El país de la cultura rentable


Por Omar Nieto

Cuando el Premio Nobel de Literatura, Wole Soyinka, inauguró la Casa del Escritor de Puebla el 1 de abril de 2003, segunda en el país en brindar refugio a escritores exiliados, el autor de origen africano se sorprendió. Las casas-refugio para escritores no sólo son escasas a nivel global sino que no cualquier gobierno las impulsa, ya que tienen el peligro de la visibilidad internacional.

Por si fuera poco tienen una doble función: mientras el autor refugiado continúa su obra –por lo general, significativa para el país de procedencia- también interactúa con la cultura y la sociedad del lugar que lo acoge en un acto de reciprocidad que les da la oportunidad a estos escritores de “regresar a su tierra con algo que les permite luchar con más fuerza y compromiso”, como lo dijo en la inauguración de este centro literario el propio Soyinka, quien aseguró que la próxima vez que regresara a Puebla, quizá haría uso de esas instalaciones por la carga que tiene la Angelópolis como Patrimonio Cultural de la Humanidad, según la UNESCO.

El primer Premio Nobel de la historia de África visitaría de nuevo dicha casa dos años después, acompañado de otra enorme figura de la cultura mundial: la futura Premio Nobel de Literatura 2015, Svetlana Aleksievich, quien junto al no menos importante escritor colombiano Álvaro Mutis, darían fe de la firma de un acuerdo entre la Secretaría de Cultura del Estado de Puebla y el Parlamento Internacional de Escritores para que se convirtiera oficialmente en “Casa del Escritor Refugiado”, incorporando así a Puebla a la red de ciudades-refugio del mundo.

En esa ocasión, Mutis señaló que las casas-refugio sólo pueden existir en ciudades con libertad, en la que los hombres tienen la oportunidad de decir “’aquí estoy”, ser tomados en cuenta y formar parte de la cultura universal.

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Wole Soyinka. Foto: Irma Gallo
Aquella sería la única vez en que Aleksievich visitaría México, ocasión en la que habría conocido también la Casa Refugio Citlaltépetl, ubicada en la colonia Condesa de la Ciudad de México, la otra casa de exilio de nuestro país para escritores perseguidos por regímenes autoritarios.

Yo salí de Puebla hacia la Ciudad de México en 1995, precisamente por la falta de oportunidades de estudio que había en esa ciudad. La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla no era lo que es ahora y no había una oferta tan nutrida como hoy, pues en la actualidad se puede adquirir una formación literaria de buen nivel también en la UPAEP, UDLA, el municipio de Puebla y otras instituciones culturales y particulares autónomas.

A la ciudad de Puebla no regresé porque en la capital del país encontré maestros, talleres, escuelas y espacios culturales gratuitos o de bajo costo para formarme como escritor. En la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco me encontré a Álvaro Ruiz Abreu, a Gustavo García, a Lauro Zavala, a René Avilés Fabila o a Héctor Manjarrez que me mostraron que el camino de la literatura era viable, posible y gozoso. Luego cursé un posgrado en la UNAM con profesores como Rafael Olea Franco, Sergio López Mena o Samuel Gordon que reafirmaron mi vocación. En la Ciudad de México pude tomar talleres con personalidades como Pablo Soler Frost o figuras clave de la narrativa “del norte” como Eduardo Antonio Parra, Luis Humberto Crosthwaite o Daniel Sada, quien una década antes había marcado ya el destino literario de Puebla impartiendo un mítico taller de narrativa en la Casa del Escritor, escuela en la que se formó la vanguardia de la literatura poblana actual con autores como Isaí Moreno, Eduardo Montagner, Carlos Ríos, Yussel Dardón, Alí Calderón o Jaime Mesa, a quienes habría conocido antes, de haber existido la Casa del Escritor en 1995, fecha de mi autoexilio hacia el Distrito Federal.

Ahora, casi a década y media de su fundación, dicha casa será desaparecida –vendida quizá a particulares- por un decreto firmado por el gobernador Rafael Moreno Valle.

Dicho decreto indica: “Se autoriza al Titular del Poder Ejecutivo del Estado, a enajenar el predio y casa marcada con el número doscientos uno, de la avenida Cinco Oriente de esta Ciudad, con una superficie de cuatrocientos sesenta y cuatro metros, sesenta y nueve decímetros cuadrados, con las medidas y colindancias que se mencionan en el Considerando I del presente Decreto”.

La brutal imagen de dicha enajenación circuló hace algunos días gracias al periódico Cambio, que difundió una fotografía donde unos trabajadores retiran la inscripción esculpida en cantera que da nombre a la casa, una imagen de completo interés nacional ya que el gobernador Rafael Moreno Valle pretende la Presidencia de la República en 2018.

Al declarar un cambio de utilidad, de cultural a cualquier otra vocación pública o privada, Moreno viola la Constitución Mexicana en su Art. 4 sobre el derecho a la cultura y a participar de ella, reforma adicionada en el 2011 y decretada por la Federación el 10 de junio de ese año, que al pie de la letra dice:

“Toda persona tiene derecho al acceso a la cultura y al disfrute de los bienes y servicios que presta el Estado en la materia, así como el ejercicio de sus derechos culturales. El Estado promoverá los medios para la difusión y desarrollo de la cultura, atendiendo a la diversidad cultural en todas sus manifestaciones y expresiones con pleno respeto a la libertad creativa. La ley establecerá los mecanismos para el acceso y participación a cualquier manifestación cultural”.

Así, el desmantelamiento de la Casa del Escritor de Puebla es una clara violación al pacto federal y a la Constitución por parte del gobernador Rafael Moreno Valle.

Ahora soy profesor de la Escuela de Escritores del municipio de Puebla y miro con alegría los efectos de cursos y talleres en las nuevas generaciones. Estoy convencido de que nadie debería ser privado de la posibilidad de participar de la cultura de un país, de un estado, y como era la vocación de la Casa del Escritor, del resto del mundo.

Lo más inverosímil de esta historia es el argumento por parte del Gobierno del Estado de que desconocía las actividades, talleres y uso social de la Casa del Escritor, lo cual es grave porque significa que el gobernador no sabe de las acciones que realiza el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla, organismo que forma parte de su gobierno y que coordina las actividades en dicho recinto.

Y es más grave que el Legislativo y el Ejecutivo de Puebla desconozcan que por la Casa del Escritor han pasado grandes figuras de la literatura nacional como Beatriz Espejo, María “La China” Mendoza, Mónica Lavín, Jaime Augusto Shelley, Vicente Quirarte, Hernán Lavín Cerda, Sandro Cohen o David Toscana, sin contar a las numerosas figuras locales que tienen un impacto nacional digno de observarse. Queda claro que a la élite política poblana no le importa que la casa sea “un punto de encuentro literario, donde talleristas, autores locales y venidos de otras ciudades se dan cita”.

¿O es que de llegar a ser Presidente, Rafael Moreno Valle decretaría la falta de rentabilidad de pirámides en proceso de descubrimiento, museos de bajo impacto social pero de la mayor significancia histórica? ¿De ser Presidente, Rafael Moreno Valle decretaría la inutilidad del Palacio de Correos, el Palacio de Bellas Artes o el Museo del Templo Mayor si es que no cumplen con la cuota de visitantes o usuarios tasados por los cánones de la museografía internacional?

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Fachada de la Casa del Escritor en Puebla. Foto: página web de la Casa del Escritor
O es que como dice Luis Felipe Lomelí –destacado escritor jalisciense que escribió parte de su obra en la ciudad de Puebla-, ¿instituciones como la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) deben volverse autosustentables? Si la SRE no genera el suficiente dinero por concepto de trámites y servicios, ¿habría que cerrar embajadas y consulados?

Lo mismo aplica para instituciones como la Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Marina que garantizan la seguridad y soberanía del país. ¿Las desaparecemos entonces? ¿Decretamos su falta de utilidad pública?

La acción irreflexiva del gobernador Moreno Valle y los diputados del Congreso poblano va en contra de los mayores criterios de vanguardia de las naciones del Primer Mundo. O es que como dice Luis Felipe Lomelí, ¿queremos una realidad donde no haya bibliotecas porque no son rentables económicamente o donde no haya museos porque no son sostenibles?, ¿una donde no haya becas para estudios de posgrado e investigación científica porque no son redituables?

El gobernador Moreno Valle está obligado a dar una explicación. Debe aclarar si la Casa del Escritor tendrá otra sede, si se trasladará a otra instalación más adecuada, o si en efecto, sólo será subastada al mejor postor.

Está obligado, porque al pretender la Presidencia en 2018, los mexicanos que vivimos en otros estados de la República, necesitamos saber si ésta será su política cultural para el inicio de la próxima década.

Necesitamos saberlo para no votar por él. ¿O alguien votaría por una persona que no sabe el peso que tiene la literatura y la cultura para el bienestar de un país?

La lección ya la aprendimos en el periodo 2012-2018.

Omar Nieto foto okOmar Nieto (Puebla, 1975). Es autor de Las mujeres matan mejor (Joaquín Mortiz, 2013) y Teoría general de lo fantástico. Del fantástico clásico al posmoderno (UACM, 2015), “Mejor Primera Novela del 2013” y “Mejor Libro de Ensayo del 2015”, de acuerdo al periódico Reforma. Es especialista en literatura y narcotráfico, tema sobre el que cursa un doctorado en la UNAM.  @Omar__Nieto

 

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Omar, promueve una demanda de violación de los Derechos Culturales ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Organícense y promuevan una controversia constitucional contra el decreto del Estado. Lo Van a ganar y a mostrar el lado bestial del gobierno que impulsa esta atrocidad.

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