La palabra de Gabriela: El pasado y lo anterior en “La línea paterna”.


Por Gabriela Pérez

Al igual que Jonás, José Buil deseaba volver a su propia y particular Tarsis. Tomó también una embarcación a la que engulló la tempestad.

No fueron marineros quienes lo toman de pies y manos para arrojar su cuerpo a las olas. Está ahí por azares diversos. No puede, no quiere evitar que lo agudo rodee su cabeza. Desciende voluntariamente en las regiones de otro tiempo. Crea, de manera involuntaria, pero consciente, un espacio imaginario.

Pensar de otro modo es vivir toda la experiencia de otro modo. Escribir de otro modo es pensar de otro modo. De un modo también distinto, José Buil escribió la versión de su experiencia en La línea paterna.

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Es necesario oponerse a ese deseo de decir lo falso. Está la obligación de caminar con lo verdadero. En la verdad se desea siempre encontrar un medio, una dirección  de  pensamiento, a una dirección de conciencia. En lo verdadero de anhela reconocer las voces de la comunidad familiar.

Hay un más allá en la verdad.

Lo doméstico que deja huella en el lenguaje que adquirimos desde los primeros meses. Hay algo indomesticable,  algo que podemos llamar lo anterior. Lo anterior no es lo pasado.

En lo anterior hay algo indeclinable. Hay un empujón que no conoce tregua. Las cosas que comienzan y que no tienen fin.

La vida nueva que regresa sin cesar, una y otra vez, a la superficie de la tierra. Cada hoja, cada borrasca, cada lluvia, cada tifón renueva todo. Nos alimenta una tempestad que expresa el nacimiento  sin salir del tiempo. Tempestas que manifiesta la fuerza que yace en el corazón del tempus y que se despliega totalmente en ráfagas aterradoras en la noche. “Lo anterior” es la cadena desencadenada.

Tenemos un big bang que explota actualmente. Es en ese momento que el corazón de la tierra, bajo nuestros pies brota. El tiempo define la ausencia de fin. Es un emerger inacabable. Pero cuidado, el retorno que brota de lo anterior puede tornarse corto para aquel que ignora lo que está en la memoria.

Recordemos el ”Érase una vez... ” el inicio de los cuentos, de los mitos. Ese inicio llama a  la imagen onírica, involuntaria, que alucina lo perdido, que precede a la especie humana y a la invención de las lenguas.

Un rayo revela el instante que nos conduce al momento previo de nuestro nacimiento, nos conduce a lo  que se ha perdido. El rayo en la naturaleza remite a la memoria de la fulguración de la luz en el seno del nacimiento, fulguración que rememora de ese modo, como su trasfondo, la noche que precede, ignorante todavía de su penumbra.

Podemos definir “lo anterior” como el rayo.  Es lo viviente. “Lo anterior” es la desnudez en el origen de cada uno, invisible a cada uno. ¿A dónde van juntos los amantes, los amados? ¿A qué región se han ido para volverse silenciosos, sin imagen?

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José Buil. Foto: Semanario Proceso

Los amantes, los amados,  retornan a su concepción.

En cada uno de nosotros está la huella de carbono. El cerebro, desde el instante en que funciona, pone en marcha su evolución. Nuestros genes conservan la memoria de lo anterior. No somos nunca la fuente. Nos falta la imagen que nos precede. La belleza precede al hombre.

Nada más movedizo que el pasado, el presente no cesa de reordenar eso que lo alimenta. En realidad, eso es apenas la conservación, la reacción, el mantenimiento; es el pasado que se extiende, congela los vestigios, inmoviliza las edades. Sólo lo anterior demuele el pasado y devuelve su materia a la liquidez originaria, sólo lo anterior puede poner al pasado en cintas grabadas.

El origen acrecienta su volumen y su masa. Nos engulle. Es necesario oponer el goce a la felicidad. La felicidad del pasado se constituye en el tiempo, a medida que se repiten los placeres

El pasado insiste en viejas secuencias de alegrías. Si se concede esa felicidad a la reiteración de los actos del pasado, resulta que es necesario oponer, entonces, la felicidad del pasado al goce: Es necesario combinar la repetición con el surgimiento. Hay una felicidad propia en lo anterior, que lo caracteriza: es el goce que no se puede retener.

Nuestra vida consume algo de otro tiempo. Sideración de lo anterior. Lo anterior no representa ni al nombre de los seres, ni al nombre de los que han sido. Lo anterior no deja de surgir. Lo anterior es un pozo más vasto que todo el pasado. El tiempo no es más que un recurso no renovable: es la profusión irreversible. Si el sueño es eso que hace aparecer, como si estuvieran ahí, a los seres ausentes, lejanos, desaparecidos, o muertos, el “ahí” donde ellos habitan no es una dimensión espacial , ni temporal . El está “ahí” en el sueño reenvía a un “ahí” que precede.

Si lo nombramos como lo “anterior”, es para distinguirlo de lo pasado.

El paraíso terrenal es lo anterior hecho lugar. A decir verdad, el lugar del paraíso no es externo. Por eso todos tenemos uno.

La noción de lo anterior, debe der diferenciada de la de pasado. El inicio de los cuentos «Érase una vez» podría ser un ejemplo de algo que ha tenido lugar antes, pero ese antes escapa a la articulación de los tiempos, Los cuentos, los sueños, las anécdotas que resurgen incesantemente, desorientan tanto el relato, que su lector se encuentra poco a poco incorporado no tanto a un tiempo sino a un modo, porque el pasado es la marca y el motor de la narración, no tiene lugar ahí. Eso que hemos llamado futuro, en el ahí está ausente.

Lo Anterior cae de las nubes. Es el rayo mismo. Es la Hora. Es el tiempo a contratiempo. En 1992, José Buil arribó a lo anterior. Encontró recuerdos en la casa de su abuelo. Muchos rollos de filmaciones familiares realizadas con una hermosa cámara Pathé Baby. Su padre murió en el viaje a esos recuerdos grabados en cintas.

Al ver La línea paterna lo que encontramos es a la vez un reencuentro y una despedida. Una celebración y un duelo. En las imágenes encontradas volvían, personas y lugares queridos. Para darle a los archivos mudos una progresión narrativa, Buil escribió un texto para ser leído en off. La línea paterna reconstruye treinta años de historia de una familia y reflexiona sobre el poder de conservación del cine.

¿En el anterior de otro hay resonancia con el de uno mismo?

¿Por qué no lo investigas viendo la película?

 

 

 

 

 

 

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