El destino está en tu nombre


Por César Mundaca

Foto de portada:

Eugenio Mazzone

Son las once en punto de la noche en Lima. Es el último jueves de abril. Ha caído, como nunca antes, abundante granizo. Los meteorólogos más prestigiosos del país señalan que esto es una de las tantas consecuencias del cambio climático. Fenómeno que el Perú vivirá con mayor intensidad en lo que resta de 2015.
En ese contexto nació Agatha. Hija de Guillermo y Lucía, padres primerizos oriundos de Ollantaytambo, Cusco. Agatha es rechoncha, sonrosada y de gesto adusto. Su cabello es de un color castaño acaramelado y cuenta con una boquita en forma de caramelo Ambrosoli. Hermosa por dónde se le mire.
Tan pronto llegó a su nuevo hogar, sus grandes ojos plomos se clavaron en la biblioteca. Especialmente, en los libros de Julio Verne. No quería beber su tarro de leche NAN, ni jugar con su sonaja plateada. Lo que quería era coger esos enormes textos que parecen ladrillos, de tapa dura e historias maravillosas.
La pequeña no duerme. Simula estar durmiendo ante terceros. Es una gran actriz, como lo fue su abuela paterna Miroslava Stern. Pasada la medianoche, trepa su cuna con sigilo y gatea a la velocidad de un tranvía hasta la biblioteca.
Lo primero que hace es divisar los textos de Verne. Luego jala la vieja escalera de fierro con la fuerza de Popeye y se apodera de las publicaciones. Abraza los ejemplares, chupa y muerde las portadas como si se tratara de esas dulces paletas multicolores que venden en las ferias.
También ojea el contenido de cada novela. Las ilustraciones, ¡oh, las ilustraciones!, no puede dejar de mirarlas. La bebé se ha quedado extasiada con las reliquias literarias del autor francés. En señal de satisfacción, expulsa numerosas burbujas de saliva del tamaño de un globo aerostático.
Con el devenir del tiempo se fue transformando en una ávida lectora de relatos breves latinoamericanos, novelas románticas inglesas, crónicas de Jon Lee Anderson y biografías de políticos europeos. ¿Y la poesía? No, eso no. Le generaba más de un bostezo al igual que la filosofía.
A los catorce años escribió su primer cuento. Un relato de nueve páginas titulado Mundo deprimente, con el cual obtuvo el tercer lugar en la penúltima edición de los Juegos Florales Escolares Nacionales. Certamen organizado anualmente por el Ministerio de Educación.
Curiosamente, el cuento llegó a manos de Mario Vargas Llosa. El Nobel, excitadísimo hasta la médula con la historia, no dudó en escribir una carta de su puño y letra para motivar a la adolescente a seguir escribiendo. “Traza tu camino con fe y mucha pasión. Recuerda que esta es una carrera de largo aliento”, le dijo. Frase que quedó grabada para siempre en el subconsciente de la muchacha.
Estamos en la XXXI Feria Internacional de Libro de Lima 2039 y Agatha se encuentra rebosante de alegría porque va a presentar su primera novela, Parricidio en el Manu. El auditorio se encuentra abarrotado de familiares, amigos de toda la vida venidos desde distintas latitudes, jóvenes curiosos y críticos literarios de fuste.
Tan pronto culmine esta presentación, empezaré a escribir mi crónica para el suplemento cultural del semanario Coyuntura. El título lo tengo en la punta de la lengua desde hace días: Agatha Christie, el destino está en tu nombre.

Cesar Mudaca
CÉSAR MUNDACA.
NACIDO EN LIMA, PERÚ EN 1988. ABOGADO. ASIDUO LECTOR DE NOVELAS, CUENTOS, CRÓNICAS Y BIOGRAFÍAS. NOVEL ESCRITOR DE CUENTOS Y ARTÍCULOS SOBRE POLÍTICA NACIONAL E INTERNACIONAL.
BLOG: WWW.MISCELANEAMUNDIAL.WORDPRESS.COM
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