¿Qué esconde esa otra mirada? Entrevista a Martín Kohan


Por Irma Gallo

La entrevista sucede en la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica. Martín Kohan está escribiendo, a mano, en un cuaderno. Más tarde me contará que escribe así todas sus novelas y luego las transcribe en su computadora. Antes de seguirme hacia la zona en que haremos la entrevista, se niega a dejar su mochila en la cafetería, en donde están su mujer y Paola Tinoco, escritora, editora y representante de Anagrama en México, y dice “mi mochila va conmigo”. Confiesa que no puede estar tranquilo si no la tiene a la vista. Le respondo que me pasa lo mismo con mi bolsa: tengo que tenerla cerca de mí en cualquier circunstancia.

Una vez sentados en los cómodos sillones que la librería tiene para que los posibles compradores ojeen los libros antes de comprarlos, empezamos la conversación.

Más que limitarse a contar la historia de una perversión, en su más reciente novela Fuera de lugar (Anagrama, 2016), Martín Kohan se concentra en la mirada que la fotografía posa sobre los cuerpos, como un intruso aparentemente inocente.

“Mira, la cuestión es clave para mí”, dice el también autor de Ciencias morales, Premio Herralde de Novela 2007, “y yo entiendo que es clave precisamente porque es una de las puntas por las que podemos advertir que, al menos en mi criterio, que Fuera de lugar no encajaría en lo que uno podría denominar novela sobre la pedofilia en cuanto a una novela con un tema determinado y con un gesto de denuncia”. Con énfasis, aclara que “no se me ocurriría jamás pensar a la literatura en clave de denuncia aún cuando se trate de estos hechos aberrantes como pueden ser los que estamos diciendo”.

La fotografía, entonces, y la reflexión que sobre ella hace Marisa, la única mujer en este grupo de individuos que se dedican a fotografiar niños desnudos y a distribuir las fotografías en países de Europa del Este, antes de la era del internet, es lo que permitió a Kohan abordar este tema en clave literaria.

“Esta suspensión, creo que tiene que ver con la manera en que Marisa pone en juego la idea de la mirada y de la fotografía, y la relación entre mirada y cuerpo. La idea de que una mirada también toca un cuerpo y que fotografiar es un modo de hacer sobre el otro. La idea de que la imagen no es una pura exterioridad del otro sino que es también un modo de intervenir sobre el otro”.

La constante reflexión teórica que hace Marisa sobre la fotografía es lo que le permite, según el autor, presenciar estas escenas terribles como si no lo fuesen.

Por otro lado, Kurano, el fotógrafo, también tiene su propia coraza para que esto no lo toque: su reflexión va hacia el lado de lo estético.

“Por eso tu pregunta es de una captación perfecta, la pensé a partir de la fotografía”.

kohan-vertical
Foto: Irma Gallo

Una y otra vez el escritor insiste en que su novela no se centra en el abuso infantil: “Porque no es una novela sobre personas que abusan sexualmente de niños en el sentido de una violación: no los tocan. Y escribí Fuera de lugar a partir de esa suspensión terrible, de una suspensión tenebrosa de quienes consideran no estarles haciéndoles nada. Los mismos personajes proceden con los niños como si nos les estuvieran haciendo nada”.

Y admite que escribió esta novela pensando en “la descolocación” del lector. “Concebí a Fuera de lugar como una exploración sobre cómo ciertos dispositivos del mal funcionan. Que los condeno, claro que los condeno, pero no pienso en la literatura para condenar o no condenar”.

Pero, ¿qué tipo de personas son capaces de hacer lo que hacer Marisa, Nitti, Kurano, Magallán y Correa? El autor de Bahía Blanca dice que ninguno de sus personajes es un monstruo, que ninguno es un cínico; “ninguna de las variables que nos tranquilizarían respecto del mal”. Y refuerza su idea afirmando que “La idea de lo monstruoso es muy poderosa. Porque es, en sí misma, ambivalente. Lo monstruoso es aquello que nos queda absolutamente lejos, algo que no tiene nada que ver con nosotros”.

fuera-de-lugar-martin-kohan-anagrama-767711-mla20626513708_032016-f

Sin embargo, no todo está dicho. A partir de que uno de los personajes experimenta remordimiento por sus acciones, la novela sufre un vuelco de tuerca.

“En gran medida la pasión de escribir supone para mí aquello a lo que el lenguaje y la narración me lleva, que son zonas que yo mismo, enunciándolo desde la primera persona de mi subjetividad y punto, no accedería a esas dimensiones de sentido, de perturbación y de ambivalencia, porque precisamente no tiene nada que ver conmigo. Pero en la medida que escribir puede ser transformarse en otro, tomar el punto de vista del otro, que yo jamás tendría, puedo conjeturar y al mismo tiempo construir un tipo de mirada, un tipo de relación con el mundo, una escala de valores que no es la mía”.

Con esa mirada clara, pero irremediablemente inquisidora, concluye: “Perturbarte es también perturbarme a mí mismo. Perturbar mis propias certezas. El monstruo no queda muy lejos, y a veces lo monstruoso nos sirve para remediar en nosotros lo que si tuviésemos más cerca nos perturbaría”.

Fuera de lugar

Martín Kohan

Anagrama, 2016.

223 páginas.

 

 

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s