La palabra de Gabriela: ¿Es el agua un espejo?


Por Gabriela Pérez

Foto de portada: Gary Bendig en Unsplash

Mientras él finge que no pasa nada, yo finjo que estoy mejor de lo que realmente estoy.

Los dos hemos caído en la tentación de este teatro en el que el telón y personajes son fabricados en cuestión  de minutos por seres llenos de miedos e incapaces de mirarse a sí mismos en el espejo del otro. ¿Qué tan difícil es tener claros los límites?

Tengo una gran habilidad para crearme realidades tormentosas que me impiden vivir el instante y el lugar adecuado. Estoy no aquí, y no ahora. Creo que él tiene sus propios problemas. Muchos y añejos. Si logra salir de esa depresión con la que ha vivido su vida, será un logro personal. Podrá entonces ver todo ese potencial que se niega a ver en sí mismo.

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Yo tengo mis propias guerras.

La pregunta que salta de manera inmediata es ¿ cómo puedo soltar si tengo la certeza de que apenas abra las fauces el pajarillo remontará el vuelo? Ni siquiera es porque tenga ganas de volar. Será porque adolece de lo mismo que yo. Miedo a irse, Miedo a quedarse a lo que sea.

El juego se da entre el pequeño y jugoso trozo de carne sobre mi mano, y el águila que majestuosa se acerca deseando lo que yo tengo y que sabe que deseo más que nada ponerlo en su pico. Es fuerte pero impaciente. La impaciencia opaca su fortaleza. Está ansiosa y hambrienta. Ahora no solamente quiere el trozo de carne. Lo necesita.

La necesidad nos vuelve vulnerables. Me he acostumbrado a sentir sus garras enterrándose en mi brazo. Me mira amenazante desplegando las alas, aletea fuertemente. Pero no se va.

¿Quién que haya vivido en el centro de las vicisitudes ha podido evitar los estragos de un torbellino? Las hogueras necesitan que constantemente se las alimente. A cambio del calor y la luz que regalan exigen una especie de esclavitud voluntaria. Por fortuna, e imagino que por puto instinto de supervivencia, la libertad aguarda a que las llamas de su contrincante mengüen. Arriban los recuerdos de tranquilidad y sosiego de otros tiempos. No hay engaño eterno.

Hoy he estado en el laboratorio. Sola. Resguardada por los dos cerrojos de la puerta naranja. Mira tu faz, y horrorízate -recuerdo que Furia me dijo- la deformidad no es tan horrible en los demonios como lo es en tu rostro. Pienso y me doy cuenta de que confundo asumir mi parte débil con un permiso para paralizarme por el miedo. La soledad me derrumba, y al mismo tiempo, me seduce.

-Mírame

-Ya te miro

-Bien, porque es casi hora de que deba restituirme a las llamas.

Sangre del corazón

Fui una de las que llevó su cadáver. No pude, no creí que algo que en teoría yo conocía, podía ser tan diferente a lo que creí. En realidad, nunca lo vi. Algunas cosas que ocurren son rechazadas por la inteligencia y por los sentidos. El profundo amor que nos tenemos,  y la pasión que nos encendió, termina por aburrir.

Nunca ha sido blanda la furia derivada del poema. Uno creería que tras el arrastre del dolor y el azote de las letras, el poema se extingue. Pero sólo se agazapa y espera a dar el último zarpazo.

A estas horas soy aquella joven muerta. Me prostituyo y regreso a mi cama al primer gallo. Queda atrás la dominadora de vientres y de sexos; el olor a sangre macerada y todas las profecías que la comunión de los cuerpos sin nombre escupían. De nuevo inicio el camino. Me acomodo en el centro, me carbonizo y espero.

Mientras los pocos vivos en los alrededores agonizan aplastados por la pereza y pasmados por los bostezos, yo me sumerjo en el insomnio. Esa extraña barca para la que ninguna moneda cubre el peaje. Bajo el estupor de miserias petrificadas penetro en la oquedad.

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Alboroté a las masas de tal manera, que cuando la turba de mis afectos vino a prenderme fuego, no hubo quien lo impidiera ni quien quisiera hacerlo. Atacada por una multitud, fui desollada con conchas de abulón. Mi obra se destruyó y mi nombre fue olvidado. Sabiéndolo, terminé las brillantes e inútiles melodías y atardeceres del verano de mariposas; me desvanecí bajo la polilla atrapada en la ventana que se cierra en el invierno. Era pequeña, quedó adherida a la pared, sin siquiera imágenes del vacío anterior al vendaval. Todo era una incontrovertible afirmación de abandono doliente, pero al mismo tiempo, de oposición a ser ocupada. El olor a tierra mojada, la sensación de carne fresca, la luz que trae consigo la plenitud de la agonía, todo deja en los labios espacios para una sola palabra.

Tic, tac, tic, tac, smash, plash, plac, planck

 

<<Posibilidades>>
Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del Warta.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener a la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.
Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
Prefiero en el amor los aniversarios no exactos
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas
del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras tampoco mencionadas.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo insectil al estelar.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que el ser tiene su razón.

Wislawa Szymborska

El electrón se desbarata. Pasa la lenta, parsimoniosa, torpe, a veces, amargamente. Camino, me pierdo en el malecón. Tic, tac, tic, tac, smash, plash, plac, planck Algún rojo o amarillo se entromete, pero siempre, al final, queda el azul.

¿Es el azul del agua o el azul de un espejo?

Tic, tac, tic, tac, smash, plash, plac, planck

Ya veremos.

 

 

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