La palabra de Gabriela: Sueño que alguien me sueña


Por Gabriela Pérez

En una tarde soleada pueden pasar muchísimas cosas. En la del viernes 4 de julio de 1862, lo que pasó fue que Charles Lutwidge Dodgson y Robinson Duckworth, dos reverendos que enseñaban en Oxford, llevaron a Lorina, Alicia y Edith Liddell por un paseo en barco por el Támesis. Hoy esta escena: dos sacerdotes solos con tres niñas en una barca no sería vista sin preocupación, y  todos sabemos por qué.

Aquella no era la primera vez que pasaban tiempo con ellas, pero este pequeño viaje fue diferente. Las pequeñas estuvieron especialmente inquietas, exigieron que se les contara una historia sin sentido. Dodgson improvisó, como era su costumbre, y la fábula resultó tan atractiva que Alicia le pidió ponerla por escrito. El diácono condescendió, quiso complacer con ello a una chica que amaba, y después de seis meses le presentó un manuscrito ilustrado: Las aventuras de Alicia bajo tierra.

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Lorena, Alicia y Edith Liddell

Lo que pasó después no lo sabemos con certeza. Probablemente la circunstancia, teniendo en cuenta las tendencias de ambos, estaba alcanzando medidas críticas. Por un lado, a sus treinta años, el clérigo en cuestión tenía una debilidad bastante sospechosa por las niñas, amaba además fotografiarlas semidesnudas, lo que hacía muy bien, pues era un gran fotógrafo. Por otro lado, a sus diez años, Alicia era demasiado inteligente y tomaba iniciativas atrevidas para su edad. Un día, por ejemplo, invitó a un adulto a tomar el té en su casa mientras sus padres estaban en un viaje de campo, provocando la vergüenza y escándalo de éstos cuando regresaron temprano debido al mal tiempo y los descubrieron. Se cree que esta dinámica propició que, pocos meses después de aquel viaje en barco, la madre de Alicia la obligara a destruir todas las cartas que Dodgson le había escrito y le impidiera a éste volver a verla. Los dos se reencontraron solamente treinta años más tarde, en 1891.

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Alicia Liddell

Dodgson, sin embargo, no se olvidó de su joven musa, en 1865 publicó una versión revisada de la historia, con el nuevo título de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, y bajo el seudónimo de Lewis Carroll: múltiple reversión, lingüística y posicional, de sus nombres (Charles Ludwige). Vio la luz entonces uno de los libros más singulares de la literatura, a la que se añadió en 1871 una secuela: A través del espejo y lo que Alicia encontró allí. De hecho, las Alicias de estos relatos son diferentes: Liddell, a la que Dodgson había contado historias mientras aprendían a jugar al ajedrez, y Raikes, prima lejana de la chica Liddell, a quien Dodgson había introducido en los misterios de la reflexión de la luz en los espejos en 1868. Los dos temas, el de ajedrez y el espejo están, por supuesto, vinculados: las piezas blancas y las piezas negras son idénticas, excepto por el color, y sus posiciones iniciales son imágenes especulares, excepto claro, el rey y la reina.

En 1876 Carroll publicó un tercer gran intraducible, La caza del Snark, también dedicado a una niña: Gertrude Chataway, la única de sus amigas con quien el reverendo mantuvo una relación de amor de toda la vida. El poema es único en muchos aspectos, no menos importante en el proceso de composición. Carroll tenía, de hecho, durante un paseo, la inspiración de la famosa última línea y se puso en marcha para construir poco a poco el poema, hacia atrás.

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Charles Dodgson (Lewis Carroll)

La última de las obras literarias de Carroll fue Silvia y Bruno, novela publicada en dos partes y dedicada a Isa Bowman, la niña con la que jugaba Alicia en el teatro y que era su “segunda favorita”. Aunque este trabajo se construyó hacia atrás, esta vez la adaptación de la trama incluye una mirada a los detalles que se fusionan en una estructura de docenas de trozos de ideas y sueños, los “efectos sin causa” que Carroll había recogido durante años.

Y Alicia era…

A pesar del aparente caos de la historia los dos libros de Alicia están profundamente estructurados. En primer lugar ambos se dividen en una serie de 12 capítulos. El poema que abre Alicia utiliza tres veces la palabra Little en la primera estrofa, que significa “pequeño” y suena como “Liddell”. Cuando el poema concluye, el espejo vuelve al tema de nostalgia, y es un acróstico: las primeras letras de los 21 versos forman el nombre de Alice Pleasance Liddell. Al comienzo del undécimo verso, en la parte central se describe como “un fantasma de acoso, flotando bajo el cielo, nunca había visto ojos despiertos.” El último verso termina con las palabras stream, gleam dream, corriente, destello y sueño, que también concluyen, en orden inverso, los versos de la primera estrofa del poema que abre Silvia y Bruno, es a su vez un doble acróstico. Las primeras letras del verso 16, así como las primeras palabras del versículo 4, forman el nombre de Gertrude Chataway.

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Alicia tiene lugar el 4 de mayo de 1859, día del séptimo cumpleaños de la niña y, de hecho, en la portada de la versión manuscrita que Dodgson le dio iba pegada una fotografía de ella a los siete años, tomada por él mismo. A través del espejo está situada en el interior, en invierno, exactamente seis meses después, el 4 de noviembre de 1859. Alicia tiene exactamente siete años y medio. Cada uno de estos dos libros otorga una destacada función a los juegos de rol: cartas y croquet en Alicia, y ajedrez en el espejo. Los acontecimientos de estos últimos son los movimientos de un juego descrito en el prefacio, y Alicia es un peón blanco que cruza el tablero, interactuando siempre únicamente con piezas que se encuentren en las posiciones adyacentes a la suya. Arroyos y setos la separan físicamente de las vías tanto de las horizontales como de las verticales, y el paso de Alicia de un cuadro a otro se indica en el texto con tres filas de puntos. Alicia finalmente alcanza el lado opuesto del tablero, se convierte en la reina, captura a la Reina Roja y da jaque mate al Rey Rojo.

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En ambos libros, además de Alicia, está presente Dodgson mismo. En Alicia como Dodo, que se deriva de “Do-Do-Dodgson” y alude a su tartamudeo. En Espejo como el caballero blanco, en un capítulo titulado apropiadamente “Es una invención mía”, acompaña a la reina de Alicia, que es la madurez, y se aleja con tristeza. Otros personajes que aparecen en ambos libros son reyes y reinas, el Sombrerero Loco y Dinah, la gatita de las hermanas Liddell y que al final resulta que era Humpty Dumpty, así como los dos gatitos blancos y negros con que abre y cierra la historia eran las dos reinas: ¿entendemos hora por qué los poemas del Espejo siempre hablan de pescado?

Detrás del espejo

Alicia en el país de las maravillas comienza con una interminable caída libre en la madriguera del conejo y la niña curiosa pregunta si va a llegar al centro de la tierra o incluso a los “Antipotici” en el otro lado. Carroll pensaba que las Antípodas eran antipáticas. Si la pregunta la había formulado ya Plutarco, la respuesta, lejos de ser evidente, la había dado el gran Galileo en Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo: desde un punto de vista puramente dinámico, y haciendo caso omiso de la fricción y la rotación, suponiendo claro que el agujero es una conexión de los dos polos, Alicia caería con aceleración disminuida pero con aumento de velocidad hasta el centro de la tierra, donde se alcanzaría aceleración cero. Y continuará cayendo a medida que disminuía la velocidad hasta que las antípodas, donde alcanzaría velocidad cero exactamente después de 42 minutos. Una vez en el otro lado se reanudaría a la caída “hacia arriba”, con un movimiento oscilatorio, un ir y venir hacia arriba y hacia abajo para siempre, como si estuviera conectada a una banda de goma. Si esta oscilación se diera en presencia de fricción sería “silenciada” y tarde o temprano iba a parar en medio de la tierra.

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Alicia no entiende las leyes paradójicas de un mundo en caída libre: después de tomar un frasco de mermelada, y darse cuenta de que estaba vacío, lo deposita sobre la marcha en un platillo, ya que teme que al dejar que se caiga pueda herir a alguien. No sospecha que el frasco la seguirá con la misma velocidad que tiene ella. Carroll logra entender esas leyes lo suficientemente bien como para anticipar, en el Capítulo VIII de Silvia y Bruno, una versión del famoso experimento del ascensor que se hizo famoso por Einstein en su exposición de la relatividad, y preguntarse cómo se puede tomar el té en una casa en caída libre.

Carroll retoma el problema de la caída libre en la segunda mitad de Silvia y Bruno: el Profesor Mein Herr ha inventado un “tren de gravedad” que sólo aprovecha la atracción terrestre, y se va de ciudad en ciudad a lo largo de los túneles de conexión en una línea recta: aumentando la velocidad en la primera mitad del recorrido, cuesta abajo, y tomando ventaja de una carrera en la segunda mitad, cuesta arriba, el tren tarda 42 minutos para el viaje, independientemente de la distancia de la ciudad. Sí, también aquí Carroll honra a Galileo.

Las aventuras de Alicia continúan con una serie de expansiones y contracciones repentinas, en las que ella no sufre ninguna molestia fisiológica aparente. Lo que no es sensato desde un punto de vista científico, ya que Galileo ya había notado, esta vez en Discorsi e dimostrazioni matematiche intorno a due nuove scienze attenenti alla meccanica & i movimenti locali, que las leyes de la física no son invariantes ante cambios de escala: por ejemplo, si un perro se engrandece hasta tres veces su tamaño, sus huesos deben ser rediseñados por completo (que Galileo hace con diligencia), y no sólo se pueden incrementar en proporción al resto del cuerpo. Alicia, pobre, debería haberse colapsado bajo su peso, quedando maltratada por sus aventuras. O, quizá, simplemente, Alicia sólo estaba soñando.

A través de las aventuras del espejo se introduce un tema complementario, de la invariancia con respecto al espejo y a la reflexión. Esta vez la imagen de Alicia no se invierte. Como las diferencias del mundo de los espejos son más evidentes en el nivel macro, es en éstos que se centra Carroll. Por supuesto, es más importante el cambio del derecho al izquierdo. El intercambio también puede obtenerse sin espejo, pasando a través de una cuarta dimensión, de la misma manera en la que se obtiene una figura en el plano que pasa a través del espacio. El cambio de posición puede darse a través de una cinta de Moebius, que se obtiene pegando juntos los lados cortos de una tira de papel rectangular: el procedimiento se describe en el capítulo VII de Silvia y Bruno por el profesor Mein Herr. En el mismo capítulo el profesor también explica cómo obtener el plano proyectivo, que no tiene ni interno ni externo porque todo lo que está fuera está también en el interior; Carroll lo llama Bolsa Fortunato.

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Bajando de lo macroscópico al nivel microscópico se muestra que algunas moléculas pueden existir en dos formas, los estereoisómeros sólo difieren en el arreglo de sus átomos en el espacio. Alicia duda, antes de pasar a través del espejo. No está segura, “tal vez la leche espejo no sea buena para beber”, y tiene razón: no sólo tendría un sabor diferente, probablemente ni siquiera sería un sabor comparable a la leche que toma. En un mundo de moléculas dextrógiras, en fin, moriría de hambre pronto.

La pequeña no parece preocuparse de cómo el mundo parece reflejar el nivel subatómico: con razón, porque en este nivel hay dificultades objetivas para realizar un paso más allá del espejo. Ningún fenómeno gravitacional, la electromagnética o la nuclear fuerte, es decir, en relación con la cohesión de las partículas en átomos, hace que sea posible detectar una diferencia entre la izquierda y la derecha. Sin embargo, no todo está perdido. Un ejemplo típico de este fenómeno no especular es el sentido, estrictamente en contra de la dirección del movimiento, la “rotación” de los electrones, el espín: por lo tanto, Alicia tendría que verlas girar en el sentido horario. Otro reloj memorable es el del Sombrerero Loco, que marca el día, pero no la hora, que se engrasa y se sumerge en el té.

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Las hermanas Liddell

Si a estas alturas no has notado nada, lo que sería un gran problema, te cuento que la única transformación que deja intactas todas las leyes físicas conocidas es de hecho una triple inversión simultánea CPT (carga-paridad-tiempo) ¿verdad que suena a cabriola gimnástica?, en donde se intercambian entre sí positivo y negativo, derecha e izquierda, pasado y futuro; en particular, se vuelven rectas las cosas en un espejo. Para lograr esto habría que apagar todas las cargas y hacer retroceder la película de los acontecimientos. Tal mundo estaría compuesto de antimateria, y sólo así Alicia no sería inmediatamente aniquilada. Hay indicios, sin embargo, que sugieren que fue precisamente este tipo de inversión global el que Carroll tenía en mente: la Reina Blanca recuerda el futuro, el Sombrerero Loco está en la cárcel por un crimen que no ha cometido, el león y el unicornio distribuyen rebanadas de pastel antes de cortarlas.

Carroll describe de manera más explícita la inversión del tiempo en el capítulo XXIII de Silvia y Bruno, donde nos regala uno de los primeros ejemplos de lo que podríamos llamar una máquina de tiempo en la literatura fantástica.

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Además de los episodios fantásticos en los cuales se reparten, los libros de Alicia contienen maravillosos ejemplos lingüísticos y lógicos de no-sentido, que puede ser entendido con precisión de dos maneras complementarias: un uso aparentemente sensible de palabras sin sentido, y un uso en apariencia sin sentido de palabras significativas. La calificación de “aparente” es crucial: aunque el no-sentido se entiende a menudo como una falta de sentido, es en realidad sólo la negación del sentido y por lo tanto asume su presencia. El malentendido surge, en parte, por las dificultades de traducción, donde se pierden muchos juegos de palabras y el resultado es a menudo simplemente “tonto” o “loco”: categorías que son exactamente lo contrario del no-sentido.

A modo de ejemplo, en el capítulo IX de la condena de Alicia: “fuera de su sentido, que los sonidos se harán cargo de sí mismos.” La aparición hace perfecto sentido, también: “las palabras salen de forma automática, si tiene algo que decir.” Pero la sustancia es un no-sentido obtenido con un golpe maestro, la mala pronunciación de dos “p” y dos “s” en el proverbio inglés:

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take care of the pence, and the pounds will take care of themselves,

“Se ocupa de los peniques y las libras cuidarán de sí mismas”, que se convierte en “cuidar de su sentido”, y el sonido se hará cargo de las propias instrucciones.

Pero incluso para aquellos que dominan el inglés, el no-sentido es a menudo difícil entender, ya que depende de muchos otros factores: las referencias británicas, a expresiones del Oxford victoriano, a juegos infantiles de moda en ese momento; por lo que hoy parece casi incomprensible. Por ejemplo, los términos “mueca de un gato de Cheshire”, “loco como un sombrerero”, o “loco como una liebre de marzo” eran comunes en la época, y se derivan de ellas tres personajes bien conocidos de Alicia. El origen de la primera expresión no se conoce. La segunda es porque los sombrereros utilizan preparaciones de mercurio que terminaban intoxicándolos, haciendo que sus temblores, problemas de visión y del habla, y, finalmente, alucinaciones y síntomas psicóticos aparecieran. La tercera alusión es por la emoción de las liebres en su período de fertilidad, que cae precisamente en marzo. Otros personajes, como Tweedledum y Tweedledee, Humpty Dumpty, el león y el unicornio, se toman directamente de canciones de cuna.

Los dadaístas y futuristas utilizan no-sentidos y bisagras. Pero para Carroll Joyce fue una intensa inspiración, especialmente con Finnegans Wake. Alicia, tiene lugar en el sueño pero comienza y termina en la realidad, para Silvia y Bruno, sucede lo contrario: el principio y el final son claramente poco realistas.

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James Joyce

Silogismo

El otro lado del sentido no lingüístico es la lógica del no-sentido, el uso aparentemente sin sentido de palabras significativas. Carroll era también un profesor de lógica y fue, por tanto, capaz de difundir en sus obras literarias no-sentidos y sutilezas.

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De todos los conectores lógicos, es decir, las partículas que unen las frases del discurso, el más sutil y traicionero es sin duda la negación, y Carroll insiste con razón en él. La combinación de la negación y la disyunción permite la formulación del principio clásico de los excluidos, cuyas aplicaciones van fuera de la lógica de sonido como la falta de sentido, incluso cuando son correctos.

La verdadera prueba de la lógica es, por supuesto, la deducción, y el argumento típico clásico es el silogismo, que infiere una conclusión a partir de dos premisas. Alicia y el espejo contienen maravillosos ejemplos del procedimiento, por ejemplo:

• Would you tell me, please, which way I ought to go from here?
 That depends a good deal on where you want to get to.
 I don’t much care where . . . Then it does not matter which way you go… so long as I get somewhere. 
Oh, you’re sure to do that, if you only walk long enough.
(Cheshire Cat)

“¿Me puede decir, por favor, qué camino debo tomar desde aquí?
Todo depende de a dónde quieres ir.
No me importa mucho dónde …
Así que no importa el camino que tomes …
siempre y cuando llegues a alguna parte.
Oh, lo obtendrás aseguro, si caminas lo suficiente “.
(El Gato)

• Take some more tea. 
I’ve had nothing yet, so I can’t take more. 
You mean you can’t take less. It’s very easy to take more than nothing 
(March Hare)

“Obtener más té.
Todavía tengo nada, no puedo tomar más.
¿Quiere decir que no se puede tomar menos? Es fácil tomar más que nada “.
(La Liebre de Marzo)

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El siguiente paso para un silogismo es lo que llaman los budistas Zen koan, y Alicia llama “un acertijo sin respuesta.” Lo que está reaccionando a una afirmación de la Reina Roja al final del espejo, según la cual en el invierno es mejor tener cinco noches juntos, porque son cinco veces más caliente que una sola. La mejor koan Alicia es, quizá, la llama de una vela que se ha quemado y la sonrisa del gato de Cheshire que ha desaparecido.

Si silogismo y koans son el análogo del no-sentido, entonces las contradicciones son la misma falta de sentido. Aunque el pensamiento racional trata de eliminarlos por completo, la creencia popular parece coexistir en paz con ellos. En el Espejo Alicia piensa ingenuamente que no podemos creer cosas imposibles, pero la Reina Blanca explica que es sólo cuestión de práctica: “Cuando yo tenía tu edad, siempre lo hacía durante media hora al día. A veces llegué a creer seis cosas imposibles antes del desayuno”.

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La última foto conocida de Alicia Liddell

 

¿Soñaba?

Una buena parte de la lógica no-sentido es ser tomado demasiado literalmente las proposiciones, o muy poco: en la imitación, es decir, los síntomas de la esquizofrenia y paranoia. Por tanto, existe un vínculo implícito entre la salud mental y la capacidad lingüística; el gato de Cheshire la hace explícita cuando Alicia le dice: “Yo no quiero andar entre locos”, y él responde: “Es inevitable, porque aquí locos estamos todos. Tú también, de lo contrario, no habrías venido”.

Gabriela Pérez
Gabriela Pérez
ELDA GABRIELA PÉREZ AGUIRRE NACIÓ EN LA CIUDAD DE MÉXICO, EL 6 DE MARZO DE 1976. ESTUDIÓ QUÍMICA EN LA UNAM; POR PASIÓN, ES PROFESORA DE CIENCIAS, EN EL INSTITUTO ESCUELA Y AUTORA DE DISTINTOS LIBROS DE TEXTO, DE QUÍMICA Y FÍSICA PARA SECUNDARIA Y BACHILLERADO. CONFORMÓ PARTE DEL EQUIPO DE CIENCIAS DEL INSTITUTO LATINOAMERICANO COMUNICACIÓN EDUCATIVA, COMO AUTORA DE LIBROS DE TEXTO Y DE GUIONES PARA TELESECUNDARIA, FUE EDITORA DE LA REVISTA CIENCIAS, DE LA UNAM. PARTICIPÓ EN LA ESCUELA DINÁMICA DE ESCRITORES DE MARIO BELLATIN Y HA CONDUCIDO EL PROGRAMA TRIPULACIÓN NOCTURNA DE RADIO EFÍMERA. LUEGO DE COLABORAR CON LA EDITORIAL TALLER DITORIA EN EL ÁREA DE DIFUSIÓN Y PROMOCIÓN, FUE FUNDADORA Y EDITORA DE AUIEO EDICIONES Y DE LOS LIBROS DEL SARGENTO.
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