Leo, escucho a Valeria Luiselli


Por Irma Gallo

Desierto sonoro, la novela más reciente de Valeria Luiselli, me acompaña desde hace varios días. Días nublados, días extraños en que decidí salirme de un trabajo que ya no me hacía feliz y me aventuré (como los cuatro personajes de Luiselli: la pareja de padres y sus dos hijos, biológicos y adoptivos, según de quién estemos hablando) a un viaje que en ese momento no sabía cómo iba a progresar.

Leo, escucho, la novela de Luiselli, como si yo misma estuviera en la carretera, en el camino.

Los personajes de Valeria, un matrimonio en crisis, coleccionan, experimentan, trabajan con los sonidos. Él quiere hacer una investigación sobre los Apaches; ella, un reportaje sonoro sobre los menores indocumentados que llegan solos a la frontera, sin un adulto que los acompañe.

Conforme avanzan en el viaje, de Nueva York a Arizona, Luiselli puebla de sonidos el espacio limitado del coche familiar y las habitaciones de los hoteles en los que hacen paradas, los delis, y la inmensidad de los Apalaches.

Los dos coleccionistas de sonidos ya no tienen casi nada que decirse uno al otro. El silencio (de las palabras, porque si una cosa “prueba” esta novela es que no existe tal cosa como el silencio en este mundo) se vuelve sólido entre la narradora y su esposo, mientras los niños (él, hijo biológico del hombre; ella, hija biológica de la mujer) continúan componiendo la sinfonía de sus infancias: risas, llantos, pedos, gritos, bostezos, ronquidos, dientes masticando, manotazos juguetones. Ese universo sonoro que se construye, sin querer, como una resistencia al muro que está creciendo entre los dos personajes de los asientos delanteros. Un muro como el que los menores indocumentados intentar franquear para escapar de la violencia y el hambre.

Ya había leído Los niños perdidos (Sexto Piso, 2016), un libro de ensayo que, estoy segura, fue el ensayo para esta novela, pues ahí Valeria Luiselli reproduce las respuestas de los niños migrantes indocumentados en sus procesos migratorios, durante el tiempo en que trabajó como traductora de la Corte Federal de Inmigración de Nueva York.

Valeria Luiselli
© Fourandsixty [CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)%5D

Son esos menores de Los niños perdidos los que la protagonista de Desierto sonoro quiere escuchar y grabar. Sin embargo, una pregunta le ronda constantemente: ¿es ético realizar un producto periodístico con el dolor de otros?, ¿sirve (servirá) de algo?, ¿o es nada más un pretexto para compartir el viaje (quizá el último como familia) con su esposo y sus hijos?

Leo, escucho Desierto sonoro, de Valeria Luiselli. Todavía no termino la novela. Y como su protagonista, todavía no sé a dónde me llevará este camino.

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