Entre hallarse y no hallarse: Ya no estoy aquí


Por Concha Moreno

Existe en Monterrey un movimiento de resistencia contra la música de banda y el rock. Se llama Kolombia y es un manifiesto de amor por la cu-cu-cumbia.

¿Recuerdan a El Gran Silencio? Esa banda dio el do de pecho sobre la cumbia regia. Bailar de gavilán al chúntaro style, un grito de libertad. El enorme Celso Piña con su acordeón vallenato también abrevó de ese aguamiel. La cumbia como resistencia de los barrios suburbanos y populares.

El movimiento Kolombia es invocado por el director Fernando Frías en Ya no estoy aquí, la cinta que ganó la última edición del Festival Internacional de Cine de Morelia. Y, cosa rara, merece ese y todos los honores. En raras veces el cine de festival es digerible. Ya no estoy aquí no solo es eso, es todo un festín, un cuento bien narrado.

Fotograma de la película

Ulises (Juan Daniel García Treviño, nombre más regiomontano no se puede) vive en una colonia de las afueras de Monterrey, un laberinto de cemento y violencia. Pertenece a una pandilla, los “Terkos”, que, entre otras cosas, bailan cumbia y les bajan sus centavos a los estudiantes de la secundaria local. Todos unos malandros de juguete.

Ese paraíso, esa Ítaca, se rompe cuando Ulises y sus compas dan un paso en falso y se meten en problemas con otra pandilla. Para salvarle la vida, su madre lo envía a Nueva York. Allá Ulises no se halla, no se halla para nada. Ni siquiera puede oír su amada cumbia en paz.

Una estación de Monterrey funciona como una suerte de coro que va acompañando la odisea de Ulises. A modo de leitmotif, la guerra contra el narco promovida por Felipe Calderón va sembrando el destino de los Terkos; destinos de los que Ulises se entera cuando le alcanza el dinero para entrar a cybercafé para ver sus redes sociales.

Mucho se ha destacado la habilidad del director y guionista Frías para contar la historia en modo de documental. Más que las imágenes o lo bien actuada que está (los actores no son profesionales y de todos modos hacen un buen trabajo), es de aplaudirse el rescate que hace de un modo de hablar, de moverse y de hallarse aun en las circunstancias más difíciles.

Ya no estoy aquí se puede ver en Netflix y es una de las mejores películas de la plataforma. No se la pierdan.

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