La palabra de Gabriela: Bailando bajo la lluvia de luz

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Por Gabriela Pérez

Johann Wolfgang Goethe no solo fue uno de los principales maestros de la literatura occidental, sino fue también un hombre de ciencia cuyo “Esbozo de una teoría de los colores” (1810-1820), va más allá de las consideraciones filosóficas, simbólicas o poéticas, ya que refleja sus estudios acerca de la luz y los colores.

En un famoso experimento con un prisma de cristal Goethe descubrió que la luz y la oscuridad son necesarias para separar los colores y que el límite entre la región luminosa y la oscura es la zona en la que el efecto se produce con mayor facilidad. Pudo así explicar fenómenos luminosos como la formación de colores en el arco iris, el amanecer y el crepúsculo, y cómo los colores: violeta, azul, rojo o amarillo se alineaban en cada caso.

La relación del literato y hombre de ciencia alemán con la luz se prolongó hasta el mismo momento de su muerte, en el que se cuenta que exclamó “Luz, más Luz”, en lo que algunos sostienen era una petición y otros dicen que se trataba de una descripción de lo que estaba experimentando en tan singular e inevitable trance. Lamentablemente no tenemos ninguna manera de salir de dudas acerca de qué quiso decirnos.

La razón por la cual las teorías de Isaac Newton en color (1642-1727) y Wolfgang Goethe (1749-1832) se presentan juntos a pesar de la separación de un siglo de tiempo, es que se perciben como antagonista una de otra. El propio Goethe cuando envió a la prensa en 1808 su teoría de los colores, pensó que había dado un golpe a las teorías científicas de Newton. Goethe y un amplio círculo de artistas e intelectuales, pensaban que la teoría de Newton era un error, un exceso de confianza por parte del hombre hacia sus capacidades racionales, y que un fenómeno natural como el color, portador de emociones intensas, y estéticas, que no puede ser explicado por una teoría científica mecanicista.

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Isaac Newton

La teoría de Newton, a pesar del intento de Goethe, fue la base para el posterior desarrollo de la investigación científica sobre los fenómenos relacionados con la óptica y la luz, mientras que la teoría de Goethe tuvo un seguimiento de culto en el mundo del arte, ya que coloca en el centro el hombre de color fenomenología y sus sentidos. Tal atención de Goethe a la participación activa de los sentidos en la visión del color Resultó, sin embargo, una intuición científicamente válida, como lo demuestran por ejemplo, los resultados de la investigación llevada a cabo en diferentes momentos, por dos científicos británicos Thomas Young (1773-1829) y Charles Maxwell (1831-1879).

En 1672 Isaac Newton, ex profesor de matemáticas en Cambridge, fue elegido asociado de la Royal Society, una asociación distinguida dedicada a difundir los nuevos descubrimientos de la ciencia. En el mismo año Newton presentó a la Real su teoría de la luz y los colores.

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Círculo cromático de Newton

Hasta ese momento se creía que la luz era blanca, en todos los aspectos, y que la apariencia de los colores cuando la luz daba en objetos particulares (gruesos cristales, superficies de agua), era el signo de algún tipo de proceso de contaminación de la luz por las cosas. El sol, la encarnación de lo divino, sólo podía emitir una luz pura, es decir de color blanco.

A principios de 1666 Newton blindó de una ventana con una mesa, e hizo pasar un haz estrecho de luz en una habitación oscura, luego hizo atravesar el haz de luz a través un prisma, la proyección de la luz que fluía dio en una pantalla blanca. En la pantalla aparecieron los colores del arco iris afilados en una secuencia que pasó del rojo al violeta, a ese gradiente Newton lo llama espectro de la luz.

Después Newton aisló uno de los rayos de colores y lo hizo cruzar otro prisma. El rayo desde el prisma mantuvo el mismo color. Con esto, Newton produce lo que se considera el experimento crucial para demostrar que los colores tienen que ver con propiedades físicas de la luz: el científico podía obtener a partir de un haz de luz descompuesta, de nuevo la radiación de luz blanca.

Newton llegó a la conclusión de que la luz blanca era una mezcla de luces de colores, corpúsculos de diferente espesor, y que estos corpúsculos, cuando pasan por un material diferente del aire se desvían, es decir la luz se difracta, por esta razón, al pasar la luz a través de un prisma, aparecen los colores del espectro en la pared.

Newton imaginó que los colores se encontraban en relaciones armónicas, como las siete notas musicales, y que los colores cercanos entre sí desarrollan relaciones armoniosas, mientras los colores que estaban en oposición, es decir, los colores complementarios, establecían una relación dinámica entre ellos.

Newton también llegó a la conclusión de que el color de los objetos que nos rodean está relacionado con la forma de reaccionar de las superficies a la luz. Un objeto rojo, por ejemplo, tiene este color, ya que contiene todos los otros colores y nos envía de vuelta sólo el rojo. Excluyó por completo la posibilidad de que pudiera haber colores en la oscuridad. Los colores están inseparablemente ligados a la presencia de la luz.

Probablemente, para entender el fenómeno de infundir color, era necesario investigar los mecanismos fisiológicos para asegurar la sensación de color. Newton no podía explorar este camino, ya que no tenía las herramientas adecuadas para ello, pero no por eso excluyó que los colores puedan ser producidos por la interacción ojo-cerebro.

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Wolfgang Goethe comenzó sus experimentos sobre la luz empleando incorrectamente el prisma. Trató de mirar a una pared blanca a través de un prisma y observó que seguía viendo el color blanco. Entonces llegó a la conclusión de que Newton había cometido un error y que la luz del sol no era una mezcla del espectro de colores. Goethe no había repetido correctamente el experimento de Newton.

Goethe continuó haciendo experimentos y descubrió que mediante la observación de las superficies de color uniforme podría hacer aparecer los colores del espectro a los márgenes de las figuras. Luego dibujó una línea de negro sobre un fondo blanco y se dio cuenta de que la frontera entre el blanco y negro, con ayuda del prisma, podía hacer aparece el espectro. Concluyó que el color era producido por la combinación de blanco y negro.

Las hipótesis de Goethe le llevaron a conclusiones falsas sobre el fenómeno de generación de colores, desde este punto de vista la teoría de Newton, resultaba inalcanzable, según Goethe debía ser refutada.

A Goethe se debe dar el mérito de ser de los primeros en investigar la forma en que los contextos cambian las sensaciones del color. Mostró cómo la visión del color es resultado de la forma en que el ojo reacciona a los estímulos luminosos del exterior. Mediante el estudio de las sombras producidas por las luces de color intenso Goethe se dio cuenta de que el ojo tiende a ver las sombras. Goethe creó un círculo de color similar al de Newton.

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Goethe era en cualquier caso un hombre del centro de Europa, una región menos agraciada por la luz solar que la zona mediterránea. A pesar de ello, la tierra de nuestro autor es mucho más iluminada, durante gran parte del año, que las zonas extremadamente septentrionales o meridionales del planeta. En esas esquinas de la Tierra es característico el contraste lumínico entre estaciones, y la influencia de la oscuridad invernal en la población persiste a lo largo del año, como se refleja en el hecho de que Escocia la gente se despida con buenas noches… a las tres y media de una luminosa tarde estival. La sombra de la temprana llegada de la noche en invierno se extiende así al feliz y luminoso verano.

También en esas regiones extremas del globo se hace especialmente notoria la influencia de la oscuridad en el estado de ánimo, como se demuestra por el aumento de la incidencia y prevalencia de depresión estacional a medida que nos alejamos del Ecuador. Como es sabido, este cuadro es una forma de depresión atípica con ánimo bajo, fatiga, hipersomnia, hiperfagia por hidratos de carbono –con el consiguiente aumento de peso-, y pérdida de libido. Lo típico es que los síntomas cedan progresivamente a medida que aumentan las horas de luz, hasta desaparecer llegado el verano. El trastorno se explica por un cambio de los ciclos circadianos, con una secreción extrema de melatonina y, como no, se habla de la implicación de la inevitable serotonina, cuya secreción requiere al menos 1800 lux, una cantidad muy alejada de los 300 a 500 de los que disponen habitualmente nuestras casas y lugares de trabajo.

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La importancia de la falta de luz en la etiopatogenia de la depresión estacional animó a Lewy y a Rosenthal, hace algo más de 20 años, a ensayar el tratamiento con luz, en lo que con el paso del tiempo ha dado en denominarse “luminoterapia” o “fototerapia”.

Yo soy alérgica al sol y le temo profundamente a la música. Quizá por ello cuando el sol me baña mientras escucho notas, me empapan diferentes colores.

¿Sabiendo química y física puedo traducir conceptos musicales al lenguaje del color?

Mutando cada herramienta musical al color, obtendría las combinaciones colorísticas necesarias para realizar con facilidad traducciones de cualquier música y de paisajes soleados a un placentero mundo visual.

Olvidaría una alergia y vencerá un miedo. Podría nadar en colores. Aprender a hacerlo en agua vendría después.

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