86 400 minutos


Por Norma Bautista

 

Un hombre puede vivir cien años

y no darse cuenta de que hace mucho

que está muerto y enterrado”.

 

León Tolstoi

 

 

DÍA 366 (1)

También hoy te besé al salir de la cama y murmuré contigo: “Otro día”. Bajé a la cocina. Encendí la cafetera y treinta segundos después cayeron las primeras gotas, no esperé por una taza. Miré el lugar que me había dado refugio los últimos 306 días, crucé la puerta y te abandoné.

Fui a Goya. Era mi oficina y la casa de Perro, en otro momento también la mía. Recorrimos las calles que formaron parte de mi vida cuando las cosas marchaban bien. Debí esperarte aquella vez, me reproché. Ayer fue mi aniversario, ya un año y un día.

DÍA 1[1]

 

Escribiste:

“No tengo cómo explicar mis acciones pero ten por seguro que mis sentimientos hacia ti siempre fueron sinceros. Que te admiro y que tienes razón, egoístamente tuve como proceder el renunciar al amor porque eso no es para mí. La realidad es que me rendí; el amor y la vida feliz es para otra especie, para otro linaje al cual no pertenezco. Acá en mi mundo hay que cumplir con obligaciones una tras otra, dar buena cara y no causar problemas, ocultar tus deseos y servir. Y ya no pude más, perdóname. Ojalá la vida te recompense pronto el tiempo y las lágrimas desperdiciadas en mí. Espero que tengas mejores días y mejores compañías. Eres especial y lo sabes. No permitas que nadie te diga lo contrario. Eres guapa, inteligente y muy simpática. Tienes todo lo que a un hombre inteligente le gustaría tener a su lado. Nunca claudiques a tus amores, a tus ideales y a tus políticas. Eres un brillo en el cielo que brilla de forma hermosa. Un beso”.

Seis palabras me tumbaron, me rendí y brillo en el cielo.

No tuve explicaciones. No lo escuché de viva voz. No lo vi más.

 

***

 

Todo empezó cuando pactamos la segunda comida. Preguntaste si te coqueteaba o solo era amable. Te coqueteo, sin duda. Me gustas mucho, dije. Pues levanto la mano para que me tomes en cuenta, respondiste. Comimos. Nos besamos. Más tarde nos tocamos y estuvimos juntos bíblicamente, así le decías tú.

Pasaron semanas y meses. Lo tuyo creció y a mí la realidad me abofeteó cada noche. Me mostró que lo posible, con cada nuevo día, estaba lejos de ser parte de mi vida. Eras un vicio que comenzó a demandar y alteró la estabilidad de mi vida. No sé si el trabajo me demandó más o fue la excusa para alejarme y aceptar mi inevitable realidad.

 

DÍA 295

 

Quise sorprenderte y pasé a buscarte para ir comer. Ni registro me pidieron, ¿dejaron de ser burocráticos para entrar al edificio o ya me asociaban contigo?

Estabas en junta, no pude ni darte un beso. Pasé a tu oficina para escribir una nota y me di cuenta que no había nada de mí en ella. Estaban los leones de cristal, la pelota de béisbol con el logo de Bimbo…¡bueno, hasta una foto con tu asistente!

“Voy a enmarcar la que tengo de nuestro primer beso, se vería linda en tu escritorio. Lo platicamos en la cena”.

 

DÍA 60

 

—¿Cómo vamos con los cigarros?

—Ya menos. Casi nada.

—¿Cuánto es eso?

—Uno o dos. A veces, tres.

—¿Y el alcohol?

—Nada. Cero desde que tomo los medicamentos.

No me dio de alta y regresé a casa con la misma dosis de medicamentos. Según la neurociencia, al cerebro le toma 60 días liberarse de una pérdida. El tejido neuronal se regenera por completo y hace nuevas sinapsis que le permiten superar la tristeza y el dolor. Lo que uno sufra después de esos días (u 86 400 minutos) es culpa de la memoria. Fui a la cama y dejé de recordar. Me rendí.

 

DÍA 365

¿Cuántos kilos me habrá dejado la felicidad?, me intrigó. Subí y nada. La pantalla marcó cero. Recordé todo.

Por la noche, mientras dormías, acaricié tu cabello suave y delgado, como de niño. Pasé horas pensando en lo tarde que era para los dos. Me acurruqué y dormí abrazada a ti.

 

DÍA 61[2]

Clin, clin. Mensaje.

¿Cógeme, no?”

 Te cogí. Mis manos y labios se reencontraron con cada centímetro de tu piel. No volvimos a separarnos. Me mudé contigo.

 

*** [3]


.

Saqué la carta de la caja y leí:

 Hola CPC:

 Seguro que al ver la caja adivinaste que era yo. Hace mucho no sé de ti y deseo que todo marche bien hoy, mañana y todos los días. Resumiré los últimos 86,400 minutos, diciendo que te he extrañado. Un poco más cada día, sin duda.

 Te dije que cuando estuviera lista recibirías una caja con “cosas” que no me haría bien tener. Aquí la tienes y así el inventario… … … …

 Para que decidas su rumbo, te diré que no cumplí mi palabra de creer que más adelante podríamos coincidir. No debe sorprenderte, nunca lo hice: no dejé de pedirte atención, de preguntar por qué habías cambiado ni de rogar por respuestas.

Lo nuestro no fue cuando pudo ser. No fue pasado un mes. No es ahora que han transcurrido dos. No hay nada que me haga seguir esperándote. No será en un año. No seremos nunca. Nunca fuimos algo.

 Yo también me rendí.

 

DÍA 366 (2)[4]

Bajé a la cocina. Encendí la cafetera. No esperé por una taza. Salí de tu casa y también de tu vida. No quise cometer otro error, esperé todo el día por un mensaje o una llamada que nunca llegó.

El clin clin de tu mensaje me hizo olvidar que fue más fácil concluir los pendientes de mi vida en 86 400 minutos que sacarte de ella. Tarde recordé que hacía 366 días me rendí.

Por la noche, junto a Perro, frente a mis libros y en el sillón de mi sala, se rindió lo que me quedaba: el alma. Fue momento de avanzar.

[1] Música de fondo: Perdóname, Pablo Alborán (Tanto, Nueva Edición, 2012).

[2] Música de fondo: Por lo que reste de vida, Thalia (Amore Mio, 2014).

[3] Música de fondo: Te quiero mucho, mucho, Río Roma (Eres la persona correcta en el momento equivocado, 2106).

[4] Música de fondo: How do I live, LeAnn Rimes (Greatest Hits, 2003).

Norma BautistaNorma Bautista. Es bookstar y obrera de las letras (lectora de tiempo completo, recomendadora, editora, correctora y RP).
Estudió Ciencias de la Comunicación. Está hecha en CU y es Puma de corazón. En sus ratos libres es directora Comunicación KrearT. Los miércoles le prestan un segmento a las 11a.m. en el 106.5 de FM. ¿Ya dije que duerme poco? @normabagu

 

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