El Arca de Utanapishtim, el Noé sumerio


Por José Antonio Ruiz Piña

El mito del Diluvio Universal es ampliamente conocido, aparece en el primer libro de La Biblia, que forma parte de la colección conocida como El Pentateuco o cinco volúmenes, y que para los judíos representa La Ley o La Torá; estos son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y  Deuteronomio.

El mito del diluvio bíblico aparece justo después de la historia de la creación del hombre. Dios, viendo que los hombres se volvieron malvados, decidió exterminar a toda la humanidad:

Viendo Yahveh que la maldad del hombre cundía en la tierra, y que todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal de continuo, le pesó a Yahveh de haber hecho al hombre en la tierra, y se indignó en su corazón. Y dijo Yahveh: “Voy a exterminar de sobre el haz del suelo al hombre que he creado, -desde el hombre hasta los ganados, las serpientes, y hasta las aves del cielo -porque me pesa haberlos hecho-. Pero Noé halló gracia a los ojos de Yahveh.

Sin embargo, desde principios del siglo XX, la aparición de la asiriología –rama de investigación y estudio de los pueblos de la región de medio oriente conocida como Mesopotamia– reveló una vasta cantidad de textos en escritura cuneiforme que se traducirían a lo largo de las siguientes décadas; entre dichos escritos, tenemos el mito de Atrahasis y los poemas de la creación: Enuma Elish y Gilgamesh, los cuales revelan historias que guardan inquietantes similitudes con la historia bíblica del Génesis.

En la tradición que se remonta a épocas sumerias, el protagonista de la historia es Ziusudra, conocido después como Utanapishtim, o el más sabio, habitante de la ciudad de Shurupak, muy cerca de lo que hoy en día es Bagdad, en Iraq. Utanapishtim recibió un aviso en sueños por el dios Enki o Ea, que entre algunas de sus atribuciones estaba la de educar a los hombres y la sabiduría.

Esta versión del diluvio que se encuentra en el poema de Gilgamesh fue a su vez retomada del poema Atrahasis, que narra la sucesión de diferentes cataclismos, de los cuales el diluvio es el último, decidido en consejo por los dioses debido al ruido que hacían los hombres.

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De la extraordinaria traducción del acadio al español del poema Gilgamesh o la angustia por la muerte de Jorge Silva Castillo, retomamos el siguiente fragmento:

Utanapishtim se dirigió a Gilgamesh: “te revelaré, Gilgamesh, una historia secreta, te contaré sólo a ti un secreto de los dioses: fue en la ciudad de Shurupak, que bien conoces, la que está a la orilla del Éufrates, ciudad antigua donde los dioses, tomaron la decisión de desatar el diluvio. Ahí lo decidieron Anu, padre de los dioses; Enlil, su consejero, “el valeroso”; Ninurta, su visir; Ennugi, su sirviente. Ninsiku-Ea con ellos prestó juramento, pero repitió sus palabras a la casa de los carrizos: “carrizos, carrizos, pared, pared, escuchad, carrizos; recuerda, pared: oh, shurupakeo, hijo de Ubartutu, destruye tu casa, construye una barca. Abandona las riquezas, busca la vida. Aborrece los tesoros, mantén vivo el soplo de la vida. Salva la semilla de los vivientes todos en la cala de una barca. Una barca que tú mismo construirás.

Cabe mencionar que, en el relato bíblico, la decisión del exterminio de la humanidad corrió a cargo de Yahveh, como Dios único y supremo; en el caso de la historia sumeria, la decisión es tomada en común acuerdo por dioses de diferente rango.

Duración de la catástrofe

Es de llamar la atención que en el diluvio bíblico, la catástrofe duró mucho más tiempo, en comparación con la versión sumeria:

[Relato bíblico] El diluvio duró cuarenta días sobre la tierra. Crecieron las aguas y levantaron el arca que se alzó encima de la tierra. Subió el nivel de las aguas y crecieron mucho sobre la tierra, mientras el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. Subió el nivel de las aguas mucho, muchísimo sobre la tierra, y quedaron cubiertos los montes más altos que hay debajo del cielo. Quince codos por encima subió el nivel de las aguas, quedaron cubiertos los montes. Pereció toda carne: lo que repta por la tierra, junto con aves, ganado, animales y todo lo que pulula sobre la tierra, y toda la humanidad. Todo cuanto respira hálito vital, todo cuanto existe en tierra firme, murió. Yahveh exterminó todo ser que había sobre el haz del suelo, desde el hombre hasta los ganados, hasta las serpientes y hasta las aves del cielo: todos fueron exterminados de la tierra, quedando sólo Noé y los que con él estaban en el arca. Las aguas inundaron la tierra por espacio de ciento cincuenta días. 

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[Poema de Gilgamesh] Seis días y siete noches continuó el viento, el diluvio, la tempestad. El diluvio aplanó la tierra. Llegado el séptimo día, se aplacaron la tempestad, el diluvio, la batalla, que habían golpeado [cual manotazos] de parturienta. El mar se apaciguó, El viento Imhullu se silenció, el diluvio se acabó. Yo vi el mar: el silencio era total. La especie humana, toda, había vuelto al barro. 

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¿Dónde encallaron las barcas?

En ambas versiones el arca varó en alguna de las montañas más altas de la región, en el caso de Noé, la embarcación se detuvo sobre los montes Ararat, actual Turquía, un volcán de más de 5 mil metros sobre el nivel del mar, el cual ha sido motivo de especulaciones y exploraciones para hallar alguna prueba fehaciente de la existencia del Arca.

[Relato bíblico] … se cerraron las fuentes del abismo y las compuertas del cielo, y cesó la lluvia del cielo. Poco a poco retrocedieron las aguas de sobre la tierra. Al cabo de 150 días. Las aguas habían menguado, y en el mes séptimo, el día diecisiete del mes, varó el arca sobre los montes de Ararat. Las aguas siguieron menguando paulatinamente hasta el mes décimo, y el día primero del décimo mes asomaron las cumbres de los montes. 

 

Ilustración 1

 

La embarcación Utanapishtim quedó retenida en el monte Nishir, actualmente conocido como Pir Omar Gudrun, ubicado en Irak, al norte de Kirkuk, cerca de la ciudad de Sulaymaniyah, y que se eleva a tres mil metros sobre el nivel del mar.

[Poema de Gilgamesh] [La superficie del agua] era tan plana como una azotea. Abrí una escotilla y me cayó un aire fresco en las majillas. Me arrodillé y me quedé ahí, llorando; una lágrima rodaba en mis mejillas. Escudriñé el mar buscando tierra: a unas doce dobles-leguas había una isla. En el monte Nishir, sin dejarla partir. Uno y dos días retuvo así al arca el monte Nishir; cinco y seis días retuvo así al arca el monte Nishir; hasta que llegó el séptimo día.

¿Qué tan grandes eran las embarcaciones?

Otro aspecto interesante son las dimensiones de las naves de Noé y Utanapishtim, mientras que la de aquél tenía forma de un gran rectángulo con tres niveles, la de éste era un gran cubo de siete pisos con nueve divisiones cada uno:

[Relato bíblico] Dijo, pues, Dios a Noé: “He decidido acabar con toda carne, porque la tierra está llena de violencias por culpa de ellos. Por eso, he aquí que voy a exterminarlos de la tierra. Hazte un arca de maderas resinosas. Haces el arca de cañizo y la calafateas por dentro y por fuera con betún. Así es como la harás: longitud del arca, trescientos codos; su anchura, cincuenta codos; y su altura, treinta codos. Haces al arca una cubierta y a un codo la rematarás por encima, pones la puerta del arca a un costado, y haces un primer piso, un segundo y un tercero.

El codo era una medida que literalmente iba del codo a la mano abierta o cerrada, por lo que siempre había variaciones entre regiones y épocas. Aproximadamente, el codo equivalía a 50 cm, por lo que la forma del Arca de Noé era rectangular, 150 metros de largo, 25 metros de ancho y 15 metros de altura.

Ilustración 2

 

[Poema de Gilgamesh] Que sea su plan proporcionado; iguales su ancho y su largo; que esté cubierta, como el Apsu. […]  en la mañana, al despuntar el alba, toda la gente se reunió en torno a mí: Los carpinteros con su hacha, los cesteros con su piedra; […] los más pequeños llevaban el betún, los más pobres cargaban…  los materiales. A quinto día monté el armazón. Un IKU la superficie de a base; diez GAR de alto las paredes; diez GAR también, cada lado del borde superior. tracé y dibujé su distribución: le hice poner seis entrepisos para que tuviera siete [pisos.] Dividí cada [piso] en nueve [compartimentos.] por dentro clavé cuñas para el agua. Hice provisión de pértigas y todo lo necesario. Hice colar en el horno tres SAR de betún y añadí tres SAR de pez; llevaron los cargadores en baldes tres SAR de aceite; dejando de lado un SAR que consumió el calafateado, dos SAR de aceite ahorró el marino. Para los obreros hice matar reses y cada día sacrifiqué borregos. Hubo carne, cerveza, aceite, vino. Los obreros bebieron como si fuera agua del río. Hicieron una fiesta como la del Akitu. Al séptimo día, al salir el sol me ungí de aceite […] y al caer el sol la barca estaba terminada. 

El IKU equivalía a 3 mil 600 metros cuadrados, un GAR 6 metros; así pues las paredes tendrían 60 metros de largo, alto y acho, por lo que resultaba un cubo enorme. El SAR equivalía a 3 mil 600 litros, es decir 10 mil 800 litros de betún o petróleo espeso.

Ilustración 3

 

El don de la inmortalidad

Utanapishtim fue recompensado, junto con su esposa, con el don de la inmortalidad por gracia de Enlil, dios del viento, los huracanes, la lluvia y principal promotor del exterminio, debido quizá, al enfado de la diosa madre Mah, ante tal catástrofe.

En un fragmento del relato, Mah parece deslindarse de la decisión del exterminio, aunque posteriormente aparece aterrada en medio de la tempestad preguntándose: “¿cómo pude yo, en el consejo de los dioses, proferir tal maldición?, ¡para mi propia gente decreté una batalla de destrucción!”.

[Poema de Gilgamesh] Subió Enlil al interior del arca y, tomando mi mano, me hizo subir; me hizo subir y arrodillarme, con mi esposa a mi lado. Y, tocando nuestra frente, se puso entre nosotros y nos bendijo: hasta hoy Utanapishtim pertenecía a la especie humana. Ahora Utanapishtim y su esposa a nosotros, los dioses, se asemejen. 

En el poema de Gilgamesh, éste busca desesperadamente a Utanapishtim para que le revele el secreto de la inmortalidad. En una parte de este fragmento, Gilgamesh parece sorprendido del aspecto de Utanapishtim, a decir de su inmortalidad, creería encontrar a un ser con características sobrehumanas.

[Poema de Gilgamesh] ¿No son acaso semejantes el que duerme y el muerto? ¿no dibujan acaso la imagen de la muerte? [En verdad,] el primer hombre era ya su prisionero. Desde que a mí me bendijeron [los dioses,] no ha bendecido a nadie más. Los Annunaki, los grandes dioses, reunidos [en consejo] -Mammetu-, que crea los destinos, con ellos los decide-, determinaron la muerte y la vida. Pero de la muerte no se ha de conocer el día”. Gilgamesh se dirigió a Utanapishtim, el Lejano: “Yo te observo, Utanapishtim, y no es tu aspecto distinto del mío. ¡No, no somos diferentes tú y yo! yo te imaginaba hecho para el combate [y he aquí que te encuentro] muellemente recostado. Cuéntame cómo te presentaste al consejo de los dioses para lograr la vida.” 

Noé, por su parte, halló gracia ante los ojos de Dios y lo salvó junto con su familia, sin embargo, murió como todo mortal a la extraordinaria edad de 950 años, sólo 19 años menos que el célebre y longevo Matusalén, patriarca antediluviano descendiente de Adán.

[Relato bíblico] Los hijos de Noé que salieron del arca eran Sem, Cam y Jafet. Cam es el padre de Canaán. Estos tres fueron los hijos de Noé, y a partir de ellos se pobló toda la tierra… Vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta años. El total de los días de Noé fue de novecientos cincuenta años, y murió.

Alianza y aflicción

En algún pasaje, los dioses parecen conmovidos al observar la catástrofe, y al darse cuenta de que la humanidad estaba siendo exterminada por su causa, aparece un sesgo de arrepentimiento por haber participado en tal decisión.

[Poema de Gilgamesh] Se aterraron los dioses por el diluvio. Se retiraron y subieron al cielo de Anu. Estaban echados como perros los dioses, hechos nudo, amedrentados. Chillaba Ishtar como una parturienta.  La diosa Mah, la de la bella voz Gemía: ¡oh, si pudiera volver al barro. ¡Aquel lejano día en que proferí una maldición en el consejo de los dioses! ¿cómo pude yo, en el consejo de los dioses, proferir tal maldición? ¡para mi propia gente decreté una batalla de destrucción! ¿a mi gente las habré yo dado luz para llenar de peces el océano? los dioses Annunaki gemían con ella. Lloraban, sentados, lágrimas de pena, tapándose los labios abrasados de ardor.

Como en el caso anterior, Yahveh también parece afligido ante el exterminio, casi total, de la humanidad, por lo que establece una alianza con Noé y sus hijos, y promete no volver a herir a ningún ser viviente a causa de un diluvio mientras la tierra exista. La señal que marca esta alianza es el arcoíris: “pongo mi arco en las nubes, y servirá de señal de la alianza entre yo y la tierra”.

[Relato bíblico] Noé construyó un altar a Yahveh, y tomando de todos los animales puros y de todas las aves puras, ofreció holocaustos en el altar. Al aspirar Yahveh el calmante aroma, dijo en su corazón: “Nunca más volveré a maldecir el suelo por causa del hombre, porque las trazas de corazón humanos son malas desde su niñez, ni volveré a herir a todo ser viviente como lo he hecho”. Mientras dure la tierra, sementera y siega, frío y calor, verano e invierno, día y noche, no cesarán… Establezco mi alianza con vosotros, -Noé y sus hijos- y no volverá nunca más a ser aniquilada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.

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Las aguas se retiran

Finalmente, al cesar el diluvio en ambos relatos, Noé y Utanapishtim utilizaron métodos muy parecidos para cerciorarse que las aguas estaban menguando y que pronto podrían estar otra vez en tierra firme.

[Relato bíblico] Al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca, y soltó al cuervo, el cual estuvo saliendo y retornando hasta que se secaron las aguas sobre la tierra. Después soltó a la paloma, para ver si habían menguado ya las aguas de la superficie terrestre. La paloma, no hallaba dónde posar el pie, tornó donde él, al arca, porque aún había agua sobre la superficie de la tierra; y alargando él su mano, la asió y metióla consigo en el arca. Aún espero otros siete días y volvió a soltar la paloma fuera del arca. La paloma vino al atardecer, y he aquí que traía en el pico un ramo verde de olivo, por donde conoció Noé que habían disminuido las aguas de encima de la tierra.

[Poema de Gilgamesh] Saqué y solté una paloma. Se fue la paloma y regresó, pues no alcanzó tierra en qué posarse. Saqué y solté una golondrina. Se fue la golondrina y regresó, pues no alcanzó tierra en qué posarse. Saqué y solté un cuervo. Se fue el cuervo y vio retirarse el agua, Picoteó, rasco la tierra, alzó a cola y no volvió. Hice salir a todos a los cuatro vientos y ofrecí un sacrificio.

Conocemos como historia el periodo que abarca del inicio de la escritura hasta nuestros días, periodo en que la humanidad ha tenido la oportunidad de registrar su visión del universo. Es interesante pensar que, en el inicio de la civilización, historias como la del génesis o el relato de Utanapishtim, nos dan una idea de su cosmogonía, y quizá no sea casualidad que muchas de ellas coincidan en narrar una catástrofe como el Diluvio Universal.

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En un tiempo, hace unos 15 mil años ocurrieron cambios importantes a nivel geológico; los hielos de la última glaciación que cubrían gran parte de la tierra se retiraron, y se estima que el nivel del mar aumentó, y el drástico cambio climático pudo haber provocado precipitaciones e inundaciones. En El Alba de la Civilización de Carl Grimberg y Ragnar Svanström se lee “El hombre no era posible sin el periodo glacial”, ya que después de éste la tierra ya era el hábitat idóneo para el desarrollo de la raza humana, hablamos alrededor de los últimos 10 mil años.

Por tal motivo, es probable que la región de Mesopotamia al sur de Bagdad, entre el Tigris y el Éufrates, comenzara a emerger de entre las aguas de los ríos, y paulatinamente se dispusieran las condiciones para que surgieran las primeras ciudades-estado de hace unos cuatro o cinco mil años, cuyos habitantes quizá reprodujeron de sus ancestros, por tradición oral, las historias de grandes inundaciones, que después con la invención de la escritura, quedarían registradas en tablillas de arcilla como testimonio de su origen divino.

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