La crónica es un espejo para entenderte a ti mismo: Salcedo Ramos


El cronista colombiano habló sobre crónica, literatura y ficción en el marco de la Escuela de Verano de Cultura UANL

Por Irma Gallo (Foto de portada: Fundación Gabo)

Nacido en Barranquilla en 1963, Alberto Salcedo Ramos es autor de más de 15 libros; ha publicado sus crónicas en medios como El Malpensante, Etiqueta Negra, Gatopardo y The New York Times en español, entre otros. Ha recibido reconocimientos como el Premio a la Excelencia de la Sociedad Interamericana de Prensa (dos veces), el Premio Ortega y Gasset de Periodismo, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (en seis ocasiones) y el Premio Internacional de Periodismo Rey de España. En pocas palabras, sabe de lo que habla cuando habla de crónica.

“El periodismo es un oficio necesario para las sociedades, en el sentido de que lo utilizan como una herramienta para entenderse a sí mismas”, dijo. “La literatura también tiene una función muy importante. La crónica, que es lo que más me ha interesado cultivar, se nutre de ambas: es periodismo porque utiliza las herramientas de la investigación etnográfica y literatura porque aspira a estar escrita con belleza estética”.

Alberto Salcedo Ramos en la charla con Francisco Zúñiga

La crónica es un género de autor, en el que cuenta mucho el estilo, la forma en que se dicen las cosas.

En la charla, que fue más bien una clase magistral, el autor de Los ángeles de Lupe Pintor (Almadía, 2015), explicó las diferencias que existen entre la crónica y otros géneros periodísticos:

“Normalmente los cronistas abordan la realidad que ya ha sido abordada en la nota, por ejemplo. Entonces la gente no espera los mismos datos sino una proyección: mirar las posibles consecuencias, un retrato de las personas que intervinieron en el hecho informativo”.

Foto: salcedoramos.com

“La crónica”, añadió Salcedo Ramos, “es un espejo para entenderte a ti mismo; convierte la información en relato de modo que el lector lo sienta más cercano y entienda lo que le estás contando, y que él pudo haber sido una de las personas de las que le estás hablando”.

El periodista fue tajante cuando le preguntaron acerca de los límites entre la literatura y el periodismo:

No hay dicotomía entre periodismo y literatura; sí entre periodismo y ficción.

Explicó que la crónica también es literatura, pero literatura de no ficción. “La literatura no es patrimonio de los novelistas o de los cuentistas. Entonces, la literatura no riñe con el periodismo, lo que riñe con el periodismo es la ficción: adulterar la verdad”.

Foto: Cortesía UANL

Pero antes que nada, la crónica es periodismo, y por ello, hay que investigar a fondo, consultar todas las fuentes y responder las interrogantes que plantea la historia: “Si hay un incendio, no me sirve la metáfora de las lenguas de fuego si no sé cuántas hectáreas de bosque se quemaron”, dijo. “Un cronista debe aportar una mirada nueva en relación a la realidad a la que se está aproximando”.

Con respecto a los géneros periodísticos, de La Libreta de Irma le preguntamos qué opina del periodismo infrarrealista de Diego Osorno:

“A mí Diego Osorno me parece un gran periodista, no hay la menor duda, es un gran reportero. Un colega que tiene un gran compromiso con su ambición, con su sueño. Cualquiera tiene un sueño pero no cualquiera lo convierte en un compromiso y no cualquiera lo honra día a día creando nuevos proyectos. Es un tipo que tiene una gran capacidad de generar proyectos; él no va al vaivén que le marcan los medios de comunicación, si no a lo que le determinan sus ambiciones profesionales. A mí me gusta la gente así, la gente que tiene capacidad de proponer en vez de estar sentado esperando que le hablen de un medio. Ese es un modelo que ya no tiene razón de ser en el mundo de hoy”.

El autor de La eterna parranda (Aguilar, 2011) también fue cuestionado con respecto al oficio del periodismo. Dijo que hay una frase que los reporteros solemos repetir, que “nos metemos en los zapatos de los demás”, y sin cortapisas afirmó que “no es más que un alarde porque sinceramente lo que uno debe de hacer es entender al otro aunque no esté en sus zapatos. Es como decir: “sólo soy capaz de compadecer al moribundo si alguna vez estoy moribundo”. Creo que hay que desarrollar herramientas para dialogar con el otro, para incluir su voz aunque no sintamos en carne propia su dolor”.

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