Sórdenes, mis sargentos pimientosos


Por Pablo Espinosa
Como una caja de tiempo, el medio siglo del álbum Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band estalla como un gran revelador.
Es una caja de sorpresas donde las resonancias son asombros.
Síntesis del surrealismo, obra maestra del pop art, influencia evidente de Karlheinz Stockhausen, de la literatura de Lewis Carroll y de Robert Zimmerman, los guiños no cesan.
Entre la algarabía del festejo por los 50 años de El Sargento Pimienta, algo ya es evidente de inmediato: el tiempo ha decantado la materia y las cosas ocupan su lugar, todo se acomoda y cae por su propio peso. Lo superficial se evapora para que flote la hondura del contenido musical de este álbum.
Las orquestaciones de George Martin, por ejemplo, las armonías en el piano donde se sucedían John Lennon y Paul McCartney, los contracantos, las guturaciones de tambores de tonos más graves, como un rumor de volcán, de algunos pasajes sublimes, tocados en reversa, o de abajo hacia arriba en cambios de tonalidades tornasol, de Ringo Star y por supuesto, la confirmación de que el sonido Beatle se llama George Harrison, así como el sonido Rolling Stones se llama Keith Richards y el sonido U2 se llama The Edge.
Estos seres humanos, que ya estaban elevados a la categoría de semidioses y todos nombraban The Four Fab, se propusieron hacer música surrealista. Y lo lograron.
Por ejemplo, para la pieza titulada For the benefit of Mr. Kite, John Lennon propuso hacer “una música que oliera a aserrín”. Y lo lograron.
A muchos esa pieza es “música de circo”. Se quedan cortos, porque todo el disco es un concierto armado a manera de espectáculo musical con remedos de music hall pero en realidad con un sentido sarcástico. Esa pieza circense es una crítica demoledora a la moral victoriana y un triunfo de la otredad. Mr. Kite es el primer negro exitoso en el mundo del espectáculo, dueño de un circo, en plena era victoriana, mientras Pablo Fanque es un caballista formidable y candidato ideal para delinear el tipo de antihéroes que se propusieron ser Los Beatles. Y lo lograron.
Y todo eso surgió de la imaginación.
Sucede que regresaban Los Beatles del que habían decidido fuera el último concierto en vivo de su vida, el 29 de agosto de 1966 en Candlestick Park, San Francisco y durante el vuelo comían y alguien le pidió a Paul que por favor le pasara el salero y el recipiente de la pimienta.

En un hermoso acto fallido, Paul no escuchó lo que le dijeron: Salt and Pepper, sal y pimienta, sino que escuchó Sergeant Pepper y de esa manera nació la canción que todos ahora conocen pero desconocían su origen semidisléxico.

Y de ahí se soltó la cascada de la imaginación. La famosa Banda de los Corazones Solitarios del Sargento Pimienta, es un alter ego de Los Beatles y el disco es un concierto que ofrece esa banda/ clon y que presencian Los Beatles, en un juego de espejos fantástico que corre al mismo tiempo a la velocidad de los cambios tecnológicos.

En la columna Disquero de La Jornada del sábado anterior explico detalles de esa música y del significado de los personajes que aparecen en la portada: son el público que asiste a presenciar ese concierto, y que acompañan a Los Beatles que son también parte del público.
Pongo aquí el link de ese texto y continúo aquí con otros aspectos que no toqué en ese Disquero:

En el cumpleaños 50 del Sargento Pimienta

 

Sgt-Peppers-Lonely-Hearts-Club-Band-50-anos

Entre esos aspectos figura la influencia de Bob Dylan, ya anunciada en los discos anteriores, Rubber Soul y Revolver, donde Los Beatles buscaron apartarse de las boberías que escribían y cantaban y seguir, en cambio, el ejemplo de Dylan y escribir contenidos con sustancia.Era, también, la época de las grabaciones monoaurales y la aurora del sonido estereofónico y el uso de consolas de grabación de cuatro y hasta ocho canales.
El propósito de Los Beatles era, ya que habían decidido dejar de dar conciertos en vivo, hacer discos como si fueran conciertos en vivo y para lograr ese efecto recurrieron a todos los trucos posibles. Pero sobre todo cerraron los ojos y abrieron la mente para que tomara el poder la imaginación. Y lo lograron.Por eso el disco inicia con el murmullo de todo inicio de concierto. Y los trucos tecnológicos van del tijera y engrudo a la sofisticación técnica, como un par de inventos: el ADT, por sus siglas: Artificial Automatic Double Tracking, descubierto por el ingeniero Ken Townsend en 1966, que utilizaron Los Beatles para aprender una nueva manera de fraseo, ese elemento básico de lo que en musicología se llama musicalidad y que es el valor supremo del arte de los sonidos y los silencios.
Otro invento: la DI, por sus siglas Direct Injection, que consistía en, por ejemplo, conectar el bajo de Paul directamente a la consola, en lugar de ponerle un micrófono enfrente a su amplificador.
El resultado fue un sonido puro, crudo, atronador, distinto a la coloratura del sonido ambiental del bajo reverberando en la sala del estudio de grabación.

pimienta2

Pero no todo fueron trucos. Hay hallazgos musicales tan fenomenales como el pasaje en piano de Paul en A day in life, donde se escucha con toda claridad la influencia de Karlheinz Stockhausen.
La cinta magnetofónica se convirtió, decíamos, en la herramienta básica del grupo, lo que provocó que, por ejemplo, Ringo Star se quedara sin materia de trabajo, porque bastaba que él diera cinco batacazos, seis compases y se sentara a fumar porque el resto era trabajo de copia y pega a cargo de los ingenieros.
A manera de sorna, Ringo dijo años después que todo el tiempo libre que tuvo durante las 700 horas de grabación, le sirvió para aprender a jugar ajedrez.
Los matices, detalles, recovecos, secretos develados que los oídos entrenados no pudieron escuchar en el transcurso de los últimos 50 años, están ahora al alcance de todos, pues la edición conmemorativa del disco incluye pasajes enteros donde se separan los canales de grabación de manera que se escuchan solamente las voces, o solamente los acordes o solamente las armonías o solamente los coros o solamente la orquesta o solamente los violonchelos.
Los Beatles se propusieron hacer música para oídos exquisitos. Y lo lograron.

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