Valeria Correa Fiz: un escritor es un arqueólogo de sí mismo


Por César Mundaca

La primera vez que leí el nombre de Valeria Correa Fiz en un texto literario, asumí que se trataba de una escritora de nacionalidad mexicana. Sucedió en una visita que realicé, por enésima ocasión, a la surtida Librería Íbero, de Larcomar, un elefantiásico mall que cuenta con una preciosa vista hacia el litoral limeño.

Recuerdo haber caminado, con parsimonia, hasta una gigantesca repisa blanca donde se hallaban las publicaciones de los autores mexicanos contemporáneos, tales como Juan Villoro, Guadalupe Nettel, Ángeles Mastretta, Jorge Volpi, entre otros. Pero en medio de todos los lomos, había un nombre que no me resultaba familiar: Valeria Correa Fiz. “Ah, debe ser mexicana también”, supuse inmediatamente. Error, craso error.

Retornando a mi departamento, la chispa de la curiosidad asaltó mis pensamientos. Decidí, entonces, bucear en su biografía. Valeria Correa había nacido en la ciudad de Rosario, Argentina, a inicios de los años setenta. Abogada de profesión. En 2002, abandonó su país para recalar en Miami y Weston, donde dictó talleres de escritura y coordinó el club de lectura para las librerías norteamericanas Barnes & Noble. Luego se trasladó a Milán, Italia. Allí estuvo a cargo del coloquio de lectura de la Librería Melting Pot.

Ha publicado los poemarios El álbum oscuro, finalista del Premio de Poesía Manuel del Cabral, en 2015; y El invierno a deshoras (Editorial Hiperión, 2017), obra que le valió el XI Premio Internacional de Poesía Claudio Rodríguez, en 2016. Su primera incursión en la narrativa se dio a través de La condición animal (Páginas de Espuma, 2016). Asombroso libro de cuentos que tuve el privilegio de leer detenidamente y que aborda los recovecos más sórdidos, más espeluznantes, más oscuros del ser humano, relacionándolos con el comportamiento de los animales.

Actualmente, Correa Fiz imparte talleres de escritura en el Taller de Escritura Creativa de la ensayista Clara Obligado, en Madrid y en el Instituto Cervantes de Milán. Asimismo, colabora con los portales digitales Aire nuestro y Los amigos de Cervantes.

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Foto Isabel Wagemann (sitio: gabriela-mayer.blogspot.com)

Valeria, ¿cuál es su método de escritura?

No tengo método. Escribo cuando siento necesidad de hacerlo. Escribir es mi modo de pensar el mundo y de interrogarme. También es para mí un ejercicio de memoria: la necesidad de escribir surge de la voluntad de guardar algo que me parece significativo y que no querría que se perdiese. Comencé a escribir con asiduidad cuando dejé mi país. La escritura ha sido mi refugio contra la soledad y el silencio. Escribo porque con las palabras me hago compañía y me cuido. En ese sentido, me siento muy identificada con una frase de Italo Calvino en la novela Si una noche de invierno un viajero que dice: usted escribe como hay animales que excavan guaridas. 

La rigidez es un rasgo característico del lenguaje jurídico. En su caso, ¿fue compleja la transición hacia el lenguaje flexible, propio de la literatura?

No sé si el lenguaje jurídico es rígido. Creo que uno de los problemas formales que tienen el Derecho y las leyes es justamente la polisemia y la multivocidad doble de todos los vocablos, como le gustaba afirmar al jusfilósofo alemán afincado en Argentina, Werner Goldschmidt. En todo caso, respondiendo a su pregunta, diré que la práctica profesional del Derecho me sirvió  mucho a la hora de dotar de cierto orden y estructura a mis textos narrativos. Pero creo que escribir es mucho más que el mero uso del lenguaje, escribir es un modo de estar en el mundo, una forma de mirarlo y de relacionarte con él. En ese sentido, creo que uno escribe hasta cuando no escribe. 

¿La figura del poeta se construye con las vicisitudes de la vida?

Sí, un escritor es un arqueólogo de sí mismo. Escribo desde mis domingos de sol y mis lunes de tormenta, con los besos recibidos y con los que nunca llegaron, con las zozobras propias y las heredadas. Escribo con los miedos y con la rabia que me corren por las venas como otra sangre. Escribo con y desde el lugar que ocupo en la sociedad y en la familia. Escribo con la experiencia de los viajes y de la migración. Escribo con la vida entera y la vida está en los pequeños detalles. Son los detalles concretos los que hacen real el misterio de nuestra existencia en la tierra y lo que cuenta en la literatura. 

¿Cómo nació su interés por la escritura de cuentos?

El cuento es un género que siempre me atrajo muchísimo. Hay cuentos que releo todos los años porque siento que, en palabras de Novalis, adquieren la dignidad de historia universal. Me atrae la condensación que requiere el género, la posibilidad de explicar un universo a través de un detalle. Y la poesía, como decía Carver, en su efecto y en la manera en que se compone, se encuentra más cerca de un cuento que el cuento de una novela.

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Cuéntenos sobre su labor como docente en los talleres de escritura y coordinadora de clubes de lectura.

Dar clases de escritura y leer con otros, como se hace en los clubes de lectura, son actividades centrales en mi vida y las disfruto mucho. Es un lugar común de la docencia decir que uno aprende con y de sus alumnos, pero es completamente cierto. 

La condición animal ha cosechado elogios en diarios y revistas de España y Argentina. Por lo pronto, ¿continuará trabajando en el género del cuento?

Sí. Como le dije, es un género que me fascina. Desde que se publicó La condición animal, he escrito seis o siete cuentos por encargo para distintas antologías y espero poder encontrar el tiempo y las energías necesarias para encarar un proyecto íntegramente propio.

¿Por qué debemos leer los versos de Valeria Correa Fiz?

El invierno a deshoras pretende ser una cartografía de ciertas situaciones que nos dejan a la intemperie y, aunque su temática es diversa, hay una gran porción del poemario dedicado al desamor, a los impulsos eróticos frustrados y a la soledad que deriva de esas dos situaciones. Me interesa trabajar con el erotismo y con el amor porque, sin intentar dar una definición al respecto, es lo que nos permite experimentar al otro de cara a su alteridad. El Eros supone un des-reconocimiento y un vaciamiento de sí mismo: los impulsos eróticos y el amor deshacen los límites de la identidad. El Eros nos saca del infierno de lo igual. Me interesa también porque creo que la buena literatura erótica exige también un trabajo muy cuidadoso con el lenguaje y con la dosificación de la información. La información explícita o la sobreinformación destruye la fantasía. 

¿Miami, Milán, Madrid o Rosario?

Las cuatro ciudades juntas son mi país inventado. De algún modo vivo en todas ellas. 

Cesar Mudaca
CÉSAR MUNDACA
NACIDO EN LIMA, PERÚ EN 1988. ABOGADO. EGRESADO DEL TALLER DE ESCRITURA CREATIVA DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ (PUCP). LECTOR Y ESCRITOR DE CUENTOS Y ARTÍCULOS SOBRE POLÍTICA NACIONAL E INTERNACIONAL.
BLOG: WWW.MISCELANEAMUNDIAL.WORDPRESS.COM
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