El hombre que no bajó del tren. La desaparición de Louis Le Prince, padre del cine


Por Pedro Paunero

Louis Le Prince extrajo de su bolsillo la leontina de su reloj Saunier y miró la hora, resignado. El tren había arribado a París, desde Dijon, a las once de la noche, así que no se sorprendió de que sus amigos, los Wilson, quienes le recogerían en la estación, no se encontraran en los andenes. Decidió detener un cabriolé.
-¡A la Rue Bochart de Saron! –le dio instrucciones al cochero.

El hombre con la caja de madera aquella se situó sobre la acera, en la Rue Bochart de Saron. Del otro lado de la calle otro hombre dobló la esquina. El de la caja hizo girar la manivela. El artilugio se parecía a un cilindro musical. El peatón miró al hombre con su caja. Era el 18 de agosto de 1887 y Le Prince, con su cámara de 16 lentes, que él denominaba “el receptor”, había filmado al paseante que jamás se enteró que había sido uno de los primeros seres humanos en ser grabados en una cinta de película. Un año antes, en los Estados Unidos, había patentado el aparato, que había sido registrado con el nombre técnico de LPCC Type-16 y sería el primero de una serie de entusiastas invenciones que tenían como intención captar, grabar y exhibir, tomas de la vida real convirtiendo a estos aparatos en algunas de las primeras cámaras cinematográficas.

Le Prince, cansado, cabeceó y cerró los ojos. Fue ajeno a las calles, al trote de los caballos, al frío y la humedad, no así a la brevedad de la noche. Los caballos se detuvieron.
-¡Hemos llegado, Monsieur! –anunció el cochero.

Le Prince colocó la cámara sobre una plataforma y permitió que los curiosos que se encontraban en la fábrica de Whitley Partners of Hunslet Brass Founders, lo examinaran.
-Es mi tercer “receptor” –anunció-. Lo he patentado en Inglaterra con el nombre de LPCC Type-1 MkII, que sustituye al LPCC Type-1 MkI, debido a que un americano se adelantó y registró un invento con el mismo funcionamiento en los Estados Unidos. A diferencia del primer receptor este sólo tiene una lente, mientras aquél captaba el movimiento desde distintos ángulos.

Su cuñado, John Whitley, se acercó.
-Les dije que Louis nos sorprendería con otra máquina de estas. Ahora, querido, enséñanos cómo funciona.

-Pero antes –intervino su hermana, Lizzie-, tengo que decirles que Louis ha estado experimentando con estas imágenes en movimiento desde hace tiempo, tomándolas en Park Square y otros lugares, y que los que aquí reunidos somos los privilegiados que, aparte de los internos del instituto, veremos por primera vez la proyección de estas vistas.

El instituto al que se refería Lizzie, esposa de Le Prince, estaba destinado a la enseñanza de los sordos, en Nueva York, mismo en el que ella enseñaba.

Le Prince se plantó delante del aparato.
-Debo agradecer a mi amable carpintero, Míster Frederick Mason, de William Mason & Sons, aquí presente, el haber fabricado la caja de madera para mi receptor; a mi mecánico, J.W. Longley, quien, con ayuda de mi hijo Adolph, me auxilió en todo momento para diseñarlo, así como a los hermanos Hicks la hechura de los precisos remaches del aparato.
-¡Y no olvidemos a papá! –gritó el entusiasmado Joseph Whitley, suegro de Louis, desde su asiento, lo que causó la risa de los asistentes-. Él también les echó la mano.
Los presentes aplaudieron alegremente a los ayudantes del inventor. Le Prince procedió a la proyección de sus vistas. Hubo más aplausos y murmullos de asombro y de aprobación.
-¡No importa cuántas veces las vea –exclamó la señora Whitley, suegra de Louis-, siempre me causan asombro como la primera vez!

Le Prince despertó confundido, se asomó y echó una mirada al paisaje, la duermevela le pesaba en la cabeza y apenas veía dónde estaba. Se apeó. Delante se extendía un terreno cubierto de hierbas y basura y un poco más allá el río Sena. -¿Qué es esto? –atinó a decir- ¿Dónde me ha traído? En la oscuridad no vio la pesada cachiporra que el cochero levantó sobre su cabeza. Le Prince les dio instrucciones a sus suegros, a Adolphe y a Annie Hartley, una amiga de la familia. -Cuando comience a girar la manivela, ustedes comenzarán a moverse, ya sea caminando o saltando o… ¡Qué sé yo! Pero, por favor, muévanse… -Louis empezó a girar la manivela- ¡Ahora! Adolphe caminó hacia delante, abriéndose en un semicírculo que envolvió a los tres presentes, Annie dio un paso hacia atrás y caminó hacia la derecha, mientras la señora Whitley, muy enferma, por lo que moriría diez días después, daba algunos pasos torpes adelante y luego hacia la izquierda a la vez que su esposo caminaba hacia atrás, casi saltando y completando el semicírculo. Era el 14 de octubre de 1888. El lugar, el jardín de Oakwood Grange, en Roundhay, Leeds, West Yorkshire, al norte de Inglaterra. La película fue filmada en carrete de cinta de 60 mm y se le conocería como “La escena del jardín de Roundhay”. Es muy probable que las instrucciones que diera Le Prince a sus familiares, hayan sido las primeras que un director de cine (si es lícito denominar así a este pionero), dictara jamás en la historia y estas mismas personas hayan sido los primeros actores. De esta manera Le Prince se convierte, también, en el primer productor, camarógrafo y guionista del cine. Pocos días después, Le Prince situó su receptor sobre la ventana del segundo piso del edificio propiedad de los hermanos Hicks, en la esquina sureste del puente de Leeds y comenzó a filmar, en 20 cuadros, los coches tirados por caballos y a la gente que lo atravesaba. Decidió ofrecer una pequeña exhibición pública en su taller situado en el 160 de Woodhouse Lane, con ayuda de la máquina de vapor Robey de William Mason, que proporcionó la electricidad necesaria. Asistieron algunos invitados selectos, aparte de los familiares. Otra vez en casa de sus suegros, Le Prince le pide a Adolph que actúe para la cámara. Adolphe se pone a danzar, mientras toca el acordeón, delante de las escaleras que llevan a la casa. En Nueva York, al año siguiente, Le Prince obtiene la ciudadanía americana.

Maquina

Está decidido a mostrar su invento en público. Anuncia a Lizzie: -Iré a Inglaterra a patentar mi nuevo modelo, el LPP Type-3, querida, al que denomino “el libertador”, pero primero iré de visita a Bourges y luego pasaré a Dijon a ver a mi hermano Albert. -Sí, querido, y yo estaré esperándote… -Por cierto, los Wilson me esperarán en la estación, así que despreocúpate. El martes 13 de septiembre de 1890 llegó a casa de su hermano, en Dijon. El viernes 16 abordó el tren. Y desapareció. Se interrogó a los pasajeros pero nadie recordó haber presenciado ningún incidente extraño. Tampoco recordaron a Le Prince. Nadie se acordaba de que Le Prince hubiera abordado el tren, y mucho menos si había bajado. La policía francesa, Scotland Yard y la familia de Le Prince le buscaron infructuosamente por años, hasta que en 1897 fue declarado oficialmente muerto. Un golpe seco le quebró el cráneo. Le Prince cayó al suelo húmedo. El cochero le revisó los bolsillos y entresacó el dinero de sus ropas y se quedó con todo lo que llevaba encima, luego arrastró el cuerpo hacia la orilla y lo arrojó al agua. El 28 de diciembre de 1895, en el sótano de un café situado en el número 14 del Boulevard des Capucines, los hermanos Auguste y Louis Lumière, daban la primera proyección pública y comercial del cine, mediante el cinematógrafo patentado por ellos.

La familia de Le Prince luchó en los Estados Unidos contra Edison por las patentes de las cámaras cinematográficas y perdió el juicio. Durante el verano del año 1901, el cuerpo de Adolphe, hijo de Louis Le Prince, fue encontrado en las dunas de Point O´Woods, en Fire Island, Nueva York. El veredicto dio como resultado el suicidio.

La desaparición de Louis Le Prince produjo varios rumores y teorías, desde aquellos que mencionaban el hecho de haber sido asesinado por sus propios familiares debido a su supuesta homosexualidad o el suicidio por bancarrota, pasando por el que indica a Thomas Alva Edison como su asesino intelectual por cuestiones de rivalidad de patentes, hasta el más popular y del gusto de los teóricos de las conspiraciones y lectores de lo paranormal, la que apunta a que Louis Le Prince desapareció, con todo y equipaje, del vagón que ocupaba, estando la puerta cerrada por dentro, es decir, sugiriendo que simplemente se desvaneció en el aire.

En 2003, durante una investigación realizada en los archivos de la policía francesa, se descubrió la fotografía de un hombre ahogado. Se le parecía bastante a Le Prince. Con esta pista, para muchos investigadores como para Laurie Snyder, tataranieta del padre olvidado del cine, el caso de la desaparición de Louis Aimé Augustin Le Prince, está cerrado. En 2016 el director David Nicholas Wilkinson presentó The First Film, documental que intenta probar que Le Prince fue el primero en capturar el movimiento continuo desde un solo punto de vista.

TFF-front

En el acelerado campo de la invención, captura y proyección de las imágenes en movimiento en el siglo XIX, Louis Le Prince comparte con William Friese-Greene el difuso honor de ser considerado el verdadero padre del cine; pero no es el único cuyo nombre ha sido olvidado, entre estos se encuentran los alemanes Max y Emile Skladanowsky con su invento, el bioscopio, el alemán Oskar Messter, el austríaco Franz von Uchatius con su proyector fenaquistiscópico o el francés Étienne-Jules Marey, el cronofotógrafo, con su escopeta fotográfica y que fuera inspirado por el trabajo de Edward Muybridge y su zoopraxiscopio, o el anterior revólver cronofotográfico, creado por Pierre Jules César Janssen y Georges Demenÿ, ayudante de Marey; el americano William Kennedy Laurie Dickson, trabajando para Edison, que inventara el kinetoscopio y varios otros, lo que demostraría que el cine no fue inventado en realidad por un solo hombre, sino que fue el resultado esperado, y casi simultáneo, de numerosos y entusiastas investigadores que presentaron sus máquinas casi a la par.

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En 1988, Sir Richard Attenborough, en los estudios de la BBC de Londres, develó una placa conmemorativa, en el centenario del trabajo pionero de Louis Le Prince, que le rinde tributo y lo recuerda.

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