Por Celia Gómez Ramos

 

Ya te la pasas cantando, cada vez te vuelves más musical, y cuando te das cuenta, estás interpretando canciones de cuna. No sabes por qué cantas eso. Tarareas todo el tiempo, a ratos hasta bailas. Es como si no lo controlaras.

De un momento a otro desaparece tu ruido interior, justo cuando acudirías al neurólogo. Esperas que regrese, ni modo que acudas al neurólogo por algo que tuviste y ya no, te niegas y dejas de asistir a las distintas consultas. Pasan los días y ya no escuchas nada, ahora resulta que hasta lo estás extrañando. Todo vuelve a la normalidad. El silencio mental pervive, aunque estuviste así más de cuatro meses.

Cuando te das cuenta, hace más de seis meses que ya no escuchas nada, que nada perturba tu lectura, ni alguna otra de tus actividades.

Un día sin más, decides entrevistar a un neurólogo, se supone que “debes de seguir teniendo tu grabadora, guardada por ahí”. Buscas a varios, les dices que estás realizando una investigación y te interesa hablar sobre un caso específico. Haces unas citas y explicas el caso con lujo de detalles con el primero, sin sostener que eres tú. El neurólogo no se lo traga y te dice que si quieres consulta, acudas como paciente, pero que primero tendrá que remitirte con un psiquiatra. Te indignas, pero pasan unos días y sabes que debes de volver a buscar a otro neurólogo para que te explique lo que ocurrió. No tienes claro por qué, pero necesitas saber. Ni modo, hablas con tu anterior psiquiatra y le dices que ya estás bien, pero que no puedes vivir con la incertidumbre de lo ocurrido, que por favor, retomando tu caso, te remita con el neurólogo que te había prometido. Sí, prometido. Haces una cita como paciente con el neurólogo conocido por tu psiquiatra, llevas tus mil 500 pesos, ¡qué si son caros! Llegas y le dices que ya no tienes nada, a la defensiva, pero que te gustaría poder contar con una explicación de lo que te sucedió, y que si está dispuesto a que si no sabe, no te cobrará la consulta. El neurólogo se ríe y acepta, no en vano se sabe poderoso en ese preciso momento. Considera que vale la pena jugársela. Le platicas. Él te ha escuchado cortésmente y se ha mantenido serio todo el tiempo que has gastado saliva y energía. Terminaste de hablar, es turno del neurólogo, quien te dice con toda tranquilidad, que se trata de un caso de reminiscencia, aunque necesitaría tener más datos, porque normalmente se presentan en gente mayor y con ciertos problemas de sordera, y sin que tú digas que no, porque ya no tienes el problema, te sometes a sus análisis. Te dio confianza, es el primero que te está señalando lo que ocurre.

Celia Gómez Ramos
Celia Gómez Ramos
CELIA GÓMEZ RAMOS ES PERIODISTA Y ESCRITORA MEXICANA. LICENCIADA EN CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN POR LA UNAM, CON ESTUDIOS EN LA FUNDACIÓN NUEVO PERIODISMO IBEROAMERICANO, LA ESCUELA DINÁMICA DE ESCRITORES Y EN 17, INSTITUTO DE ESTUDIOS CRÍTICOS. SIN DIOS Y SIN DIABLO ES SU SEGUNDA NOVELA EDITADA POR PLAZA Y JANÉS. LAS AMOROSAS MÁS BRAVAS ES SU PRIMER TRABAJO PERIODÍSTICO DE LARGO ALIENTO IMAGEN-TEXTO CON LA FOTÓGRAFA BÉNÉDICTE DESRUS. HA PUBLICADO CUENTO, ENTREVISTAS, REPORTAJES Y CRÓNICAS EN DIVERSAS REVISTAS NACIONALES E INTERNACIONALES. A PARTIR DE 2009 ESCRIBE LA COLUMNA SEMANAL “MUJERES EN BUSCA DE SEXO” EN EL SOL DE MÉXICO Y DIARIOS DE LA ORGANIZACIÓN EDITORIAL MEXICANA. ES UNA BUSCADORA DE HISTORIAS, Y ADORA PULSAR LA CIUDAD Y A SU GENTE. NUNCA USA PSEUDÓNIMOS “PORQUE ES TAN DIFÍCIL SER UNO, QUE PARA QUÉ TRATAR DE SER DOS”.
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