en una propuesta teatral, pero me parece que hay en este momento un exceso, una necesidad de imponer “a la brava” al menos una escena fuerte en todo montaje que se hace. No es requisito, pero lo parece. Lo que vemos sí se apega en mucho a la realidad, al menos al sentido de realidad de quienes lo promueven y de quienes acuden a verlo. Esto ha sido motivo de rupturas en el pasado de la ciudad, ocasiones en las cuales el teatro local ha caído en “baches” o divorcios con el auditorio, lo que también debe mover a la reflexión para entender lo que el público demanda en ese momento y lo que está dispuesto a ver. No todo es violencia y sexo. De acuerdo, estoy en la necesidad de aportar una vena más familiar en los montajes, pero quizá el hecho de que tenemos una gran cantidad de jóvenes tratando de hacerse escuchar, aporta mucho contenido de violencia y sexo en lo que actualmente vemos. El cine incluido.

No hemos perdido el Norte

 

Consuelo Sáenz
Consuelo Sáenz
CONSUELO SÁENZ (CIUDAD JUÁREZ, 1973) ES LICENCIADA EN SOCIOLOGÍA. OBTUVO LA MAESTRÍA EN EDUCACIÓN, INVESTIGACIÓN Y DOCENCIA, POR LA NORMAL SUPERIOR DE CIUDAD MADERO, TAMAULIPAS. BECARIA DEL TALLER DE CREACIÓN LITERARIA ICHICULT, 2010. HA INCURSIONADO EN DISTINTOS GÉNEROS: ENTREVISTA, CRÓNICA, CUENTO, ENSAYO, POESÍA Y RELATO. COLABORADO EN PRENSA ESCRITA, REVISTAS ELECTRÓNICAS Y RADIO. PARTICIPÓ EN DOS LIBROS COLECTIVOS: MANUFACTURA DE SUEÑOS (ROCINANTE EDITORES, 2012) Y 43 POETAS POR AYOTZINAPA (LOS CUADERNOS DEL CANGURO BOLSÓN EDITORIAL, 2015). COLABORADORA PARA LA REVISTA ELECTRÓNICA DE ARTE Y CULTURA RANCHO LAS VOCES, EN CHIHUAHUA.
 

 

 

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