La palabra de Gabriela: Jazz neurológico


Texto y fotos: Gabriela Pérez

Es una buena costumbre tener una lista permanente y creciente de asuntos por estudiar. Hace un par de semanas escribí sobre la relación entre la música y la mente, ambas materias están en mi lista de pendientes. Como material de estudio tengo mi propio cerebro, lo que la música le provoca y todo lo que he leído sobre el sistema nervioso.  En la última veintena de años aprendimos sobre el cerebro más que en los últimos mil años. Sin embargo, hay una frontera que cruzar, pues no es lo mismo divulgar el conocimiento que fingir que se sabe y se comparte. Un ejemplo claro de ello, es lo que ha pasado con la física cuántica, una parte de la Ciencia que da, igual que el estudio del cerebro, mucho material para chantajear a quienes buscan explicaciones. Lo que no sabemos bien, pero podemos contar haciéndolo sonar difícil, es ideal para fabricar cualquier engaño, para construir un mundo falso que cubre lo que en verdad eres y sólo muestra lo que quieres ser ante los demás.

La cuántica se presta para eso. Hay una azar particular, leyes que efectivamente actúan de manera distinta en el mundo macroscópico, el que podemos ver todos, y el mundo microscópico, ese que no puede ver nadie y que por lo mismo muchos interpretan. La mayoría de los protagonistas de una historia son inteligentes. Pero sólo algunos se toman el trabajo de recopilar la información necesaria para que su juicio no sea incoherente además de injusto. Si eso pasa con la cuántica, es fácil imaginar que lo mismo pasa con el cerebro. Lo que conocemos ahora sobre las neuronas es transformado por muchos en teorías de autoayuda y diversas pseudo terapias psicológicas. Si por un lado está muy bien que el cerebro esté de moda, pues de él dependemos, no debemos perder de vista la necesidad de saber discriminar cuando las cosas se pasan a otro lado. Cuando algo es cierto, tiene fuentes, muchas. Las fuentes coinciden y por supuesto, son todas fidedignas. Todas la personas inteligentes saben que cuando hay una historia interesante,  hay entoncesz por lo menos, dos versiones. Si hay una sola y viene de una sola fuente, en el medio científico se sospecha. Como en toda moda, llega un punto en el que el producto o evento ya no resulta novedoso; hay que atacar entonces al ídolo del pasado para dejar espacio al que acaba de aparecer.

La gran razón por la que el cerebro está de moda, querámoslo o no, es porque es lo que somos. Todo, nuestros recuerdos, vivencia, nuestras emociones, sueños, conciencia, risas, lágrimas, todo el conjunto es nuestro cerebro. Cada persona es su cerebro.

Si yo pudiera trasplantar un cerebro, ¿qué es lo que trasplanto?
¿un cerebro en el cuerpo de otra persona, o trasplanté una persona en otra?

Hipócrates escribió “Sobre la enfermedad sagrada”, que para los griegos era la epilepsia. Epilepsia podría ser algo así como sorpresa, te sorprende un “dios”, toma control de tus movimientos, te obliga a mover los brazos, la piernas y los párpados, te obliga a desmayarte. Y muchos elegidos comienzan sus experiencia sorpresiva con colores y sonidos distintos. Hipócrates fue revolucionario porque dijo que no era una enfermedad sagrada, que sospechaba que la causa de esa enfermedad era natural, y estaba en el cerebro. No fue sin embargo el primero en darle a ese órgano el papel  como fuente de lo que somos. Antes de los griegos estuvieron los egipcios, cuyo conocimiento anatómico avanzó antes por sus artísticos rituales funerarios. En un papiro llamado “Papiro Ebers”, que es uno de los más antiguos tratados médicos conocidos, se cuentan síntomas y tratamientos, y es ahí donde aparece por primera vez el jeroglífico cerebro. El diagnóstico y tratamiento indicado para alguien que llega tembloroso y con un hoyo en la cabeza por el que metes el dedo y descubres que huele mal, está pegajoso y sale algo verde o de otro color, es mirar al individuo fijamente a los ojos  y decirle en tono muy serio: no te puedo curar.

Un romano muy importante fue Galeno. A pesar de que sus tratados anatómicos estuvieron mal, nadie, hasta el renacimiento,  se atrevió a indicar que eran incorrectas sus afirmaciones. Contravenían las indicaciones de la iglesia por supuesto, pues hicieron experimentos con cuerpo humanos. Comenzó ahí el conocimiento anatómico del cerebro. Hasta casi el siglo XX no pasó nada más que descripciones. ¿Por qué? Porque la única forma que tenemos de conocer al mundo es a través de nuestros sentidos, y los sentidos son limitados claramente. Con nuevas tecnologías -que no son más que una ampliación de los sentidos- como el telescopio o un microscopio que son una extensión del ojo humano o los audífonos o bocinas que cambian la forma en la que oímos, pudimos interpretar el mundo de manera distinta. Cuando logramos ver y escuchar a las neuronas, pudimos conocer de otra manera al cerebro. El sistema nervioso, como todos los sistemas, tiene partes, y entre estas partes se establecen relaciones.

Una fuerte relación que me posee y penetra apasionadamente en los últimos tiempos es la de mis neuronas con la música. Y entre las muchas voces de la música, tomo ahora la del Jazz, que se ha relacionado a menudo con ciertos círculos de índole intelectual. Curiosa relación, porque dicho estilo goza de un contenido emocional potente, siempre muy fuerte. Experimentadora como soy, opté por disfrutar el concierto del quinteto de Marcus Printup.

Históricamente, el típico músico de Jazz se ha considerado como lo que llamamos un “alma atormentada”. Vidas disolutas, problemas con drogas y alcohol, enfermedades mentales… Ciertas o no dichas visiones, el potencial emocional de esos músicos les dotaba de una capacidad expresiva concreta, individual y casi única, que unida a la técnica y virtudes innatas de cada uno daba lugar a resultados musicales sorprendentes. El análisis de ese contenido emocional y del alto ejercicio mental que requiere entender este género es suficientemente interesante, y arroja curiosas conclusiones.

Para entender un poquito el funcionamiento de dicho estilo, lo defino como aquél en que el músico se mueve por encima de una melodía y armonía base, para así poder improvisar partiendo de ellas. Con una sola lectura de un artículo musical, resumo que la estructura de un tema Jazz es: introducción, melodía, improvisaciones, puente, melodía y final. Evidentemente al aceptar que no soy conocedora y que además el jazz ha evolucionado mucho y se ha fusionado con infinidad de estilos, sé que esta estructura no siempre encajará.

Mi conclusión es que puede resultar un buen ejercicio mental para trazar nuevas conexiones entre neuronas, establecer nuevos circuitos en el cerebro y usar los dos hemisferios conjuntamente. Algo así como aprender un nuevo idioma, y los idiomas me gustan. Me encuentro con un problema en cuanto al contenido emocional de muchas piezas jazzísticas. Muchas veces no me dejan emocionalmente estable. La razón es que la improvisación parte del interior del músico, a niveles profundos. La técnica está al servicio de su auto expresión y de ahí nacen multitud de emociones que se plasman a través de sus dedos y se combinan con la multitud de emociones que viven en mí temblando con el ritmo del Jazz.

Marcus Printup es un trompetista y compositor que merece la pena escuchar. A una edad temprana como músico, Bruce Lundvall, presidente del legendario  Blue Note le ofreció un contrato después de escucharlo en vivo. Sin importar si fue o no un ejercicio mental provechoso, y hay o no nuevas conexiones en mis neuronas, lo escuché en vivo. Mis materias siguen en la lista de pendientes, pero la compañía de tan buenas interpretaciones es un gozo que para comenzar la semana bastará.

ELDA GABRIELA PÉREZ AGUIRRE NACIÓ EN LA CIUDAD DE MÉXICO, EL 6 DE MARZO DE 1976. ESTUDIÓ QUÍMICA EN LA UNAM; POR PASIÓN, ES PROFESORA DE CIENCIAS, EN EL INSTITUTO ESCUELA Y AUTORA DE DISTINTOS LIBROS DE TEXTO, DE QUÍMICA Y FÍSICA PARA SECUNDARIA Y BACHILLERADO. CONFORMÓ PARTE DEL EQUIPO DE CIENCIAS DEL INSTITUTO LATINOAMERICANO COMUNICACIÓN EDUCATIVA, COMO AUTORA DE LIBROS DE TEXTO Y DE GUIONES PARA TELESECUNDARIA, FUE EDITORA DE LA REVISTA CIENCIAS, DE LA UNAM. PARTICIPÓ EN LA ESCUELA DINÁMICA DE ESCRITORES DE MARIO BELLATIN Y HA CONDUCIDO EL PROGRAMA TRIPULACIÓN NOCTURNA DE RADIO EFÍMERA. LUEGO DE COLABORAR CON LA EDITORIAL TALLER DITORIA EN EL ÁREA DE DIFUSIÓN Y PROMOCIÓN, FUE FUNDADORA Y EDITORA DE AUIEO EDICIONES Y DE LOS LIBROS DEL SARGENTO.

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