Cercanía con las palabras: convocarlas para nombrar mundos


Entrevista a Gabriela Peyron, narradora y poeta mexicana

Por José Cruz Domínguez Osorio

Fotos de la autora: Edgardo Moctezuma

Las veces que mira hacia sus recuerdos, Gabriela Peyron entra a un parque, recorre el campo y vuelve a asomarse al interior de las casas donde habitó. A esas memorias de la escritora las envuelve el olor de las ciruelas y tienen “el sabor del helado de rompope” “y el queso de rancho en unas lejísimas vacaciones”.

En esta entrevista, la poeta y narradora nos convida un poco de su infancia, de su adolescencia, de los libros y las lecturas que la han acompañado. También nos acerca al proceso creativo al escribir cuentos y poemas, de los paisajes que los lectores podrán encontrar en sus propuestas narrativas. Que la palabra nos acerque con la escritora, y que Gabriela Peyron nos comparta:

Foto_ Escritora Gabriela Peyron

Cuéntame de tu niñez, de todo aquello que veías y sea parte actualmente de los cuentos y poemas que has escrito y publicado.

Cuando miro hacia atrás recuerdo algunas cosas, (personas, momentos, lugares) que aparecen en mi memoria y que de alguna manera se manifiestan en los relatos que he escrito hasta ahora: el parque y el campo donde jugaba, las casas en que viví, la colonia, personajes sin nombre, como ese extraño hombre con el que me topé (¿o lo soñé?) en una ocasión en unas escaleras, un vampiro de verdad, según yo. El ruido de los ríos corriendo mientras observaba a mi padre pescar, el olor de los eucaliptos en el parque donde jugué, el sabor del helado de rompope, de las ciruelas y el queso de rancho en unas lejanísimas vacaciones, y algunos otros que de pronto surgen idénticos o bien transfomados por la imaginación y el paso del tiempo.

¿Cómo se da cuenta la niña Gabriela que había un personaje de nombre Tintín y pudo asomarse y leer las aventuras de este chico?

Mi hermano era fan de Tintin; de hecho todos en la familia nos turnábamos los álbumes de este fantástico personaje y su perro Milou y los leíamos, esperábamos a que saliera el nuevo libro para adquirirlo y leerlo. Con él y los demás personajes de esas historietas, viajé a países lejanos, me reí, registré algunas expresiones, me perdí en los exóticos paisajes dibujados por Hergé.

¿Quién de tu familia te acercó con el sonido de las palabras contándote historias que en aquel momento te sorprendían y te dejaban con ganas de seguir escuchando más?

No hubo nadie que me leyera en voz alta o me contara historias hasta donde recuerdo. Pero los libros de aventuras y una serie de cuentos tradicionales de distintos países bellamente ilustrados (algunos los conservo) estaban a mi alcance tanto en la escuela como en la casa. También soñaba y me inventaba historias viendo las láminas en color de la enciclopedia Jackson que había en casa.

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¿Qué te gustaba del personaje de “La pequeña Lulú”, a la que leías emocionada? ¿qué provocaba en ti esa lectura y ese encuentro con la historia, con la gráfica?

Mi queridísima pequeña Lulú…para empezar era de las pocas heroínas entre los personajes de las historietas. Casi todos eran masculinos. Además era ¡una niña! No un adulto. Por lo tanto la identificación fue inmediata. Para rematar, Lulú llevaba un diario (escribía) y contaba historias a su latoso vecinito Memo (cuentos dentro del cuento), unos cuentos de brujas divertidísimos y de una “niña pobre” que recogía bayas en el bosque para alimentarse (en la gráfica era ella misma pero con un vestidito parchado: ¡vaya representación de la pobreza!)

¿Qué lecturas te acompañaron en la adolescencia y juventud, qué de la vida de aquella época se asocia con un libro, un personaje o algún escritor?

La adolescencia, en cuestión de lecturas, fue más bien prolongación de la niñez. Seguí leyendo puntualmente historietas y los libros de las Colecciones Rosa y Verde donde el Club de los 5 y una joven detective llamada Alice Parker eran los protagonistas. Pero salté pronto a las novelas de Agatha Christie y a las aventuras del detective Poirot. Ya en la juventud, digamos en la prepa, poetas (principalmente franceses porque estudié en un Liceo Francés) como Victor Hugo, Baudelaire, Rimbaud, pero también a los mexicanos (los del grupo de Contemporáneos) y a Neruda, de quien mi papá recitaba algunos versos. Novelistas y cuentistas como Camus y Aldous Huxley, Edgar Allan Poe, también Saint Exupéry y, una lectura reveladora: Juan Rulfo.

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Hablemos de la escritura ¿cómo llega la necesidad de escuchar primero lo que ocurría en tu imaginario para después transformarlo en palabra impresa en cada uno de tus libros?

La escritura creativa era un ejercicio que formaba parte del plan de estudios de mi escuela en la primaria; más adelante se trataba de comentar lecturas y de disertaciones con algunos temas filosóficos. Por mi parte, llevaba un diario (como Lulú) y lo seguí llevando (ahora llevo uno de sueños desde hace unos años).

Gabi: has visto pasar el tiempo, por ejemplo, el transcurso de un año y esa temporalidad la escribiste y ahora le cuentas al lector lo que has visto en esos meses en En marzo como en abril. Ahora, platícamede esta celebración poética, imaginaria.

Ese libro en particular es, sí, una celebración de la naturaleza en especial. Poemas muy breves donde quise captar momentos, estampas relativas a las estaciones del año, tratando de reproducir el efecto del haikú (no en la métrica, pero sí con la intención poética de esa forma).

¿Qué le ha permitido a Gabriela escribir para niños, leer muchos libros que están considerados para un lector pequeño, joven?

Mis hijos fueron el pretexto ideal para entrar en esa “nueva literatura” para niños, que no existía cuando yo misma fui niña, y simplemente quedé fascinada por ese mundo. De inmediato quise armar y escribir mis propios cuentos para niños.

¿Escribir para niños, sea cuento, poesía, le da al escritor esa oportunidad de jugar responsablemente a través de la escritura, de plantear una historia?

Sí. Me da la oportunidad de ver (o intentar hacerlo) el mundo con mirada fresca, y de ofrecerle al lector infantil una historia o versos que lo toquen y lo acompañen; y también en el intento de que lo hagan reír o cuando menos sonreír.

¿Qué momento de tu niñez quisieras abordar en un poema o en cuento breve?

He abordado ya algunos, de manera dispersa en los cuentos que he escrito y en los poemas. En ellos aparece la soledad, el miedo, pero también las aventuras, la amistad y el amor. No tuve pérdidas importantes en mi niñez (muertes de seres queridos y cercanos), pero me interesa abordar el tema.

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Cuéntale a tus lectores, Gabi, de la sombra que una niña perdió. ¿Tienes alguna fijación con el tema de la sombra?

Sí. Las sombras son como un lado oscuro de las cosas y de las personas y al mismo tiempo son inseparables de uno. Significan la oscuridad pero también la luz, pues sin luz no hay sombra. Es algo simbólico, un pretexto para traer a cuento “tu otro yo”, el lado oculto de las cosas, o simplemente para dar pie a un viaje fantástico dentro de un sueño y un juego visual muy rico como ocurre con el libro En busca de la sombra perdida, magníficamente ilustrado por Carlos Vélez.

Te propongo, Gabi, detenerte en esta pregunta, buscar en tu imaginario ¿qué sucede en ti como lectora, como escritora cuando escuchas esas tres palabras que invitan entrar a una historia: “Había una vez…”?

Me gusta la propuesta. Es imaginar el comienzo de una historia, de una aventura. Es un reto, si pensamos en la escritura porque el inicio de algo que vas a contar tiene que ser muy sugerente y contener el encanto suficiente para cautivar al lector. Empezar a escribir es como tomar mucho aire y aventarte un clavado en algo que muchas veces no sabes adónde o hasta dónde te va a llevar; si te va a alcanzar el aliento para llegar al final y si llegarás bien o en el camino pierdes la brújula y cavilas, sueltas y te pierdes. Es difícil mantener el paso (para mí). Admiro a los escritores de novelas largas, de sagas que se siguen una a otra y que mantienen un público lector muy interesado. He optado siempre por la brevedad (cuento, novela corta, poesía) porque me siento más a gusto y capaz de decir algo en esas dimensiones.

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