Una libación por los dioses que llevamos a cuestas


Por Concha Moreno

Las carreteras tienen algo de sueño, algo de trauma. Viajar por tierra saca a flote las verdadera personalidad de los viajantes: o son berrinchudos y se frustan con facilidad o se dejan llevar por la aventura.

Cruzar los Estados Unidos en auto es una obsesión de la gente de aquel país. Panorama hace destino– no es lo mismo ser de Nueva York que de Nuevo México; cada estado con su paisaje moldea a las personas que viven en él–, sobre todo en un país tan grande con carreteras que lo cruzan como las arrugas rayan la piel de Odín.

Neil Gaiman entendió eso y creó una novela magnífica que es un road trip lleno de peripecias y acaba siendo una épica. Dioses americanos es el gran opus de Gaiman, maestro de la fantasía. En la novela, Odín llega a Estados Unidos para juntar a todos los dioses para una batalla apoteósica con los nuevos dioses (la ambición, la tecnología, el sexo). Es una lucha por el alma estadounidense.

Lo más interesante de Dioses americanos es su teoría de que cargamos a la espalda con los dioses de nuestros ancestros, no importa a dónde vayamos o si los seguimos adorando. Estados Unidos, tierra de inmigrantes, está plagada de dioses olvidados pero siempre vivos que se reúnen en sitios especiales. ¿Cuáles son estos sitios? Esas atracciones que hay a la orilla del camino: museos del horror, miniparques de diversiones, colecciones de figuras de cera, en fin, ya me entienden. Para Gaiman, nada más estadounidense que esas maravillitas. Lugares de hechizo, Odín se reúne en ellos con sus pares para hacer planes bélicos.

Algo muy divertido de la novela de Gaiman es que los sitios estos realmente existen, así que el libro sirve como guía de turistas de lo grotesco.

Gaiman en un autor en plenitud. Británico de nacimiento, vive en Estados Unidos desde hace tiempo y es impresionante la flexibilidad de su escritura. Puede escribir novelas para adultos como Dioses americanos-– que, por cierto, la pueden ver en versión televisiva en Amazon Prime. ¡Pero lean el libro!–, y cuentos para niños pequeños como el hilarante Fortunately The Milk. También es autor de cómics como la serie ya legendaria Sandman, sobre el dios Morfeo insertado en un contexto contemporáneo, o de poesía y ensayos sobre sus opiniones éticas y políticas que están recogidos en el magnífico The View From The Cheap Seats, o en su blog http://www.neilgaiman.com

Todas las obras de Gaiman tienen algo de sórdido. En Dioses americanos hay violencia y sexo (a veces simultáneos); en El libro del cementerio, un libro para niños, la acción la detona el asesinato de una familia; en El mar al final de la calle (mi obra favorita de Gaiman), un espíritu maligno quiere que el protagonista acabe con sus seres queridos.

La próxima vez que miren sobre su hombro pregúntense qué dios los está acompañando. Hagan una ofrenda. Una libación. Nadie conoce mejor nuestra historia que las deidades que luchan por nuestra alma.

Soy Concha. Nos vemos en el próximo libro.

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