El jazz bajo la manga: Una voz de cuerpo entero,  Iraida Noriega


Por Luis Barria

Fotos: Facebook de Iraida Noriega, excepto donde se indica

Mientras la espero, echo un vistazo al escenario de Realia donde se presentó el sábado 18 de abril con su LIJ Trío; aún están presentes esa música enigmática, su imagen tras el teclado, su voz naciendo unida a la voz del pasado inmediato que reproduce el looper, los momentos rockeros de la guitarra de Juanjo López, la pecursión de Luis Miguel Costero que viaja por los ritmos del mundo, los visita, los celebra y luego parte en busca de otros nuevos, la voz de Iraida que juega, salta, sube al trampolín y desde él se avienta para caer en mares de hipnotismo que rompe después, a veces con palabras, a veces ya sin ellas, y yo participo de la seductora novedad aunque extraño su presencia escénica, se lo diré en algún momento. Presente está también el ancore, cuando volvió a ser voz de cuerpo entero y bajó del escenario para caminar entre las butacas, esa voz como de chicle que cambia de forma a cada instante, que hace bombas que crecen hasta que ya no caben en sí mismas y se revientan pero quedan adheridas a la nariz, pagadas en el rostro como tatuaje indeleble del que ya no podemos desprendernos, y así, cantando entre la gente, logró el milagro del contagio, y de las butacas salieron voces anónimas que se unieron al festín improvisatorio. Voces que brotaban de todos los rincones de la noche para encender el canto plural que detuvo la tormenta. ¿Cómo lo logró?, también habré de preguntárselo.

-¡Así sí va a cambiar el mundo!, dijo al despedirse y, efectivamente, cuando salimos a la noche, ya no llovía.

Lunes 20 de abril. 14:45 horas. Comala Café. Xalapa, Ver.

-Hola, ¿comes?, -me dijo Iraida tras saludarnos

Sí, te estaba esperando

Ensalada para ella, enfrijoladas rellenas de pollo para mí (sin cebolla, por supuesto).

¿De cuánto tiempo disponemos?, -fue mi primera pregunta

-Pues mira, mi clase es a las 4:00 y tengo que estar 15 minutos antes, tenemos tiempo.

Bueno, da capo, ¿cómo te llamas?

-Iraida Beatriz Noriega Rodríguez, el Iraida y el Rodríguez son de mi madre, que es Esperanza, ella es cubana, y el Beatriz Noriega es por parte de mi padre, te lo digo porque Iraida es la mamá de mi mamá, la abuela cubana que era cantante, y Beatriz es la mamá de mi papá, me pusieron el nombre de las dos abuelas. Mi abuela cantaba profesionalmente, es de la generación de Olga Guillot y Celia Cruz, haz de cuenta que se ramificaron, Celia se clavó en la salsa, Olga se clavó en el bolero y mi abuela cantaba tango.

Supongo que tu mamá, siendo cubana, también cantaba, aunque no fuera profesionalmente.

-No, mi mamá se dedica a la educación y está promoviendo muy fuertemente la educación moderna, o sea, esta idea de que no haya calificaciones; trabaja con programas contemporáneos de la educación revolucionaria, está clavada en eso y es muy inclinada a las artes, fue la que me llevó a los museos.

Cada verano íbamos a visitar a la familia a Nueva York y entonces íbamos muchísimo al teatro musical, veíamos cuatro o cinco obras en la visita veranera. Mi jefa es muy inclinada a las artes, bailó flamenco, o sea, tiene todo para eso pero no se por qué se dedicó  a lo otro.

¿Qué fue lo primero que hiciste al nacer, lloraste o cantaste?

-[Ríe desenfadadamente] Evidentemente lloraba pero dice mi papá que todos los bebés lloraban [aquí deben imaginar un llanto de bebé, muy agudo] y yo lloraba [y acá un llanto más grave y con mayor profundidad de voz, casi operístico], o sea que sí era como muy resonante.

Iraida Noriega (Foto tomada de su página de Facebook) II

Cuando empezaste a hablar, empezaste a cantar, supongo.

-Siempre canté, desde chiquita, de hecho en el verano, cuando íbamos a visitar a la familia a Nueva York, hacíamos shows familiares; se sentaban los tíos y todo mundo y entre mis primos y yo cantábamos, bailábamos y hacíamos numerito y medio, pasábamos el sombrero y nos daban una lana, entonces, como que eso siempre estuvo presente, sin embargo, realmente fue hasta los 18 o 19 años que tomé una decisión consciente de que el tema era la música porque yo, como la mayoría de las niñas, fui al ballet y tenía esta formación de bailarina pero también cantaba, me metía al taller de teatro y ya sabes, realmente fue a los 19 años, estando en la escuela en Nueva York, que decidí que me iba a enfocar en el asunto de la música, lo cual fue bueno en el sentido de desarrollarme como músico, malo en el sentido de que hubiera sido más padre tener una idea más clara como es aquí, en el estado de Veracruz, que la gente baila, canta, toca un instrumento, zapatea y hace sus instrumentos o sea, es una cosa integral y ahora que lo pienso creo que hubiera sido padre que hubiera ido por ahí.

¿Dónde vivías cuando eras niña?

-Nací y mis papás fueron a vivir a Nueva York y hasta mis siete años vivimos en los Estados Unidos, bueno, íbamos, veníamos pero fue como más gabacho el rollo. Después todos los años íbamos de visita entonces, ¿sabes? yo no veía a Nueva York como la tierra prometida, simplemente era… Nueva York.

Después me fui a estudiar allá porque, justo desde chiquita, me metieron en la cabeza la idea de que yo iba a ir a Juliard, no fui porque es una escuela muy cara y porque, ¿cómo decirte?, yo creo que ni ellos ni yo sabíamos por qué teníamos esa idea en la cabeza y, en ese sentido, creo que seguí la programación de ya me tengo que ir a Nueva York, ¿a qué?, quién sabe pero me voy, porque ya estaba sembrada esta idea y estando ahí se fueron definiendo muchas cosas.

¿Cuándo comenzaste a cantar con tu papá [Freddy Noriega]?

-Con mi papá, ya así de ir a cantar profesionalmente y cobrar una lana, como desde los 14 o 15 años, en el DF. Los fines de semana me iba con él a cantar y en sus sets siempre había como un mini set mío con él acompañándome. Sí fue una escuela porque yo empecé a tocar y luego entré a la escuela pero ya llevaba cierto callo que la escuela no te da, ahora sí que fue el «congal college» y eso te ayuda mucho en términos escénicos. Me hizo mucho bien, sobre todo, ver cómo manejaba las cosas mi papá, por ejemplo, si el show era a las 10:00, llegábamos a las 9:00 al lugar donde íbamos a tocar y se sentaba en una esquina. Estaba callado, yo me sentaba con él y le decía:

-¿Qué estamos haciendo?

-Estoy vibrando la noche, estoy viendo qué gente entra para ver si va a ser una noche de música, es decir que la gente viene a escuchar, o voy a tener que contarles unos chistes y ver cómo amoldarlos para que se pongan receptivos a la música.

Casi siempre se salía con la suya porque mi papá sí ardía cuando la gente estaba hablando, entonces era como una meditación, como una forma de vibrar cómo iba a estar el público y ajustar su sintonía para la noche, eso no te lo enseñan en ningún lugar, es vivencial.

¿Cómo ensayaban?

No, todo era ahí, mi papá oía la rolas una vez o dos y, como en la casa no había instrumentos, llegábamos al lugar un poco más temprano y medio veíamos las piezas y órale, a darle.

Y después estudiaste canto en Nueva York.

-No.

¿Entonces qué fuiste a estudiar allá?

Es es una buena pregunta. Justo ayer les explicaba en el taller que, para bien y para mal, siempre he sido muy rebeldosa y cuestionante y siento que, al final del día, mi búsqueda ha ido más allá de la música, es como una cosa de libertad de ser, como del espíritu; a lo que voy es a que iba a con los maestros de canto y si me decían cosas como: cuando llegues a esta frase la tienes que decir de esta manera, yo sentía que estaban moldeándome para sacar un sonido que ellos querían y no estaban explorando qué tenía para potenciarlo, para hacerme sonar a mí. Se nota cuando hay metodología porque todos suenan igual, entonces yo, como todo en la vida, una decisión implica que ganas unas cosas y pierdes otras, no tomaba las clases de canto y pasé varios años en la autoexploración vocal hasta hace cuatro años que encontré, aquí en México, a dos gurús -ya están a ese nivel- y con una tomo clases todos lo martes y con la otra son talleres más eventuales.

Entonces, en el canto me la llevé por mi cuenta, lo que sí estudié es música. En Nueva York había gente de todos los países, de todas las creencias: había una pianista haitiana de 20 años, un baterista japonés de 25, un contrabajista suizo de 40 y un guitarrista polaco de 35, y vi que cuando a toda esta gente tan diversa le ponían el papelito de los puntitos y las rayitas [se refiere a la partitura] todos se unificaban, fue una vivencia fue muy impactante y decidí que quería aprender ese lenguaje, por eso me puse a estudiar música. Yo no había estudiado, todo era como lírico entonces dije, puta, tengo que ponerme la pila para poder estar al tiro.

Duré como dos años y medio y luego me vine a México y aquí he seguido estudiando por la vía alterna; con Agustín Bernal, que es contrabajista, fui estudiar un tiempo; con Enrique Nery, pianista, fui a estudiar piano; con Emiliano Marentes, guitarrista, fui a estudiar composición, o sea, fui aprendiendo la gente que se me iba atravesando. Más que meterme a una metodología o una escuela, he ido con gente específica que no necesariamente tiene que ver con lo que yo hago y esa ha sido una muy buena formación, no sé si buena, ha sido mi formación.

Iraida Noriega (Foto, David Valenzuela)
Foto: David Valenzuela

Y empezaste en el jazz con Roberto Aymes.

-Aymes fue otro de mis maestros, llegué a México y, como él vive en Satélite y mis papás también, me mandaron a estudiar con él. Estudié bajo, muy leve, más bien me clavé a hacer arreglos pero Aymes de volada me jaló a sus proyectos y empecé a cantar con él, curiosamente en esa época estaba grabando mucho entonces con él hice mi primera grabación, a los 22 años.

¿Te defines como jazzista, como cantante, como músico o como qué?

Eso está bueno. A mí el jazz me gustó por esos espacios de impro y esas maneras de abordar la música en esta onda de bueno, ahí está pero podemos ser flexibles con ella.

Mi contacto con el universo improvisatorio fue a través de jazz, sin embargo, conforme le he ido avanzando a la vida me doy cuenta de que este factor improvisatorio existe en muchas otras músicas, aquí mismo en Xalapa, en la Huasteca, en el flamenco, o sea, no es una cosa exclusiva del jazz.

Ahora estoy trabajando en un proyecto para orquesta que estamos componiendo Abraham Barrera y yo, en algunas piezas no hay ninguna parte de impro y yo le decía ya lo estoy extrañando, ahí es donde me doy por cuenta de que sí soy muy jazzista porque siento que si eso no está, algo me falta. Me gusta esa zona como de misterio versus cuando ya todo está escrito y lo vamos a tocar igual. El espacio donde la música se abre me es muy necesario, siento que ahí es donde me relajo, ahí es donde me conecto, en ese sentido, pues sí, te diría que soy muy jazzista, y también en el piano porque ese ha sido mi camino, la armonía que toco suena muy jazzística, de hecho ahorita estoy tocando con unos amigos que tienen más conocimiento del pop y del folclor y quiero ver cómo es esa armonía porque yo no la sé  hacer y probablemente es más de simplificar.

En esos sentidos creo que sí es muy jazzista el viaje pero por lo demás, la verdad es que tiene un rato que he estado explorando cosas, que no estoy en el jazz en el sentido de tocar standards o de obedecer a la tradición jazzística, por ejemplo, en este proyecto que trajimos las canciones son muy contemporáneas, hablan de cosas con las que me puedo identificar. Los boleros me encantan, he hecho muchos proyectos de eso, he rearreglado muchos standards y muchos boleros para traer esa canción a un sentimiento de ahora, pero también hacen falta otras cosas que hablen de ahora, de otros temas, en ese sentido siento que ando lejana del jazz pero, chido, no me da rollo.

También estoy trabajando con José Fors, entonces me he expuesto más al rock y he descubierto facetas de la vocalidad y ahora ya no puedo vivir sin ellas, ¿me entiendes?, cuando se trata de bluesear y echar el aghhhhhh, ya es una terapia que me es hasta necesaria y si estuviera de jazzista no lo podría hacer porque en ese mundo no cabe, a lo que voy es a que siento que hay muchos nichos y más bien, de un rato para acá, trato de abrirme más espacios donde quepan más cosas.

¿Y la compositora?

-Mira, la neta, bajita la tenaza ya tengo varias rolas, lo cual, por nomenclatura, ya me haría compositora, sin embargo no me siento así porque solo compongo cuando me pasa algo y cuando siento una necesidad de hacerlo.

A veces, entre una rola y otra ha pasado casi un año y no me da conflicto porque me la paso haciendo arreglos, no tengo esa onda de que el que compone, compone le pase o no le pase, yo no siento ese rigor, no lo hago por tarea, de hecho, cuando me pasan estos lapsos larguísimos digo puta, ya no me va a salir nada nunca más, pero no me agobia porque tengo muy entendido que compongo desde un lugar que no es obligatorio sino invocatorio, sin embargo, bajita la tenaza, pues ahí hay rolas.

-Mhhhhh, yerbitas. Oye, ¿me regalas otro cachito de miel con aceite de oliva? [Le han traído el aderezo y come con fruición a un lado del smog y el escándalo de la calle Xalapeños Ilustres]. Está grueso aquí el tema de los camiones.

Sí, está cabrón… Tony [Cárdenas] era tu carnal.

-Uf, no sabes a qué nivel. Es una pérdida que, por un lado, fue muy triste, pero por otro lado ya no se la estaba pasando chido, su ánimo ya no estaba bien y, bueno, sus decisiones de vida pues eran de él, pero fue un ser sumamente querido.

Hace muchísimos años tocábamos juntos con Agustín Bernal, Emiliano [Marentes], [Enrique] Nery, [Miguel] Villicaña y Tony, solamente siendo Tony, sin hacer nada más que ser él, me enseñó que la cosa era alegría y buena onda y pasársela bien, normalmente los músicos están muy serios ante la música y Tony era un vacilón, entonces me enseñó que no porque estuvieras alegre estabas menos comprometido con la música, metió el ingrediente festivo y eso se lo agradezco muchísimo porque creo que si eso no está, entonces como que pa’ qué.

Cantas con todo el cuerpo.

-Parece ser que sí.

No es pregunta, cantas con todo el cuerpo y debo decirte que lo extrañé en el concierto.

-Esa es una cosa de este proyecto, la realidad de las cosas es que me ha costado muchos años construir esto de salir a tocar como pianista, ha sido un proceso y ahora que está pasando, pues ni modo de que no, pero al mismo tiempo tengo la inquietud corporal, pero, bueno, aquí atrás estamos amarrados, esa es la situación.

Cuando bajaste, en el ancore, involucraste a mucha gente, ¿cómo se logra eso?

-Yo creo que cuando pasa, pasa porque quiere, yo no sé cómo se le hace, más bien siento que cuando hay ganas de hacerlo, lo hacemos, es como si  quieres platicar chido con alguien pero no lo puedes obligar, o sea, si está como cerrado y no hay ganas, pues entonces está bueno respetar eso y creo que con el público la cosa debe ser respetuosa

Es como la actitud de tu papá de medir al público.

-Al público y a uno mismo porque hay días que estas más simpático y hay días que no. En teoría, la idea sería siempre estar bien, pero no siempre es así, en realidad, para mí el trabajo en cada tocada, no importa dónde, es saber que estas en apertura y no en cerrazón entonces, bueno, a veces la cosa se dispone y a veces no tanto.

Así sí va a cambiar el mundo, dijiste; así, ¿cómo?

-Mira, ese es un tema que ahorita me tiene muy ahí, el trasfondo de ese comentario es: nos quejamos mucho de lo que está pasando pero poco nos hacemos responsables de eso, entonces, la neta, yo sí siento que el acto de cantar en colectivo -por eso los talleres son la onda- es muy transformador en uno y en los demás, sí creo que eso mueve frecuencias vibracionales de los lugares y aparte despierta cosas que sí tienen que ver con quitar un poco el letargo de que vengan a resolverte las cosas. ¿Sabes?, expresar, decir, cantar como pasó el otro día, como que genera un bienestar y te hace hacerte responsable de tu persona y de lo que eso representa en tu comunidad.

Mira, en los noventas, que es cuando regresé a México y me integré a la acción, empezaba este movimiento de música independiente que se gestó porque en el sistema no había manera de florecer. El movimiento, que no es otra cosa que un movimiento cultural, empezó por una necesidad de florecimiento, de expresión, de encontrar un lugar en el universo; a 30 años de distancia, yo considero que se ha vuelto una postura política, sin hablar de izquierdas, derechas, de PRI, de PAN, de nada más que una postura política humanista de persigue tus sueños, haz lo que tienes que hacer y eso restaurará el orden a otro nivel, o sea, a nivel social. Resulta que 30 años después, el movimiento independiente está siendo muy contundente, resulta que las disqueras y todo lo que representa una sistematización de cosas está cayendo y en una parte de la base de la comunidad se está instalando un nuevo orden de intercambio, de otros valores, y no nos dimos cuenta de que estábamos haciendo una acción política para implantar otro sistema, solamente pasó porque mucha gente empezó a buscarse un lugar y a hacer por su causa.

Cuando nos ponemos a cantar así, esos gestos de comunidad sí mueven las cosas. Ese gesto de cantar despierta comunidad porque regresamos a la tribalidad y a la manada y a una serie de cosas que en esta «civilización» hemos perdido. 

A mí, por momentos me parecía como góspel.

-Sí que lo fue.

Sí, fue un acto político pero también fue un acto religioso, sin aludir, tampoco, a ningún dios ni a ninguna religión en especial, sino a ese sentimiento de religiosidad, de comunión.

-Totalmente, creo que en la medida en que podamos gestar vivencias de este tipo se nos va quitando esta especie de desesperanza, de no, es imposible, para qué me muevo. Por eso dije eso, porque es una convicción.

Insisto mucho con la gente:

-¿Tú qué haces?

-Hago joyería

-Hazlo valer, ¿que está cabrón?, sí, pero encuentra un lugar, si te pones tras de eso y buscas la manera, la encontrarás.

-Es que yo hago zapatos.

-Es que yo tengo un huerto con verduras

-Hagamos eso para recuperarnos y que no nos estén diciendo qué y cómo y estableciendo condiciones que no son.

¿El arte debe ser social?

-Creo que, sin entrar en el discurso político, el arte transforma, no tiene que pasar por un filtro de conciencia, hay artistas que sí se ponen en esa onda y son muy activistas, hay otros que no tanto pero sí lo están moviendo.

Trabajas mucho con mujeres, con Magos Herrera, con Leika Mochán, ¿cómo se entablan esas complicidades?

-Fíjate que se dan de una manera muy orgánica. Con Magos pareciera que fue una estrategia mercadotecnista [sic] pero en realidad fue un encuentro de: si estamos vibrando en la misma onda, hagámoslo. Con Leika ni se diga, la conozco desde bien chiquilla, entonces es como una consecuencia de que conoces alguien en la vida con la que vibras y le dices hagamos algo.

Creo que ahorita el tema de la mujer es un tema político, con lo cual no necesariamente estoy de acuerdo, no estoy en desacuerdo pero siento que ya se pasó de manipulación, pero más allá de eso, es encontrar chavas con las que se vibra y compartir con ellas porque para mí, estando en un mundo que es más masculino, la verdad es que sí es un oasis cuando  trabajo con las chicas porque son otras sensibilidades las que pueden ser compartidas.

¿Tienes algún romance en especial con Xalapa?, te lo pregunto porque vienes con cierta frecuencia

-Parece ser, ¿verdad?, de repente pasó un par de años en los que no vine, pero vine hace poco a lo de Aleph [Castañeda], el año pasado venimos con la Groovy Band, en JazzUV di un taller que fue hermosísimo, cuando todavía estaba Édgar [Dorantes], y antes di un taller en lo de Berklee [se refiere al Seminario Internacional Jazz Fest].

Creo que Xalapa es un lugar con el que estoy en afinidad vibracional, aquí la cosa es muy cultural, es muy creativa, es muy experimental, es muy osada, o sea, como que hay lugares  donde uno cabe y hay lugares donde no y aquí parece que sí vibro y, aparte, con los talleres y demás se va generando una especie de manada, de complicidades a esa altura, y en ese sentido se va volviendo como familiar.

¿Haces algo además de cantar y componer?, ¿pintas, bailas, escribes?

-Te decía que en algún momento lamenté no haber seguido desarrollando la parte de la danza paralelo a la música pero ahorita lo estoy hallando, es decir, el hecho de haber tenido esa formación me da libertad de movilidad. Ahora que he estado haciendo algunas cosas de teatro, no me cuesta tanto trabajo hacer congruente lo que pasa con mi cuerpo y lo que estoy cantando a nivel teatral, porque es teatro musical.

Me gustaría reconectar con la danza pero me gustaría, justo, aprender zapateado, ahorita tengo más inquietud de eso que de otra cosa pero, bueno, para responder tu pregunta, de unos años para acá, y creo que tiene que ver con el hecho de que soy mamá y ahora que estoy en la educación de mi hijo hago conciencia de estas decisiones que vienen por las programaciones que traemos de a ver, escoge qué es lo que vas a hacer y define, y no sé qué tanto versus con mi hijo que es, híjole, que florezca en todo, que sea más integral, entonces me estoy permitiendo salir de esta decisión  lineal y con mi hijo, ahorita estamos haciendo cosas manuales como de papel maché o esas ondas con hilos como las de los huicholes, la pintura no tanto porque, la neta, yo no tengo onda para pintar nada, en mi trazo ves que no pero sin importar eso, me estoy dando chance de explorar esta parte de las manualidades.

Por otro lado, he estando yendo más a talleres de poesía. Hace unos tres años, mi hijo y yo nos certificamos en lo del museo y eso es algo que también me gusta mucho integrar a mi vida, bucear una vez al año.

Ahora que hablas de poesía, ¿algún poeta en especial?

-Fíjate que este proyecto que estoy haciendo con Abraham Barrera es un delirio que no sé en qué momento nos trepamos a eso, pero ya estamos cabalgándolo. Tengo un cuadernito en el que todo el tiempo estoy apuntando poesía o frases que me conmueven, así nomás, por ociosa y de repente salió la posibilidad, o no sé cómo es que llegamos ahí, el caso es que hice una selección poética que no me costó mucho trabajo porque, al final del día, como todo, venía de cosas que me gustaban, a la hora de juntarlas había una lógica. Se la presenté a Abraham y armó cuatro movimientos con el piano y yo estoy haciendo la composición melódica y la adaptación de la poesía a la música, esto se llama Luminosa.

Desde hace un rato para acá he estado leyendo a muchas mujeres, y no por un viaje feminista ni mucho menos porque, como te decía, ya no es tanto por ahí, sino porque con quien hago lo del tallereo de poesía me ha puesto a leer muchas mujeres escritoras como Olga Orozco y otras, y de repente en talleres me encuentro con chavas que van a cantar pero que escriben y me dan sus libros, hay una chava de San Luis Potosí que se llama Fabiana Amaro que está increíble lo que hace, hay una chava de Guadalajara, Valeria Guzmán, que también está bien padre lo que escribe.

Dentro de este proyecto también hay cosas de Huidobro, de Sabines, de Andrés Henestrosa y la razón por la que están en ese proyecto es porque me gustó cierta frase, no porque tienen que estar porque no sé qué, todo es orgánico

¿Te gusta el cine?

-Me gusta el cine, tengo un hermano cineasta y un hijo que también tiende mucho a eso

¿Algo en especial?

Fíjate que en general, honestamente, no soy tan clavada en el cine de arte, en general, con el cine me pasa que puedo ver muchas «pelis» porque aprecio mucho la manera en que ese universo me abstrae y a veces es como una terapia, por lo mismo me gusta ir a ver cosas que no me tengan como apretada en el clavón, ¿me entiendes?

¿Ya viste Birdman?

-Sí y te voy a decir qué me encantó: lo que hizo Antonio [Sánchez], la decisión de hacer un scort con el drum y cómo lo abordó Antonio, también me gustó toda la onda de que siempre estás como en una toma, corriendo, esa sensación de continuidad está increíble, por lo demás, para mí no fue la onda de wooooow porque, bueno, yo no estoy tan apasionada con el tema de si el cine hollywoodense, si las películas de acción y todo ese viaje. Tengo un hijo que ya pasó por su racha de todas esas cosas y eso me hizo entender que es es una especie de mitología moderna, todos esos personajes con poderes son como de la mitología griega pero en la contemporaneidad de la ciudad, pero yo no tengo tantos rollos con ese tema.

Podríamos pasarnos toda la tarde platicando…

-Completamente.

-...pero ya faltan veinte para las cuatro, se rompió el encanto. Muchas gracias.

-No hombre, qué chido, ¡lo logramos!

 

Publicada originalmente en el portal Formato Siete (http://formato7.com/columnistas/)
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