Las raíces y las ramas. Henry Cole


El jazz bajo la manga para La libreta de Irma

Por Luis Barria

Fotos: JazzUV

«El baterista Henry Cole está a la vanguardia de una creciente ola de innovación de jazz y ritmo intercultural en el siglo 21. Con su flexibilidad, gracia y puro poder detrás de la batería, él ha demostrado ser indispensable para el sonido de algunos de los grupos de jazz y música popular  más aclamados del mundo, incluyendo el nominado al Grammy Miguel Zenón Quartet (Awake, Esta Plena, Alma Adentro, Identities are Cheangeable), el ganador del Grammy David Sánchez (Cultural Survival), el Gary Burton Quartet, el Global Gumbo de Quincy Jones, el Alfredo Rodríguez Trio, el cuarteto de estrellas ‹90 Millas› con la participación de Sánchez, Stefon Harris y Nicholas Payton, Chambao (Nuevo Ciclo), Calle13 (Los de Atrás vienen conmigo), Residente (sólo álbum), Ben Wendel Quarteto y Draco Rosa entre muchos otros», se lee la web oficial del baterista puertorriqueño que estuvo en Xalapa como parte de la banda que presentó Miguel Zenón en el Xalapa Jazz Festival 2016, y que volvió el año pasado para participar en el Octavo Festival Internacional JazzUV con varias actividades: se integró al ensamble del vibrafonista Víctor Mendoza, el pianista Rafael Alcalá y el bajista Aldemar Valentín completaron ese cuarteto; participó con la comunidad JazzUV en diversas jam sessions y dio una master class en la Casa del Lago. 

En un pequeño hueco que había en su agenda, pude platicar con él. «Yo vengo de una familia de músicos, no son de jazz pero sí son músicos, mis padres tocaban, mi abuela era organista y dirigía el coro de la catedral de Mayagüez, y todos sus hermanos tocaban. Mi abuela se casó con Benjamín Cole, el hermano de Roberto Cole, compositor de grandes boleros de Puerto Rico, entonces sí hay una familia musical ahí», me dijo,  después me habló de su carrera, de su posición frente a la música, de la situación del jazz latino y de varias cosas más.

Henry Cole en el 8 Festival Intern acional JazzUV (Foto, JazzUV) II

Las palmeras del Caribe

Yo nací en Mayagüez y crecí en el barrio Villa Locura, de Añasco, que es un pueblito que está al lado. Crecí tocando un poco el teclado, de oído, y a los nueve años me dio por tocar la batería porque escuché música rock. A esa edad entré a la Escuela Libre de Música de Mayagüez, pero no había muchas facilidades en realidad, mi maestro tocaba trompeta, no tocaba batería. Ahí aprendí a leer música y siempre me gustaba practicar mucho para tratar de ser mejor, no pensaba en el jazz ni en otra cosa, en aquel momento era rockero y quería ser el mejor baterista de rock que pudiera ser.

El primer grupo en el que toqué era un grupo de ska, de ahí toqué todos los géneros que había: rock, ska, reggae. Luego me fui a estudiar al Conservatorio de Música de San Juan, en el que tampoco había un departamento de música jazz, era un departamento de música clásica. Ahí seguí aprendiendo música clásica pero siempre estuve tocando la batería, todo el tiempo.

Creo que, poco a poco, mejorar se convirtió en ese lugar que ya es parte de mí. Cada oportunidad que tenía de tocar con cualquier grupo, siempre trataba de maximizarla y eso me dio la posibilidad de trabajar con mucha gente en Puerto Rico, con muchos grupos de diferentes géneros, un día tocaba con un grupo de salsa, al otro día con un grupo de jazz, el viernes tocaba con un grupo de rock, el sábado tocaba con un pianista en un restaurante y el domingo tocaba con mis amigos más jóvenes, tocábamos jazz al estilo de Nueva York y todo eso, así que esa era mi semana. También tocaba con los raperos y aprendí mucho de los folcloristas, mis ídolos más grandes son Giovanni Hidalgo y Anthony Carrillo porque fueron las personas con las que vi cuán importante es practicar y por todo el impacto que causaban. Yo no  encontré necesariamente eso en los bateristas, es curioso, las personas que vi y dije yo quiero lograr ese impacto fueron Giovanni y Anthony, con ellos dije esto es de horas de practicar, esto es una disciplina. Después he hecho muchas cosas, pero todo comenzó por ahí.

Del Conservatorio de Música fui a Berklee, no me gustó y me regresé, en esos seis meses que estuve fuera de Puerto Rico, pude verlo de otra manera. Cuando uno sale de un lugar lo ve desde fuera y ve otras oportunidades que no ve cuando está ahí. Cuando regresé, rápido empecé a tocar con todo mundo y maximicé eso.

Pa´ labrar y echar semilla

Azada en mano se empuña

pa labrar y echar semilla]

Cuerpo al trabajo y su tierra

y deje ya la guasimilla

(Trabájala. Henry Cole)

Después de que toqué con todos en Puerto Rico, para mí ya no había más qué hacer ahí, entonces decidí ir a estudiar a Manhattan School of Music con John Riley, pero la única manera que tenía para hacer eso era que me dieran una beca porque no iba a tener dinero, entonces me encerré a practicar para que me dieran una beca y poder hacer esa transición a través de la escuela. 

Yo siempre me lo tomé todo muy en serio y eso te abre puertas, David Sánchez me había conocido en Puerto Rico, me había ayudado y me había pasado música, cuando se enteró que yo había llegado a Nueva York, le hacía falta un sustituto y me llamó, eso fue como a los tres meses de estar en la escuela. Miguel ya estaba en el grupo de Avishai Cohen y también me llamó, y de ahí se siguió todo, pues es una cadena.

De momento estaba tocando jazz pero yo nunca dije voy a ser baterista de jazz, decía si hay que tocar esto, pues entonces voy a tratar de hacerlo lo mejor posible, voy a ver quién es el mejor en esto y a estudiarlo. Si era de salsa, escuchaba la salsa de Puerto Rico, escuchaba a los Van Van, escuchaba a Changuito [Quintana]; si era de rock, escuchaba a Zeppelin, a Hendrix, a The Doors; si era de rap, escuchaba a los bateristas raperos; me dediqué a hacer eso.

Tu propio arquitecto

Filas cierra.

Rompe en frío.

Ponte recto.

Vuélvete tu propio arquitecto.

Acepta ya el desafío…

(Trabájala. Henry Cole)

Destacar en Nueva York, que es una ciudad tan especializada, es muy difícil porque allá la gente tiene sellos: el mejor baterista de rock, el mejor baterista de jazz, el mejor de cada cosa, no es como Puerto Rico donde las escenas son más pequeñas y más abiertas, cuando llegué dije ¿entonces quién yo soy?, no soy Elvin [Jones] ni voy a ser Elvin porque no pertenezco a esa cultura.

Leí un libro de historia de Puerto Rico que me ayudó mucho, me sirvió mucho conocer la historia de los músicos y del país, y también me ayudó a entender por qué era que me estaban llamando personajes de Nueva York como Eric Reed, que es un pianista que trabajó mucho con Wynton Marsalis. Me di cuenta de que lo que ellos buscaban era una persona que pudiera traer diferentes colores a la música que ellos tocan y yo dije bueno, eso sí lo puedo hacer porque es lo que he hecho siempre, un día toco una campana y al otro día toco el ride y al otro día toco otra cosa, eso me ayudó mucho en el proceso y así ha sido hasta ahora, creo que todos los días es más serio, la intensidad aumenta siempre, es increíble, cada día y cada año que paso haciendo esto, dentro de mí, el sentir y el compromiso son mucho más grandes, nunca ha bajado la intensidad.

No terminé ninguna escuela porque cuando iba a terminar el Conservatorio, me fui a estudiar a Berklee, después fui a Manhattan School y rápido empecé a irme de gira con David. Tenía un conflicto grande con la escuela porque yo venía de una escuela de Mayagüez que era humilde, tenía talento y todo eso pero siempre estaba atrás de los otros estudiantes porque nunca tenía clases de armonía ni de teoría ni de nada de eso, yo tenía un buen oído musical natural pero en una transición a una escuela como Manhattan School of Music que es tan exigente y que va tan rápido, que tiene gente tan preparada, más el mudarte de país, más el idioma, más que te llamen a tocar tus ídolos, todo eso junto es un locura y tienes que decidir qué quieres hacer. Yo soy muy académico en mis formas pero no terminé por eso. En el momento decides seguir tu carrera y no terminar la escuela tomas un riesgo, pero esos mismos riesgos son los que te hacen decir bueno, entonces lo haces o lo haces.

Ahora yo enseño en Manhattan School of Music, mi maestro John Riley me llama para que enseñe a los estudiantes, y nunca le digo a nadie que la escuela es mala, cada cual tiene su propia experiencia. 

Quemar las naves

Gran parte de mi vida ha sido encontrarme en ese momento en el que cortas tus puentes y no puedes regresar, no puedo ir para Añasco, donde crecí, porque no hay nada para mí allá, todo tiene que ser para acá (risas) y quizá por eso mi intensidad siempre está ahí, porque cada vez se corta más el puente, pero en Nueva York tampoco es tan seguro, entonces hay a buscar por dónde seguir, igual nunca aparece pero mantenerse ahí ya está bien. Otra cosa que pensé hace poco es no está mal morirse intentando, como quiera gana uno, cuando uno ve la vida de esa manera, va a salir ganando de todos modos, no sales ganando si te quitas, pero si te mantienes dices bueno, lo peor que me puede pasar es que muera intentándolo, y eso no está tan mal.

Y eso ha sido así desde siempre porque cuando estaba en Mayagüez, la única persona que quería estudiar música en una escuela superior era yo, el único que se mudó a San Juan para estudiar, fui yo. Tú puedes decir qué chévere que esta persona esté encaminada pero dentro del individuo eso conlleva muchos cambios, muchos desapegos porque estás dejando lo tuyo cada vez más atrás, hay personas que yo conozco de San Juan, la capital de Puerto Rico, que trabajan juntos hoy en día y se conocen desde la escuela elemental, han vivido ahí toda su vida, o sea, no tienen ese desapego, yo creo que en mi caso, para encontrarme en este momento, desde que era pequeño he tenido que que enfrentarme con eso, pero es así.

Afrobeat Collective

Hace unos años formé un grupo que se llama Afrobeat Collective, vi cómo Fela Kuti usa todos estos elementos en una misma tarima y esos elementos son con los que yo crecí en Puerto Rico, Fela usaba el yoruba, Chano Pozo, Charlie Parker, la influencia inglesa y la cuestión política, yo tengo la bomba y la plena y crecí tocando salsa, no era Chano Pozo pero era Issac Delgado, el Gran Combo o la [Sonora] Ponceña, Charlie estuvo en mi formación cuando tocaba con los jazzistas de Puerto Rico, empecé tocando rock y tengo un mensaje, aunque no considero que necesariamente es político, es decir, no hablo del gobierno y esas cosas pero sí es un mensaje claro y presente siempre el que yo quiero transmitir: yo creo que no importa la música que hagas, siempre puedes salirte de lo mediocre y hacer lo mejor que puedas, ese es mi mensaje.

Cuando fui a Puerto Rico y me senté a tocar con todos los grupos, en un momento dejó de ser divertido porque la gente decía ya viene este otra vez, cuando vi eso dije todos los grupos en los que he tocado pueden unirse en uno, entonces adapté mi música con la percusión puertorriqueña y conseguí músicos de jazz que podían improvisar, así hice el primer disco, se llama Roots Before Branches.

Villa Locura

El segundo disco no ha salido pero ya es mucho más definido el sonido y le cambié el nombre al grupo, ahora se llama Villa Locura porque para mí, lo que estaba haciendo es totalmente afrobeat pero por alguna razón la gente tiende a querer ponerle un sello a las cosas y convertirlas en un patrón, entonces, si no sonaba como Tony Allen, no era afrobeat, decían esto es otra cosa, no se sabe si es jazz o qué es.

Lo mismo le pasó al zongo, era una forma de tocar pero la gente empezó a decir el zongo es esto y si no suena así, no es zongo, pero no es así, el zongo es una manera de tocar. Por eso le cambié el nombre, le puse Villa Locura, que es el barrio donde crecí en el oeste de Puerto Rico.

Las raíces y las ramas

Yo siempre trato de decirle a los músicos latinoamericanos que hay que funcionar como equipo y como cultura porque todas las culturas en el mundo, especialmente si hablamos del jazz, se ayudan entre sí, eso está bien pero tú dices ¿y cuáles son los míos? y te das cuenta de que estamos en un limbo con eso, esa es la verdad. Hay que ver cómo nos unificamos un poco más porque sé que al final, lo he comprobado, en el punto que se considera el top, todo mundo tiene talento, todo mundo es bueno, todo mundo tiene una preparación, pero hay una línea bien pequeña que considera el éxito de uno más arriba de otro y tiene que ver con tu grupo, con tu gente. Esa línea es bien fina y ahí fue cuando me di cuenta de que la cultura latina todavía no tiene tan claro eso de la unidad.

El músico latinoamericano debe verse como eso y todavía no se ve en el mundo mainstream no sé por qué, no sé cómo va a surgir eso pero sí, yo me doy cuenta de que debemos desarrollar una marca de lo que es el músico latinoamericano, Cuba lo logró y cuando en el Carnegie Hall dicen vamos a hacer una serie de latin jazz, automáticamente en el subconsciente está lo cubano, eso es muy romántico y muy bonito y todo esto pero para mí es muy delicado porque significa que los demás no vamos a tener trabajo o el trabajo tengamos va a ser encaminado a eso, pero ¿cuándo van a hacer una noche de  con grupos de Puerto Rico, de Argentina, de México, de Chile que son también latinos?,  eso todavía no ha pasado, por eso hay que luchar mucho, consistentemente, para que no todas las noches latinas del Carnegie Hall sean Habana Night, no le quito valor al Habana Night pero hay otras cosas y necesitamos desarrollar nuestra marca porque hay mucho talento en Latinoamérica pero la gente no lo conoce.

En mi opinión, el avance más grande de la música latin jazz siempre ha venido de puertorriqueños: Danilo Pérez con Papo Vázquez, Charlie Sepúlveda, David Sánchez, Jerry González, Andy González, esos músicos empezaron a mezclar muchas cosas aunque no era el jazz latino como se toca hoy en día. 

Por ejemplo, Juan Tizol compuso Caravan pero no tiene el reconocimiento que tiene Chano Pozo con Manteca. Si hiciéramos la comparación de Caravan con Manteca, entonces Juan Tizol sería un ídolo grande porque la aportación es casi la misma, incluso más porque Juan Tizol arreglaba para big band. Yo he visto cosas así varias veces y quiero empujar para que esas cosas no pasen desapercibidas y tratar de hacerlo mejor para que se recalque la importancia de lo nuestro.

La herramienta en el cinturón

La primera vez que viajé de Puerto Rico, a cualquier lugar, a hacer música fue a Xalapa, vine al Festival Afrocaribeño de 1999 con un grupo de Puerto Rico que se llama The Soul Rebels. Yo no sabía dónde quedaba Xalapa porque no me ubicaba, en mi casa todavía guardo fotos de eso, un día se las enseñé a unas personas de acá y me dijeron ese concierto fue en la Casa del Lago, donde vas a hacer tu master class, así que voy a volver al lugar al que llegué cuando salí por primera vez de Puerto Rico para hacer música hace 18 años, qué increíble.

El futuro de la música de México es buenísimo, no todo mundo tiene que acabar tocando jazz, eso es imposible, pero si usan el jazz como herramienta y después se van a tocar al Vive Latino, en 10 años va a ser un festival casi de jazz porque todos estos músicos van a subir el nivel del rock, el folclor mexicano o lo que sea y va a haber mejores discos, y como hay tantos músicos buenos, es inminente que eso va a suceder, por eso digo wow, esta manda de músicos con tanta hambre va a aportar muchas cosas, que todavía ni ellos saben, a la música popular, porque el jazz se convierte en una herramienta que traes en tu cinturón, eso es lo que es.

 

 

 

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