Los niños perdidos de Donna Tartt


Por Concha Moreno

Por ahí anda rolando en cines todavía –a pesar de los Jokers y la pecas adolescente– una película llamada El jilguero. La cinta no está nada mal, pero lo que de veritas importa aquí es un libro: aquel en el que se basó la película.

Donna Tartt. Quizá el nombre no les suene. Aquí está la cuestión: es una enorme escritora pero publica muy poco: apenas tres novelas en 20 años.

Ah, pero qué novelas.

Miren, les diré esto: si el Diablo existe, vive en el sur de Estados Unidos. Con mirada diabólica escribe Tartt, sureña de cepa pura. Una Dickens cuyo Oliver es un niño bien de Misisipi.

Donna Tartt. Foto: Goodreads

O de Alabama. O, inclusive y ¿por qué no,? de Las Vegas, el lugar al que nadie pertenece– excepto Elvis Presley y Frank Sinatra.

Pero me desvío. Les hablaba de El jilguero. No sé si quieran ir a ver la movie, pero les digo que la vuelta vale la pena. Y más si al salir se van corriendo por la novela de Tartt, un tabique que los mantendrá entretenidos por semanas.

Donna Tartt tiene una obsesión con los personajes jóvenes, niños perdidos y desgraciados. En su novela debut, La historia secreta, un grupo de universitarios snob cometen un acto inconfesable al calor de una bacanal en sentido estricto.

En su segunda novela, The Little Friend, las acciones las dispara una muerte: la de un chuquillo de 9 años que aparece colgado de la rama más firme del árbol de su casa. Ah, Tartt, sí que eres sórdida.

The Goldfinch o El jilguero es la historia de un niño que lo pierde todo en el Met de Nueva York: a su madre, ni más ni menos, él, hijo único de un divorcio terrible. Un atentado terrorista borra de un plumazo su historia, su arraigo, en fin: su corazón.

¿Recuperará todo eso? De eso va la trama. Entre el polvo de antigüedades y la mafia rusa, nuestro héroe, ya un hombre, quizá se redima. O quizá no. Donna Tartt no es de redenciones fáciles a lo Hollywood.

Por cierto, y ya para acabar que quiero ponerme a leer la nueva novela de Philip Pullman (reseña próximamente), Donna Tartt es una de las mejores amigas de Brett Easton Ellis, así que cierta correspondencia puede leerse entre líneas, como si de repente uno agarrara el bajo y el otro cantara.

Me llamo Concha. Nos vemos en el siguiente libro.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s